De política y cosas peores

De política y cosas peores

            En la suite nupcial donde iban a pasar su noche de bodas le decía una y otra vez la novia a su galán: “¡No me puedo convencer de que ya estamos casados! ¡No me puedo convencer de que ya estamos casados!”. De la habitación vecina vino una voz: “¡Convéncela, caón, a ver si ya nos deja dormir en paz!”… Otros recién casados llegaron a registrarse en el hotel. Les dijo el de la recepción: “Son mil pesos por cada uno”. El novio puso 3 mil pesos sobre el mostrador”. (No le entendí)… ¿Dónde habría festejado su cumpleaños Escolapia? ¿Dónde habrían sido los 15 años de Espergencia? ¿Dónde se habría celebrado el casamiento de Tacho y Tencha la del 8? Acertaron mis cuatro lectores: si hoy vivieran todos esos entrañables personajes de Chava Flores habrían hecho sus bailongos en el recinto del Senado de la República. Sucede que el senador Jorge Luis Preciado, coordinador de la fracción panista en la Cámara Alta –ahora bastante baja-, hizo de ese importante sitio republicano un salón de fiestas, un sitio de pachangas. Ni en la peor época de la dominación del PRI un senador había faltado así, en modo tan de rastacuero, al decoro parlamentario. Habrá que preguntar ahora cuál es el costo de alquilar la sede senatorial para hacer ahí un reventón, ya sea con mariachi, banda, conjunto de salsa o fara fara, que así se llama en el norte la música de bajosexto y acordeón. No debemos esperar que al cantarín señor su partido lo haga objeto de un extrañamiento formal. Menos aún existe la posibilidad de que el panista renuncie a su cargo de coordinador. Preciado y Gustavo Madero están a partir un piñón -incluso sin acompañamiento musical-, y el líder nacional ha hablado ya en abono del jaranero senador, sin dar ninguna importancia al jollín o cuchipanda que organizó en el edificio del Senado. Lo que sucede es que hay políticos que con un escudito en la solapa o una credencial en la cartera se sienten el rey de todo el mundo, y se les hace poco el mar para echarse un buche de agua. Pierden el piso, se marean, y cometen entonces elementales yerros que son fruto tanto de la incultura como de una tonta prepotencia. Falta de educación política es ésa, pero también es falta de sindéresis. Y ya no digo más, porque no sé qué significa la palabra “sindéresis”… Pasaba ya la media noche cuando un viajero llamó a la puerta de don Poseidón. “Perdone, señor –le preguntó-. ¿Cuál es la manera más rápida de llegar al rancho de don Bucolino?”. El granjero, a quien el imprudente viajero había sacado de la cama, le preguntó irritado: “¿Trae usted automóvil?”. “Sí” –respondió el otro. Le dijo don Poseidón: “Ésa es la manera más rápida”. Y así diciendo le dio con la puerta en las narices y apagó la luz… El señor llegó a su casa y encontró a su esposa haciendo su maleta. “¿A dónde vas?” –le preguntó. Contestó la señora sin dejar de empacar: “Leí que en la República de Calcedonia una mujer puede cobrar hasta mil dólares por entregar su cuerpo. Voy allá a cobrar esa cantidad por dar lo mismo que a ti te doy de gratis”. De inmediato el señor se puso también a empacar. “¿Qué haces?” –se extrañó la esposa. “Voy contigo –respondió el marido-. Tengo curiosidad por ver cómo vas a vivir con 2 mil dólares al año”… “¡Me encantan las lunas de miel! –le dijo la estrella de cine a su flamante marido-. ¡Lástima que sólo sucedan cada dos años!”… Doña Blasonia, condesa de Gules, invitó a su amiga Panoplia de Altopedo a cazar patos. Ella fue a una armería a comprar una escopeta. Se encontró con la novedad de que el armero era invidente. Aun así manejaba las armas con una facilidad impresionante. Le mostró una y le dijo: “Esta es una escopeta belga especial para la cacería de patos. Se la recomiendo. Cuesta sólo 325 dólares”. “Me la llevo” –se apresuró a decir doña Panoplia, pues se le hacía tarde. Lo dijo con tal fuerza que se le escapó una inoportuna ventosidad o cuesco. El armero puso en su caja la escopeta, se la entregó a doña Panoplia y le dijo: “Son 350 dólares”. “¿350? –se sorprendió la señora-. ¿No dijo usted que la escopeta costaba 325 dólares?”. “Así es –contestó el hombre-. Los otros 25 son por el silbato para llamar patos”… FIN.

            MIRADOR.

            El frailecito le dijo a la abacera:

            -Quiero una docena de huevos. La mitad son para el padre prior. Me los pone en una bolsa.

            La mujer puso en una bolsa media docena de huevos.

            -Un tercio de la docena –siguió el frailecito- son para el padre guardián. Póngalos en otra bolsa.

            Tomó otra bolsa la abacera y puso en ella cuatro huevos.

            -Yo me conformo con un cuarto de la docena.

            En otra bolsa la mujer puso tres huevos. Pagó el frailecito y se marchó.

            Lo mismo hizo una y otra vez, y muchas veces más, hasta que la abacera se dio cuenta de que no le estaba dando al frailecito una docena de huevos, sino 13. Desde entonces al hecho de dar de más se le llama “la docena del fraile”.

            Tras leer ese cuentecillo me pregunto: con esto de los nuevos impuestos ¿no le estaremos entregando al fisco la docena del fraile?

            ¡Hasta mañana!...

MANGANITAS.

“… Cambia continuamente el clima…”.

            “Tantos cambios causan grima

            -decía un tipo enojoso-.

            El clima es tan caprichoso

            que más parece ‘la clima’”.