De política y cosas peores

De política y cosas peores

            La esposa de don Languidio Pitocáido le comentó que en la iglesia se iba a celebrar una misa de sanación. “Iré –dijo don Languidio-. Quizá eso me sane la parte que tú sabes”. Precisó la señora secamente: “Es misa para sanar a los enfermos, no para resucitar a los muertos”… En el bar de la playa Babalucas pidió un whisky. Le preguntó el cantinero: “¿Lo quiere en las rocas?”. “No –respondió el badulaque-. Sírvamelo aquí mismo”… Confundido entre la gente -¡cómo me gusta confundirme entre la gente!- asistí a la manifestación que Cuauhtémoc Cárdenas encabezó en el Zócalo contra la reforma petrolera. Respeto y admiro al ingeniero Cárdenas. Ya he dicho que he tenido el honor de recibirlo en mi casa (la de ustedes). La primera vez que estuvo en ella hice que mis hijos estuvieran también, para que conocieran, les dije, a un gran mexicano. Considero a Cuauhtémoc Cárdenas el indiscutible líder moral de la izquierda –otros líderes tiene también, algunos de ellos no muy sobrados de moral-, y creo que es un dignísimo heredero de las ideas e ideales de su padre. Desde ese punto de vista es plausible su oposición a las reformas constitucionales hechas por Peña Nieto, y su esperanza de revertirlas. Pienso, sin embargo, que está consciente de lo difícil que será quitar ese palo dado. Quizá por eso sentí que la manifestación fue más bien tibia, carente de verdadero fervor ciudadano. Más aún: diré con pena ingenua que me pareció que muchos de los asistentes estaban ahí por obligación más que por convicción. La mar de banderas, sí, y discursos que en vano pretendieron encender el entusiasmo de la gente, pero no esa pasión que en otras concentraciones semejantes he observado, por ejemplo aquéllas -también encabezadas por el ingeniero Cárdenas- en las que el pueblo protestó por el grosero fraude electoral que impidió que el hijo de Tata Lázaro llegara a la presidencia. Cumplió su deber moral el líder moral de la izquierda, de manifestarse contra la reforma energética, pero él mismo sabe que está esperando contra toda esperanza. Y ¿qué decir de la ausencia de López Obrador en la manifestación? La comentaré después, porque eso es punto y aparte. (Aunque en tratándose de AMLO todo es punto y seguido)… El relato que ahora sigue es de tal manera impúdico que no me explico por qué, al imprimirlo, los tórculos –o sea las prensas- no se rompieron en mil pedazos, o por lo menos en 900. Pero en fin: hasta los tórculos –o sea las prensas- se han acomodado a estos nefarios tiempos que vivimos… Un joven muy bien parecido acertó a quedar sentado junto a una linda monjita en el autobús. Sin poder contenerse emuló a don Juan Tenorio y le dijo a la bella novicia: “Es usted tan hermosa que me sentiría el hombre más feliz de la tierra si pudiera hacerle el amor”. La hermanita se ruborizó hasta la raíz de los cabellos. Se levantó al punto de su asiento, y en la siguiente esquina descendió presurosa del autobús. El chofer le dijo al muchacho: “Oí las palabras que le dirigiste a la monjita, y voy a decirte cómo puedes hacerle el amor”. “¿Cómo? –preguntó ansiosamente el mancebo. Le indicó el conductor: “En cumplimiento de la regla de su orden la novicia va todas las noches al panteón a orar por los difuntos. Si te le presentas ahí y le dices que eres un ángel, de seguro accederá a tu petición”. Esa misma noche el joven acudió al cementerio vestido con una blanca túnica y luciendo unas alas que él mismo se hizo con cartón y plumas de gallina. En efecto, bien pronto apareció la monjita en medio de las sombras nocturnales. “Soy un ángel –le dijo el lascivo galán-. El Señor te ordena que te entregues a mí como prueba de tu fe”. La monjita, toda turbada, le respondió que había hecho voto de virginidad perpetua, pero que en cumplimiento de la voluntad divina podía entregarse a él en modo que no la privara de esa intangible gala. El salaz boquirrubio procedió entonces a cumplir su antojo en esa forma. Terminado el trance el jovenzuelo rompió a reír sarcásticamente. Le dijo con voz burlona a la monjita: “¡Ja ja ja! ¡No soy un ángel! ¡Soy el muchacho que te abordó hoy por la mañana en el autobús!”. “¡Ji ji ji! –rió con atiplada risa la supuesta novicia-. ¡No soy monjita; soy el chofer del autobús!”… FIN.

            MIRADOR

            Miguel, el adalid de Dios, y Lucifer, el soberbio, combatieron con sus espadas en el cielo.

            Los espíritus celestes tomaron partido, como en un Super Bowl.

            Unos se decidieron por Miguel, y a su victoria se convirtieron en ángeles.

            Otros apostaron en favor de Lucifer, y cuando éste fue vencido se transformaron en demonios.

            Hubo un espíritu, sin embargo, que no pudo elegir entre el arcángel y el espíritu maligno. No supo si favorecer al ángel o a Lucifer.

            Sigue indeciso hasta ahora. Aún no sabe escoger entre el mal y el bien. Oscila entre uno y otro. A veces opta por el bien; otras veces se inclina por el mal.

            Se llama hombre.

            ¡Hasta mañana!...

MANGANITAS

 “… Multan a diputados faltistas…”.

            Me parece aberración

            aplicarles tal castigo,

            pues con sus ausencias, digo,

            le hacen bien a la Nación.