De política y cosas peores

De política y cosas peores

Un 5 por ciento de los hombres prefiere muslos gruesos en la mujer. Otro 5 por ciento prefiere muslos delgados. El 90 por ciento restante prefiere más bien algo intermedio. Relató Don Chinguetas: "Era yo joven cuando mis amigos me llevaron a ver una película porno". Quiso saber alguien: "¿Ya eras mayor de edad?". Contestó don Chinguetas: "Cuando entré no, pero cuando salí sí". Capronio le anunció a su esposa: "Me propongo usar bigote". Preguntó la señora: "¿Cómo el de mi papá?". "No tan grande -respondió el ruin sujeto-. Un poco más pequeño, como el de tu mamá". Allá por 1975 hubo una fiesta en la embajada de México en Cuba. Asistió a la reunión la crema de la intelectualidad mexicana. Castro estaba de moda, y en todas partes la crema de las intelectualidades es atraída por las modas. Un pequeño grupo de módicas celebridades se apropió del Comandante y lo arrinconó en un rincón, que es el mejor sitio para arrinconar a alguien. Ahí empezaron a tratar con él arduas cuestiones de política y economía. Aparte se mantuvieron algunos de los invitados. Entre ellos estaban Juan Rulfo y José Revueltas, uno con su traza de oficinista tímido, el otro con su aspecto de hippie ya mayor. "¡Qué pedantes!" -comentó Rulfo refiriéndose a quienes hablaban con Fidel en tono campanudo. Revueltas nada dijo. De regreso al hotel -curiosamente llamado Habana Libre- Jaime García Terrés, otro de los que habían permanecido discretamente al margen, le preguntó a Revueltas: "¿Por qué estuviste tan callado, Pepe?". Contestó el autor de El luto humano: "¿Y qué querías que hiciera? Si me pongo a discutirle a Castro cualquier cosa seguramente él me habría respondido: 'Es que las relaciones de producción.'. Y a mí las relaciones de producción me importan una chingada. A mí me importan las relaciones humanas". Tenía razón el duranguense. El peor error que cualquier político puede cometer es fincar su acción en teorías y perder el contacto con la gente. Las abstracciones están bien para que con ellas hagan juegos malabares los teólogos o los filósofos, pero el primer deber de alguien que se dedica a la política es procurar el bien común, servir a la persona humana, y eso no se consigue si quien gobierna o representa al pueblo -imposible dejar de usar esa palabra tan manida- se aleja de él o lo mira con indiferencia. No es que el político deba darse "baños de pueblo". Eso es pedantería y torpe discriminación. Es que debe ser parte del pueblo. En nuestro país lo primero que muchos políticos hacen cuando las circunstancias los encumbran es apartarse de la gente común para vivir con sus congéneres en una cómoda burbuja burocrática. Caen entonces en un onanismo colectivo, si me es permitida esa expresión quizá demasiado expresiva. Deberían acordarse de cuando fueron gente. Y nosotros -la gente- deberíamos recordárselo siempre. Esa es tarea de ciudadanos. Y ¿cuál es la tuya, columnista? Ciertamente no es calzar el coturno de la solemnidad y declamar insulsas peroratas que suenan a bordoneo de mosca. La tuya -tu tarea, no tu mosca- es la tarea del juglar. ¿Te has olvidado acaso de ella? Narra en seguida algunas gracejadas que aligeren el peso de tus lucubraciones y luego haz mutis, ya sea por la izquierda, por la derecha o por el fondo, pero haz mutis. El cliente del adivinador advirtió que la bola de cristal que usaba el hombre tenía dos agujeros. Le preguntó por qué. Explicó el vidente: "Cuando el negocio de la adivinación se pone mal doy clases de boliche". Una odalisca del harén le dijo a otra: "Me toca el sábado". Respondió su compañera: "No cuentes con eso. El sultán va retrasado". Don Languidio, senescente caballero, comentó: "Dos veces al año siento el deseo sexual. Y por extraña coincidencia a mi esposa le duele la cabeza dos veces al año". "Mis padres nunca me quisieron -contó Picio-. Hicieron forrar en bronce mis zapatitos de bebé". Alguien le dijo: "Eso es una muestra de cariño". "No en mi caso -respondió Picio con tristeza-. Los tenía puestos". Solicia Sinpitier, madura señorita soltera, le dijo al joven y guapo científico: "Me propongo donar mi cuerpo a la ciencia. ¿Podría usted tomarlo desde ahora?". FIN.

 

MIRADOR

A San Virila los milagros se le salen igual que moneditas de oro que se le cayeran del bolsillo.

A su paso dio rosas el rosal que estaba ya marchito, y volvió a manar agua la fuente que se había secado.

Antes el padre superior solía reprenderlo. No debía hacer tantos milagros, le decía. Bien pronto, sin embargo, se dio cuenta de que hacer milagros era para San Virila lo mismo que respirar. Entonces ya no lo reprendió: meneaba sólo la cabeza cuando el frailecito hacía otro milagro.

Cierto día el padre portero llegó corriendo a avisarle al superior que el obispo estaba por llegar al convento con toda su comitiva. En la cocina había sólo unos cuantos panes y unos pocos peces. No alcanzaría para todos. San Virila movió la mano, y en el camino una rueda del carro en que venía Su Excelencia se rompió. Entonces hubo tiempo para ir al pueblo a comprar suficiente comida para los invitados.

Después el padre superior le preguntó a Virila por qué no había multiplicado simplemente los panes y los peces. Respondió él con una sonrisa:

-Procuro siempre hacer milagros originales.

¡Hasta mañana!...

 

MANGANITAS

". Pocas esperanzas para México en la Copa del Mundo.".

Alguien dice que el Mundial

va a ser una decepción;

que reflejará el balón

la situación nacional.