De política y cosas peores

De política y cosas peores

Susiflor le dijo a Rosibel: "Me preocupa la explosión demográfica". "A mí también -contestó ella-. Pero cuando estoy con un hombre no resisto la tentación de encenderle la mecha". El encuestador en temas de salud le preguntó a doña Pasita: "¿Ha sido usted encamada alguna vez?". "Muchas -respondió la ancianita con orgullo-. Pero jamás he estado enferma". Decía Capronio, sujeto ruin y desconsiderado: "Mi suegra vive a tiro de piedra de mi casa. Lo sé porque todos los días le tiro varias". Pepito estaba en el parque con su Juanilito cuando pasó frente a ellos una estupenda rubia de opulentas formas. Le dice Pepito a su amigo: "¿Sabes qué? Estoy empezando a sospechar que en la vida hay algo más que iPad y futbol". La política y los escándalos sexuales parecen ir de la mano. O de la boca a veces, como en el caso de Clinton. Un alcalde de cierto pequeño pueblo de mi natal Coahuila fue sorprendido in fajanti por el marido de una dama complaciente. De regreso de un viaje el esposo supo que en ese momento su mujer estaba cometiendo delito de adulterio en el propio domicilio conyugal. Pidió el auxilio de la fuerza pública, y en compañía de dos gendarmes irrumpió en la alcoba en el preciso instante en que el cachondo edil y la liviana fémina se hallaban en el culmen de la refocilación. Los vecinos, curiosos por la presencia de la policía en su tranquilo barrio, se habían congregado frente a la casa donde el evento sucedía, y vieron salir al señor presidente municipal envuelto en una sábana, seguido por los jenízaros de la municipalidad, aturrullados después de darse cuenta de quién era el adúltero al que habían ido a detener. Muy apenado se disculpó el alcalde con sus gobernados. Les dijo: "Perdonen ustedes, conciudadanas y conciudadanos. Es que soy muy sexoso". Sucede que el poder -así sea el de un munícipe de pueblo- ensoberbece a quien lo tiene y lo lleva a sentirse por encima de la ley y la moral. El poderoso, entonces, cosifica a las personas y las vuelve instrumento para sus excesos, de los cuales a veces ni siquiera se da cuenta, pues los considera anejos al ejercicio del poder. Grave golpe sufrió el PRI con el asunto de Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, señalado como culpable de operar una red de prostitución para uso de políticos. Desde luego este caso correrá la misma suerte de muchos otros en que se han hecho denuncias por corrupción y otros delitos, y todo acabará en agua de borrajas. El PRI, sin embargo, no puede permitir que el acusado vuelva a su cargo de dirigente en el Distrito Federal. Si tal hiciera pecaría de ceguedad y de sordera, añadiría un ejemplo más de impunidad a los muchos que tiene ya en cartera y se allegaría las iras de los ciudadanos, hartos de ver la grosera soberbia y prepotencia de la casta política, que en ocasiones no tiene nada de casta. Se cuenta de cierto obispo que, preocupado por los deslices carnales en que incurrían algunos de sus curitas jóvenes, los amonestaba con paternal solicitud. "Hijitos -les decía-, ya que no pueden ser castos sean cautos". Lejos de mí la temeraria idea de hacer semejante exhortación a los políticos, pero en cumplimiento de mi deber de orientar a la República les recuerdo la sabia sentencia popular que dice: Lo que de noche se hace de día aparece. (¡Brrr!)... Una secretaria le comentó a su compañera: "¿Te has fijado qué bonita silueta tiene el subgerente?". "No es la silueta -repuso la otra en voz baja-. Es el llavero". Aquella chica abría las piernas con tanta frecuencia que cada una de sus rodillas pensaba que era la única. La señorita Peripalda les dijo a las pequeñas alumnas del catecismo: "Las niñas buenas van al Cielo. ¿Saben ustedes a dónde van las niñas malas?". "Sí -contestó de inmediato Rosilita-. Van a Vallarta, a Los Cabos, a Cancún.". Al día siguiente de la primera noche de amor el novio le hizo el desayuno a la novia. Lo probó ella y exclamó con disgusto: "¡Carajo! ¡Tampoco sabes cocinar!". El viajero subió a un taxi conducido por una mujer. No sin cierta pena le pidió: "Lléveme a la casa de mala nota más barata de la ciudad". "Caballero -le respondió la conductora-. Está usted en ella". FIN.

MIRADOR.

El hombre rico dijo:

-Todo lo tengo, pero quiero más.

Dijo el hombre pobre:

-Tengo todo lo que necesito. No me hace falta más.

El hombre rico era en verdad pobre. No estaba contento. Es decir, no estaba contenido.

El hombre pobre era en verdad rico. No quería más. Estaba contento con lo que tenía.

La riqueza es a veces pobreza.

Y en ocasiones la pobreza es en verdad riqueza.

Ricos muy pobres hay, y pobres que son ricos.

Sólo sabe ser rico quien ha sido pobre.

¡Hasta mañana!...

MANGANITAS.

". Sigue muy caro el limón.".

Un hombre rico en millones, deseoso de complacer, le regaló a su mujer un collar de seis limones.ton