De política y cosas peores

De política y cosas peores

Dulcilí se casó con un pitcher de beisbol. Al terminar la noche de bodas le dijo desilusionada: "¿Nomás dos? ¡En el periódico leí que aguantabas nueve entradas!". La maestra quería saber a qué se dedicaba el padre de Rosilita. Le preguntó a la niña: "¿Qué hace tu papá?". Respondió la pequeña: "Lo que mi mamá le dice que haga". Desde el otro lado del río el caminante le preguntó con un grito a Babalucas: "¿Cómo hago para pasar a la otra orilla?". También gritando le respondió el badulaque: "¡Ya estás en la otra orilla!". Atrás quedaron los lejanos tiempos en que el PAN era llamado "el partido de la gente decente". Una cínica frase de aquella época afirmaba que había tres clases de pendejos: los que sembraban de temporal, los que compraban billetes de la Lotería y los que votaban por el PAN. Aun así, con sus derrotas sempiternas, los panistas eran objeto de general respeto, pues se sabía que quienes militaban en Acción Nacional no lo hacían por interés, sino por mística. Ser panista equivalía a ser apóstol de la honradez política, buscador de esa bella utopía llamada democracia. Mi maestro de Derecho Administrativo en la Facultad de Derecho de la UNAM, don Andrés Serra Rojas, nos decía: "En política el triunfo es como el bautizo: borra todos los pecados". Tratándose del PAN la cosa fue al revés: los triunfos lo pusieron en el camino del pecado. Cuando empezó a ganar empezó a perder. En tiempos de Salinas los dirigentes panistas se avinieron a entrar en concilio de malos. Con eso empezó la decadencia moral de esa organización que alguna vez fue de adalides y que muy pronto se tornó en botín de ganapanes. Al percibir el atrayente tufo de los dineros y las chambas muchos se acercaron al PAN como a un panal de rica miel. Entonces Acción Nacional se convirtió en un partido más, sin diferencia alguna con el PRI, al que con tanto tesón combatió, y sin nada que lo distinga del PRD, donde toda corruptela tiene su asiento y toda oscura transa  hace su habitación. En aras de los fines el PAN está sacrificando los principios, está cayendo en los mismos vicios que otrora denunció, está perdiendo legitimidad. Y yo, por mi parte, estoy olvidando la inconveniencia de hacer uso excesivo del gerundio. Todo eso -excepción hecha de lo del gerundio- explica la renuncia de Fernando Elizondo Barragán a Acción Nacional. Fue gobernador de Nuevo León, secretario de Energía y senador, y ahora sale del PAN y hace la crítica de las desviaciones del partido al que perteneció. A mi juicio -generalmente muy falto de juicio-, podría equivocarse si se presenta de nueva cuenta como candidato a gobernador por otro partido. En vísperas de ese proceso electoral el PAN va hoy por hoy en yegua de hacienda, dicho sea con el mayor respeto. Sin embargo con su renuncia Elizondo Barragán dio muestras de coherencia política y de integridad personal. Yo le deseo lo mejor, pues de sus actuaciones pasadas derivaron muchas cosas buenas para Monterrey, para Nuevo León y para México. Un viajero norteamericano conoció en China a una linda joven, y se casó con ella. De regreso en los Estados Unidos la pareja se estableció en Nueva York. La recién casada tenía un problema: no hablaba ni una sola palabra de inglés. A pesar de eso se las arreglaba. El primer día fue a comprar pollo en la carnicería del barrio, y enseñó sus muslos -vestía un breve pantaloncito- para indicar que quería muslos. Una semana después la oriental fue a comprar pollo de nuevo, y enseñó su busto -llevaba una blusa escotada- para indicar que quería pechugas. Sucedió al poco tiempo que necesitaba comprar salchichas. También en esa ocasión se las ingenió. Hizo que su esposo la acompañara a la carnicería y ¿qué parte de su cuerpo piensas que enseñó él para indicar que querían salchichas? La respuesta viene después de esta frase: "Con frecuencia me asaltan los malos pensamientos; por eso procuro siempre hablar dos veces antes de pensar". Respuesta a la pregunta anterior. El marido no necesitó enseñar nada para pedir salchichas. Era norteamericano, por lo tanto podía pedir las cosas en inglés. O tú ¿qué pensaste?... FIN.

MIRADOR.                        

Don Abundio el del Potrero dice que él es hombre de la tierra, y que en cambio su compadre Odón es hombre muy del cielo.

En efecto, don Odón tiene fervores de cruzado. O por lo menos de cristero. Canta con voz potente el himno de los guadalupanos -"¡Mexicanos, volad presurosos.!"-, y en las procesiones para pedir la lluvia lleva el estandarte de San Isidro Labrador como si portara una bandera de combate, pues piensa que la sequía es cosa del demonio.

Don Odón tiene un hijo adolescente. Para evitar que en su cuarto haga cosas propias de su edad, que él considera impropias, le escribió con un carbón en la pared esta cuarteta: "Mira que te mira Dios. / Mira que te está mirando. / Mira que vas a morir. / Mira que no sabes cuándo". En la parte de atrás de la puerta de la letrina le dibujó un enorme ojo rodeado de rayos flamígeros a cuyo pie puso estas palabras ominosas: "Dios te ve".

-¡Ah que mi compadre! -menea la cabeza don Abundio-. Por mirar al cielo no ve las cosas de la tierra.

¡Hasta mañana!...

MANGANITAS.

". Se ampara el Chapo contra una posible extradición.".

Teme mucho ir al exilio, porque allá no será el rey.

¡Quien burló siempre la ley ahora pide su auxilio!