De política y cosas peores

De política y cosas peores


                “Nada es imposible” –peroró con campanuda voz el disertante. “¿No? –le musitó al oído un tipo a su vecino de asiento-. A ver, que trate de ponerse el condón al terminar, no al empezar”… El hijo de Babalucas le dijo a su papá: “Me castigó el maestro. No supe dónde estaba el Nilo”. El badulaque lo amonestó, severo: “La próxima vez fíjate dónde dejas las cosas”… Don Geroncio, señor de edad madura, le compró un canario a la dueña de una tienda de mascotas. La avecilla, por desgracia, feneció a los pocos días. Fue don Geroncio a la tienda y le informó a la mujer: “Se me murió el pajarito”. “Déjeme presentarle a mi marido –respondió ella-. Los dos tienen eso en común”… Al concluir el primer trance de amor la recién casada le pidió a su marido que fuera al estacionamiento del hotel, pues había dejado su iPad en el coche. Acudió presuroso el enamorado galán a cumplir aquel encargo. Cuando volvió a la habitación ¿qué vio? Mi pluma se resiste a relatarlo, pero el deber que me impone mi profesión de periodista –la más bella del mundo, al decir de Ryszard Kapuscinski- me obliga a no ocultar los hechos. Vio a su flamante mujercita (se llamaba Facilda Lasestas) en concúbito carnal con uno de los botones del hotel. ¡Funesto sino! Bien dijo en sus Carmina Catulo con armoniosos versos (70, 3): “Mulier cupido quod dicit amanti / rapida scribere oportet aqua”. (Estoy citando de memoria). Lo que la mujer le dice al anheloso amante es para escribirlo en el agua que corre. (Estoy traduciendo al ahí se va). “Pero, Facilda –le dijo con dolorido acento el lacerado esposo a su liviana cónyuge-. ¿Por qué me haces esto?”. Acotó el botones: “Con el mayor respeto, señor, me permito aclararle que no se lo está haciendo a usted: me lo está haciendo a mí”. Intervino en ese punto la muchacha. Le indicó muy seria a su marido: “Ni me digas nada, Corneliano. Siempre has sabido que soy algo coqueta”… El perrito le preguntó a su madre: “¿Cómo era mi papá?”. “No sé –respondió la perra-. Generalmente no les vemos la cara”… Desde que empezaron a surgir las llamadas defensas comunitarias las señalé como un peligro para México. No suelo equivocarme en mis profecías. (Nota de la redacción: con mucha pena nos vemos en la necesidad de recordar que nuestro amable colaborador predijo la victoria de Napoleón en Waterloo). Una de las características principales del estado moderno es la de poseer el monopolio de la fuerza. Si abdica de ella, si deja que los particulares se hagan justicia por su propia mano, pone en peligro incluso su existencia. He aquí que en diversas entidades -Michoacán y Guerrero sobre todo- han proliferado grupos de gente armada que so pretexto de defender a sus comunidades campean por sus fueros a ciencia y paciencia de las autoridades, y a veces con su culpable tolerancia, y aun abierto apoyo. Nadie sabe quién arma a esas personas, ni qué consignas mueven a los ejércitos privados, pero no será desatino sospechar que tras algunos de ellos está la delincuencia organizada. Esto no es un problema local: corresponde a la Federación atender ese problema antes de que se vuelva incontrolable. Con lo dicho queda cumplida mi tarea de orientar a la República. Ahora ella tiene la palabra. (Si necesita varias puede usarlas)… “Soy enfermera práctica –decía una joven enfermera-. Me casé con un paciente viejo y rico”… Comentó lleno de angustia el curita recién ordenado: “Oír a los que vienen a confesarse me causa un infinito sufrimiento. ¡Sus pecados son tantos, y tan graves!”. Le dice el cura anciano: “¿Y para qué los oyes?”… Sabes que has llegado ya a la edad madura cuando tienes sueños secos y flatulencias húmedas… Pepito le preguntó a su mamá: “¿Cómo vine al mundo?”. Le dijo la señora: “Dios te envió”. “Y tú –vuelve a preguntar el niño- ¿cómo viniste?”. Contesta la madre: “También me envió Diosito”. Prosigue el chiquillo: “¿Y también a mi papá y a mi abuelos y abuelas los envió Dios?”. “Sí, hijo –respondió ella-. También a ellos los puso Dios en el mundo”. Dice entonces Pepito: “Ahora me explico el maldito carácter que tienen todos en esta familia. ¡En más de 70 años no han tenido sexo!”… FIN.

NOTA: En el apellido Kapuscinski, por favor poner acento (´) sobre la primera “s” (KapuS) y sobre la “n” (Nski), pues mi ordenador no marca acentos sobre consonantes. Gracias).

                MIRADOR

                Me habría gustado conocer a Dana Andrews.

                Actor de cine, no llegó a alcanzar la altura de otros de su tiempo, aunque tenía excelentes cualidades: era muy guapo, actuaba bien, y daba a sus personajes una especial intensidad. Es inolvidable su participación en “Laura” al lado de Gene Tierney, a mi juicio el más bello rostro de mujer que Hollywood ha dado al mundo.

                Pocos sabían que Dana Andrews era un magnífico cantante. De joven quiso dedicarse a la ópera, y en ella habría destacado. Sin embargo, como nunca se jactó de su voz, en una película otro cantante lo dobló al interpretar una canción. Cuando un amigo le preguntó por qué no la había cantando él mismo, teniendo tan buena voz, respondió:

                -Pensé que seguramente el que cantó en mi lugar necesitaba el dinero.

                Me habría gustado conocer a Dana Andrews. Pensaba en su prójimo antes que en sí mismo.

                ¡Hasta mañana!...

MANGANITAS

 “… Intenso frío en Nueva York…”.

                Como cuando el apagón,

                el gran frío que se siente

                hará que seguramente

                aumente la población.