De política y cosas peores

De política y cosas peores

El psiquiatra le dijo a Facilda Lasestas: "Sufre usted ninfomanía". "¡Oh no, doctor! -exclamó ella-. ¡No la sufro! ¡La disfruto enormemente!". (Pepito rezaba: "Diosito: si no puedes hacer de mí un buen niño no te preocupes: así como soy vivo feliz"). El padre Arsilio anunció la venta de caridad en su iglesia: "Señoras: aprovechen la oportunidad de deshacerse de todos los artículos viejos e inservibles que les estorban en la casa. Traigan a sus maridos". Escribió una niñita en su tarea escolar: "Al hecho de tener varias esposas se le llama poligamia. Tener una sola esposa recibe el nombre de monotonía". Aquel señor vio a su hijo adolescente, un punk con los pelos pintados de colores, aretes en la nariz y en las orejas, tatuajes por todos lados y ropa estrafalaria. Suspiró el infeliz progenitor: "Dios del cielo: ¿así me castigas por haber tenido un instante de placer sexual hace 15 años?". Los científicos afirman que no hay vida inteligente en otros planetas. Yo, la verdad, a veces dudo de que la haya en éste. Los líderes de los grupos de autodefensa en Michoacán son en alguna forma los nuevos subcomandantes Marcos. En torno de ellos, como en su tiempo alrededor del ya casi olvidado dirigente, se han congregado clérigos que no parecen advertir la distancia que hay entre las armas y el espíritu original del cristianismo. Igual que sucedió con el histrión del caballito, la pipa y el pasamontañas, estos hombres armados harán más mal que bien y terminarán por diluirse, pues también ellos son botargas. Mientras tanto, sin embargo, satisfarán sus egos y propiciarán el lucimiento de quienes los apoyan para apoyarse a sí mismos. No deben ya existir los tales grupos. La autoridad está haciendo su trabajo en Michoacán, y ha conseguido triunfos importantes en la lucha contra la delincuencia. Aún falta mucha labor por realizar, es cierto, pero ahora los particulares que se erigen en defensores de las comunidades están enredando más la situación. Lo mejor que podrían hacer es renunciar al uso de las armas, dejar que cumplan su tarea los responsables de lograr que el orden y la tranquilidad vuelvan a Michoacán, y denunciar en todo caso, como ciudadanos, las omisiones o excesos en que puedan incurrir los encargados de implantar la ley. Hacer otra cosa es complicar las cosas. Y las cosas ya están bastante complicadas como para complicarlas aún más. Éste era un vinicultor que producía marrascapaches espantosos, horribles chíngueres, aguapiés vomipurgantes y vermífugos, y los presentaba como si fueran un Vega Sicilia. Su catador, harto ya de probar aquellos bebistrajos con olores, colores y sabores de chabisque, se largó sin siquiera despedirse. El hacedor de esos potingues puso un aviso en el periódico en el cual solicitaba un hombre diestro en catar vinos. Llegó un sujeto con traza de mendigo. Hablaba con tartajeos de borracho y batallaba para conservar el equilibrio, a más de tener vidriosa la mirada y despedir un tufo como de xocopedo. (Se llama xocopedo al pulque  agriado. Del náhuatl xococ, agrio -como en jocoque-, y desinencia castellana alusiva al mal olor que despide ese mal pulque). El productor iba a despedir sin más al individuo, pero éste le pidió que al menos lo pusiera a prueba. El de la viña le allegó una copa con cierto vino de los suyos. "Pinot Noir -dictaminó sin vacilar el ebrio después de darle un trago-. La uva creció en una ladera que mira al norte, y el vino fue guardado por seis meses en barricas antiguas, españolas. Aceptable, nada más". El productor quedó asombrado: el individuo había acertado en todo. Le trajo otra copa. El temulento bebió un sorbo y decretó: "Cabernet. Ocho años; uva temprana; añejado en barricas nuevas de roble americano. Si se le dejara en ellas por 125 años más quizá se volvería pasable". Otras pruebas le puso el dueño al ebrio, y en todas adivinó éste qué vino era el que había catado, con sus peculiaridades. El propietario de la viña, entonces, fue a la oficina y le pidió a su secretaria que miccionara en una copa. Luego le presentó el ambarino líquido al catador. Lo probó el astroso bellaco y le dijo sin vacilar al dueño de la finca: "Mujer de 27 años; rubia. Buena pierna; atractivo nalgatorio; prominente busto. Poco eficiente en el trabajo, pero con muchas habilidades de colchón. Presenta un embarazo de cinco semanas. Y si no me da usted el trabajo diré quién es el padre". FIN.

MIRADOR.

El niño está feliz; ríe contento. Sus papás le han comprado un helado de 10 pesos, y el pequeño lo goza con indecible gozo.

La familia es pobre. El padre y la madre trabajan duramente en lo que pueden a fin de tener apenas lo necesario para sobrevivir. Este sábado han ido al centro comercial. Lo han hecho para sacar un poco al niño y para disfrutar el aire acondicionado, pues hace un calor de infierno. Lo único en que gastarán será en el autobús y en el helado de 10 pesos para su hijo. No alcanza para más.

Yo miro la alegría de la criatura y el sencillo contento de sus padres, que dicen que no cuando el  niño les ofrece que prueben el helado, y pienso que en en estos momentos son muy ricos.

La desigualdad existe, ciertamente. Muchos escriben sobre ella. Quizá yo sea un tonto irresponsable que no tiene noción clara de las cosas, pero esta vez me he olvidado de la cuestión social -importantísima, lo reconozco- para hablar acerca de un niño y de su helado de 10 pesos. Tendrán que perdonarme.

¡Hasta mañana!...

MANGANITAS.

". Deportan de Estados Unidos a más mexicanos.".

El que ha sido deportado

está trabajando ya

para regresar allá.

Entrará por otro lado.