De política y cosas peores

De política y cosas peores

Los hombres de la antigüedad pensaban que cuando los dioses querían perder a alguien le daban todo lo que les pedía. El cuento que en seguida voy a relatar, perteneciente a nuestro tiempo, ilustra esa creencia. Un individuo entró en un bar. Aquello no habría llamado la atención del cantinero de no ser porque el sujeto iba acompañado por un avestruz. Se sentó el sujeto en un banco de la barra, y el avestruz ocupó otro a su lado. "Me da un tequila -pidió el recién llegado- y le sirve otro a mi amigo". Atendió la orden el del bar. Hombre y avestruz bebieron su tequila, y luego el tipo le dijo al tabernero: "Me da la cuenta por favor". Le dijo él: "Son 95 pesos con 80 centavos, incluido el impuesto". El hombre metió la mano en el bolsillo y sacó la cantidad exacta: 95 pesos con 80 centavos. El día siguiente, a la misma hora, regresó el sujeto al bar, seguido igualmente por el avestruz. Ordenó en la barra: "Sírvame por favor un whisky, y dele otro a mi amigo". El cantinero sirvió las bebidas. Cuando las terminaron pidió el tipo: "Dígame cuánto es". "Son 140 pesos con 35 centavos, impuesto incluido". El cliente echó mano al bolsillo y sacó exactamente la cantidad citada: 140 pesos con 35 centavos. Lo mismo sucedió al siguiente día: llegó el hombre con el avestruz; pidió las bebidas de ambos -ahora cervezas-, las bebieron los dos, y luego el sujeto preguntó: "¿Cuánto debo?". "70 pesos con 90 centavos, incluido el impuesto". Igual que las veces anteriores el tipo se sacó del bolsillo 70 pesos con 90 centavos, la cantidad exacta. El del bar ya no se pudo contener. Le dijo al cliente: "Perdone la indiscreción, señor. No puedo menos que decirle que dos cosas acerca de usted me han llamado profundamente la atención. La primera, que viene usted con un avestruz. La segunda, que siempre se saca usted del bolsillo la cantidad exacta del consumo, aun sin conocerla. ¿Por qué lo de esa ave, y cómo hace usted para sacar exactamente la suma que necesita para pagar sus copas?". Respondió el hombre: "Le explicaré primero lo de la cantidad exacta, y luego lo del avestruz. Mire usted. Un día caminaba yo por la playa, y las olas depositaron a mis pies una lámpara de forma extraña. La froté para limpiarla, y de la lámpara salió un genio del oriente. Me dijo: "Gracias, amo. Me has liberado de mi prisión eterna. Pídeme dos deseos, y te los concederé". Le respondí: "¿Dos deseos? ¿Qué no son tres?". Me dijo: "Antes eran tres, en efecto, pero con la crisis nos hemos visto en la necesidad de reducirlos, y ahora son solamente dos. Pide el primero". Le dije: "Quiero que cuando vaya yo a comprar algo me pongas en el bolsillo la cantidad exacta que necesito para pagar". El genio me obsequió ese deseo, y ahora cuando compro algo, cualquier cosa, desde un pañuelo hasta un yate de lujo o un jet, una villa en la Toscana, un chalet en París, un departamento en Nueva York o una casa en Saltillo, siempre encuentro en mi bolsillo la cantidad exacta para pagar la cosa". El cantinero exclamó lleno de admiración: "¡Qué inteligente fue usted, señor! Otros, en circunstancias semejantes a la suya, piden millones sin pensar que se los pueden acabar. Usted en cambio le pidió al genio tener siempre en el bolsillo la suma que necesita para pagar sus compras. De ese modo el dinero nunca se le acabará. Pero ahora dígame, si no es un gran secreto: ¿y lo del avestruz?". "Me apenará contarle lo que sigue -respondió el individuo-. Sucede, aquí en confianza, que yo fui pobremente dotado por la naturaleza en la parte correspondiente a la entrepierna. Eso me apenaba mucho, pues en los baños del club mis amigos me hacían objeto de inmisericordes burlas -lo que ahora se llama bullying- por la menguada medida de mi parte varonil. Eso, sin embargo, era nada comparado con las vergüenzas que pasaba en mi trato con las damas. Me preguntaban siempre: '¿Ya estás ahí?', aunque ya estaba ahí desde hacía rato. Algunas, después de verme, me decían: 'Mejor vamos a ver qué hay en la tele'. Cuando el genio que le digo se me apareció, y luego de haberle planteado mi primer deseo, le pedí el segundo. Le dije: 'Quiero tener un pájaro bien grande'. Ésa es la historia. Y ahora sírvame un tequila doble, y dele otro al avestruz"... FIN.

 

MIRADOR.

Historias de la creación del mundo.

El Señor hizo a los canguros.

Los hizo, como a todas las criaturas, macho y hembra.

A la hembra le puso una bolsa para que ahí pusiera a sus crías y las llevara en los primeros tiempos de su vida.

Todo iba muy bien. Pero llegaron los días otoñales, con sus fríos que anuncian los del invierno, con su niebla y sus lloviznas.

Entonces los canguros hembras fueron con el Creador y le dijeron:

-Señor: o quitas el otoño y el invierno o nos quitas esta bolsa.

El Señor, desconcertado, les preguntó:

-¿Por qué?

Le contestaron ellas con enojo:

-¿Sabes lo que es que en los días malos los niños se queden a jugar en la casa?

¡Hasta mañana!...

 

MANGANITAS.

"... Manifestaciones en el DF...".

Va a pasar, a mi entender,

que los de la Capital,

cuando ya no haya ese mal,

no van a saber qué hacer.