Al pie de la Letra

Desaparición forzada, un trabajo incansable

La violencia azotó a México como una inmensa marejada, el 2006 queda marcado sin duda al declararse una guerra, y una guerra se hizo.

Vemos que las aguas de esta inundación empiezan a descender y bajo el manto del desbordamiento surgen miles de historias aterrorizantes, las de miles de familias que perdieron un ser querido y las de otras familias que tienen a un integrante desaparecido.

Podemos afirmar que al inicio de la guerra las autoridades y las instituciones mexicanas no estaban en condiciones de evitar e incluso de repeler las agresiones de los delincuentes, pero fuera de la calle, en las oficinas gubernamentales las instituciones de procuración de justicia tampoco estaban listas para recibir denuncias, investigar la desaparición y buscar a la persona desaparecida.

A lo largo de estos años los familiares de las personas desaparecidas son quienes han remado contra la corriente del olvido, han logrado evitar que los casos de sus familiares se pierdan en un expediente olvidado de alguna agencia del Ministerio Público. Su lucha ha permitido visibilizar esta inmensa tragedia.

Casos excepcionales de investigaciones, búsquedas y procuradurías han logrado estar a la altura del reto pero no es bajo ningún concepto de una situación generalizada.

En esta lucha los familiares han impulsado a la autoridad para que cambien procedimientos, para que modifique su actitud, para que legisle, para que estén en condiciones de cumplir con sus obligaciones. El avance requiere más que voluntad política aislada, por lo que es impostergable contar con una legislación nacional homogénea que permita atender esta problemática como lo que es, una grave y multidimensional violación a los derechos humanos.

Actualmente se discute sobre cinco iniciativas de ley en el Senado de la República, todas ellas muy valiosas y coincidentes en los principales temas, queda la urgencia de alcanzar acuerdos y contar con una ley que oriente a un trabajo de todos los mexicanos hacia el fin de resolver los problemas de los desaparecidos y sus familias. Esta ley deberá promover una búsqueda permanente en vida, una investigación exhaustiva a fin de conocer la verdad de lo sucedido y un castigo ejemplar de aquellas personas responsables de las desapariciones, autoridades o particulares.

Este lunes se realizó en Saltillo el último de tres foros para consultar a los familiares de personas desaparecidas; los temas ahí tratados sin duda darán luz al debate en el Congreso de la Unión, pero principalmente permiten la necesaria sensibilización de todos los que participaremos en la aprobación de estas leyes. Considero un acierto haber incluido a las familias de las víctimas en esta discusión, no haberlo hecho hubiera sido un error imperdonable. Además de lo ya señalado esta ley deberá contemplar aquellas buenas prácticas que ya se han instrumentado en las entidades federativas.

La desaparición no es solo un delito, es una de las peores formas de atentar contra la humanidad y la zozobra de los familiares.

El diálogo es ahora el instrumentopor el que se comunican las familias de los desaparecidos y las autoridades, ha sido la apertura para luchar por un mismo fin, encontrar soluciones y respuestas.