De política y cosas peores

De política y cosas peores

Don Algón contrató una nueva secretaria. Su esposa le preguntó: "¿Sabe lo que debe saber una buena secretaria?". Respondió el salaz ejecutivo: "Eso es lo único que no sabe". (Cuando llenó su solicitud de empleo, en el renglón donde decía "Sexo",  la muchacha puso: "A su disposición").Afrodisio Pitongo, hombre proclive a la concupiscencia de la carne, llegó a la clínica de maternidad con una mujer que estaba a punto de dar a luz. La recepcionista le pidió: "¿Me da el nombre de su esposa?". Preguntó con inquietud el salaz tipo: "¿Acaso es necesario involucrarla en esto?". La crisis debe ser muy grave. El otro día una tienda que anunciaba: "¡Gran venta por cierre!", realmente cerró. Doña Macalota le reclamó con acritud a su esposo don Chinguetas: "Llevo toda la semana diciéndote que no me vayas a comprar nada para mi cumpleaños, y todavía no me compras nada". Dos marinos naufragaron en una isla tropical. Unos meses después vieron a una cabra que se acercaba. "¡Caramba! -exclamó el primero-. ¡Qué lástima que no sea una mujer!". "¡Caramba! -profirió el segundo-. ¡Qué lástima que no sea de noche!". La República entera, incluido todo su territorio, con las islas adyacentes, espacio aéreo, mar territorial, zócalo submarino y plataforma continental, debe aplaudir -y con ambas manos, para mayor efecto- al secretario de Educación Pública, Emilio Chuayfett. El acuerdo que el funcionario promovió entre gobierno federal, estados y SNTE es el logro más importante que se ha conseguido en los últimos tiempos en materia de administración educativa. Los llamados Convenios de Automaticidad terminarán con el vicioso estado de cosas que prevalecía cuando cada entidad debía negociar salarios y prestaciones con las secciones locales del poderoso sindicato magisterial, al margen del convenio celebrado por la dirigencia nacional con la federación. Eso daba lugar a toda suerte de problemas, entre los cuales no era el menor la continua presión a que estaban sujetos los gobiernos de los estados, obligados a ceder ante las exigencias de los líderes, por desmesuradas que fueran, con tal de que no se interrumpieran las labores educativas. La nueva situación equivale a poner orden donde había desorden, y a racionalizar lo irrazonable. Lo conseguido por el secretario Chuayffet es una brillante triunfo de la administración de Peña Nieto. Este acuerdo redundará en bien para la educación, y por lo tanto para México. Aplausos. La caravana de pioneros se detuvo en el largo camino hacia Oregon. Una belicosa banda de pieles rojas merodeaba cerca, y el guía pensó que al día siguiente atacarían. Sus sospechas crecieron cuando en la noche empezó a oírse un tambor de guerra. Con sombrío acento les dijo el guía a los integrantes de la caravana: "No me gusta nada el sonido de ese tambor". Se oyó una voz proveniente del campamente de los indios: "A mí tampoco me  gusta. Lo que  pasa es que nuestro percusionista no vino hoy, y el que está tocando es un suplente". La fámula de doña Panoplia de Altopedo, dama de buena sociedad, fue a una reunión con sus amigas, trabajadoras domésticas todas. Les contó: "Deberían ustedes ver las tertulias que hace mi patrona. A ella asisten solamente mujeres. Pero ¡qué mujeres! Entre ellas hay intelectuales, artistas, escritoras, poetas, políticas, catedráticas universitarias, filósofas.". "¿Ah, sí? -preguntó una con admiración-. Y ¿de qué hablan?". Respondió la mucama: "De nosotras". Doña Frigidia, ya se sabe, es la mujer más fría del planeta. Cierto día pasó frente a al escaparate de una agencia de viajes que ofrecía un crucero por los Mares del Sur, y horas después nevó en Honolulú. Cuando se casó, doña Frigidia le dijo con determinación a su flamante esposo, don Frustracio: "Haremos el amor solamente dos veces en el año: el día de tu cumpleaños y en nuestro aniversario de bodas". "¡Ten compasión de mí, mujer! -gimió él con desesperación-. ¡Que sean  cuatro veces, las otras dos en la fecha del natalicio de don Benito Juárez y en el aniversario de la toma de Paredón por Pancho Villa!". "¡Cuatro veces en el año! -clamó escandalizada doña Frigidia-. ¡Infeliz de mí! ¡Me casé con un maniático sexual!". FIN.

MIRADOR.

Llegó sin avisar y se presentó a sí mismo:

-Soy el número uno.

Me sorprendió eso: a muchos he oído decir que son el número uno. Le pregunté:

-¿Realmente es usted el número uno?

-El único y verdadero -respondió con arrogancia-. Los otros son imitaciones.

Advirtió mi duda, de seguro, porque en seguida precisó:

-Conozco a dos o tres que dicen ser el uno, pero mienten. Uno es el uno.

-Lo felicito entonces -dije yo-. Eso de ser el número uno es muy importante.

En ese momento se oyó una voz de mujer que llamaba con acento imperativo:

-¡Uno!

El número uno se turbó todo, y de inmediato se apresuró a obedecer.

Me despedí de él:

-Adiós, número dos.

¡Hasta mañana!...

MANGANITAS.

". Sigue temblando en la Ciudad de México.".

Un observador local afirmó con desconsuelo: "Seguramente el subsuelo vio la reforma fiscal".