Al pie de la Letra

¿Recordar u olvidar?

El régimen franquista generó toda una simbología para homenajear a los caídos por Dios y por España.

Es común ver por toda España monumentos, estatuas, placas y otras muestras de esta devoción a la guerra y el régimen que de ella resultó.

La respuesta para intentar cerrar las heridas de la guerra y del franquismo fue la ley de memoria histórica. Esta ley busca por una parte dar satisfacción a las víctimas revelando e investigando lo que en realidad sucedió con sus seres queridos. Por otra parte busca eliminar la exaltación del franquismo eliminando los monumentos que perduran hasta nuestros días.

No es ajena la destrucción de los símbolos de identidad de los vencidos. Incluso a la caída del bloque soviético fue imagen frecuente en los noticieros ver a la población destruyendo estatuas y monumentos.

Dispone la ley que se hará un catálogo de monumentos del franquismo. Luego viene la demolición. El problema surge en aquellos monumentos que no tienen una identificación plena con el franquismo o con aquellos que han superado esta connotación para convertirse en el símbolo de una comunidad o hasta en un atractivo turístico.

Difícil tarea la que tienen las autoridades españolas en este rubro. Mientras una parte de la población impulsa catalogar ciertos monumentos como la cruz y el cristo incorporados a la iglesia medieval de la Guardiola, en Sant Carles de la Rápita, en Cataluña.

A este debate que apenas surge a la aparición pública hay que añadir que el Ombudsman defensor del pueblo Catalán (Síndicde Greuges) inició una investigación contra dos ayuntamientos por mantener monumentos franquistas.

A juicio del Ombudsman Catalán en estos municipios se mantiene monumentos que exaltan al franquismo, concretamente la batalla de Ebro.

Pocos temas pueden ser tan sensibles para un pueblo como el recuerdo o el olvido de un pasado común, especialmente si se trata de una sangrienta guerra civil.

Pocos temas pueden llevar tan al límite la interpretación de los derechos. Confluye la religión con la verdad, con la historia, y con las pasiones de una nación.

Los españoles optaron por abrir viejas heridas para sanarlas.

Renán recomienda lo contrario, mucho olvido y un futuro en común. Hoy el proceso de independencia Catalán muestra que muchos no se ven en ese futuro común.