De política y cosas peores

De política y cosas peores

El novio de Susiflor se sorprendió al llegar a la casa de su chica, pues ésta lo recibió sin nada de ropa encima aparte de sus zapatos y un moño en la cabeza. Le preguntó por qué estaba así. Explicó ella: "Mi mamá me dijo que cuando estuviera contigo no me quitara ni lo de arriba ni lo de abajo". Don Usurino Cenaoscuras, hombre ruin y cicatero, tenía un hijo estudiando en otra ciudad. Cierto día el muchacho lo llamó por teléfono y le pidió: "Necesito que me mandes 200 pesos". "No te oigo -dijo don Usurino-. Habla más alto". "¡Necesito 200 pesos!" -gritó el hijo. "No se escucha -repitió el cutre-. Debe haber una mala conexión". Intervino la operadora de la telefónica: "Señor, yo oigo perfectamente al joven". Replicó don Usurino: "Entonces usted mándele los 200 pesos". Moisés subió por segunda vez al Sinaí. Bajó luego y habló ante los israelitas: "Les tengo dos noticias, una buena y otra mala. La buena es que de los 100 mandamientos originales el Señor aceptó nuestra propuesta de dejar solamente 10. La mala es que se negó a quitar ése de 'No desearás la mujer de tu prójimo' y el otro de: 'No cometerás adulterio'". Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, le comunicó a uno de sus secretarios: "Ayer vi un pajarito". "¿El de quién?" -preguntó lleno de curiosidad el otro. "¡No seas bruto! -se puso verde Maduro-. Es el pajarito en el cual han encarnado los espíritus de Bolívar y Chávez". Inquirió el funcionario con más curiosidad aún: "¿Cómo puede volar esa avecilla con dos espíritus encima?". "Los espíritus son ingrávidos, idiota -razonó Nico-. El pajarito me dijo que debo invadir Panamá, quitarles a los panameños el Canal y traérmelo a Venezuela". El secretario, confuso, se rascó la cabeza. "Y ¿qué vas a hacer con el Canal?". Replicó el presidente: "Lo usaré para comunicar los estados de Bolívar y Amazonas". Opuso el funcionario al tiempo que volvía a rascarse la cabeza, ahora con la otra mano: "Esos estados son vecinos uno del otro; ya están comunicados". Respondió Maduro: "No por agua". El cuentecillo ilustra una verdad: la democracia es cosa buena, pero lleva en sí un germen malo: el de la demagogia. Lo supieron los griegos, que tantas cosas supieron y olvidaron luego. Los mexicanos hemos empezado a transitar por esa vía, la del ejercicio democrático. Antes, en los tiempos de la dominación priista, el candidato del PRI era el seguro ganador. Las demás candidaturas eran falsas o meramente simbólicas. Ahora, por virtud del juego democrático, el resultado de una elección sólo se conoce después de la elección. López Obrador será candidato a la Presidencia en el 2018, si el tiempo no lo impide, como dice la fórmula solemne que se pone en los carteles de las corridas de toros, y previo permiso de la Autoridad. Contrariamente a lo que muchos piensan yo no creo que AMLO sea un peligro para México. Puede llegar a serlo si se deja llevar por las tentaciones de un liderazgo mesiánico, de caudillismo autoritario, que muchos advierten en su personalidad. Para beneficiarse de la democracia el tabasqueño debe hacer a un lado sus actitudes de  iluminado y empezar a ser él mismo democrático. Voy a apuntar esa última frase tuya, columnista, que si bien no merece ser inscrita en bronce eterno o mármol duradero -y quizá ni siquiera en plastilina verde- sí puede ser anotada en papel, y con lápiz tinta, para mayor constancia. El galán le dijo a la curvilínea chica: "Te queda muy ajustado ese vestido. Casi no puedo respirar". En su lecho de enfermo don Frustracio vivía las últimas horas de su vida. Reunidos sus hijos en torno suyo les habló y les dijo: "Quiero que conozcan la tragedia de mi vida. Antes de casarme yo tenía dinero, mujeres y tres o cuatro coches deportivos. Un querido amigo me dijo: 'No lleves ya esa vida de playboy. Cásate y ten hijos. Si no lo haces, cuando estés en tu lecho de agonía no habrá nadie cerca de ti que te dé un vaso de agua'. Me impresionaron sus palabras y seguí su consejo: renuncié a mi vida de placer, me aparté de las mujeres, vendí mis coches, me casé, tuve hijos, y todo mi dinero lo dediqué a mi familia. Ahora estoy en mi lecho de agonía, ustedes están cerca de mí, ¡y ni siquiera tengo sed!". FIN.

MIRADOR.

Le pregunto a don Abundio:

-¿Qué horas son?

Me responde:

-¿Hora de Dios u hora del gobierno?

Yo no entiendo eso del cambio de horario, pero me irrita ver que mis pequeños nietos salen de su casa para ir a la escuela en plena oscuridad, cuando aún no empieza a brillar la luz del día.

Tampoco entiendo por qué, si dicen que ese cambio de horario trae consigo un gran ahorro de energía, ese ahorro no se refleja en mis recibos de la luz.

Reflexiona don Abundio:

-Ha de ser cosa de los gringos.

Y tiendo a coincidir con él.

Muchas cosas de México, si no es que todas, son cosa de los gringos.

¡Hasta mañana!...

MANGANITAS.

". Hay muchos diputados.".

Confundido y asombrado  un señor que no es de aquí me dijo: "A alguien conocí, ¡y no era diputado!"