De política y cosas peores

De política y cosas peores

            En el bar un sujeto le preguntó a la chica: “¿Cómo te llamas?”. Respondió ella: “Alfa”. “Lindo nombre -dijo el tipo-. ¿Te pareces en algo a un Alfa Romeo?”. “Sí –sonrió la muchacha-. En el precio”… Un arduo dilema existencial afrontaba don Chinguetas, el esposo de doña Macalota. Decía: “No sé si salir de la casa a ver lo que no puedo coger, o quedarme en la casa a coger lo que no puedo ver”… El diccionario de la Academia no registra el verbo “partidizar”. El verbo “desmadrar” sí lo registra, pero su definición como mexicanismo es incorrecta: “lastimar físicamente”. No hay tal. Si alguien le da un pescozón a otro lo lastima, pero no lo desmadra. Desmadrar es echar a perder totalmente algo, arruinarlo. “Le propuse matrimonio y me dijo que sí. Eso desmadró mi vida para siempre”. Aun con deficiencias gramaticales diré que México está desmadrado porque está partidizado. Aquí todo se ve desde la perspectiva de los partidos políticos, cuyo interés prevalece siempre sobre el de la nación. Consideren mis cuatro lectores este ejemplo. Isidro López Villarreal, flamante presidente municipal de mi ciudad, Saltillo, tan pronto se hizo cargo de la alcaldía –él es panista- dictó una importante medida de enorme trascendencia y beneficio para la comunidad: ordenó que se pintaran de azul los letreros que con el nombre de Saltillo se hallan en las diversas entradas a la población. De rojo estaban pintadas las señales, color al que los políticos de la oposición atribuyen una tendencia inconfesable hacia el priismo. Nadie, desde luego, relacionaba esos letreros con el PRI, pero el celo partidista del nuevo munícipe lo llevó a emplear recursos económicos para cambiar por azul célico el fementido rojo priista. Si esos fondos salieron del PAN, o si López Villarreal los sacó de su bolsillo, santo y bueno. Nada he dicho. Tan buen color es el celeste como el colorado. “De gustibus et coloribus non disputandum est”. Acerca de gustos y colores no se debe discutir. Pero si los dineros emanaron del erario municipal, entonces el edil debería ser objeto de sanción por parte de la autoridad correspondiente, pues emplea recursos públicos en hacer propaganda partidista, así sea subliminal, que no lo es tanto. He aquí otro botón –y la botonadura es infinita- que muestra cómo nuestros políticos piensan antes en el partido al que pertenecen que en la comunidad a la cual se deben. Mi opinión, como dice el brillante Andrés Oppenheimer: cuando un candidato a alcalde es electo se convierte en alcalde de todos los habitantes del municipio a su cargo, independientemente de filiaciones partidistas. Isidro López Villarreal es alcalde de Saltillo, no del PAN. Tiene excelentes dotes para hacer un buen gobierno. Lo hará sólo si pone el bien de la ciudad por encima del interés del partido que lo postuló… Le preguntó Susiflor a Rosibel: “¿Cuál es la diferencia  entre ‘coger’ y ‘asir’?”. “No sé –contestó Rosibel-. Nunca me han asido”… San Balano de Alejandría era ermitaño. Vivía en una cueva del desierto entregado a la oración. Digo “a la oración” porque nada más se sabía una. Cierto día entró en su gruta una bellísima mujer. San Balano pensó que era el demonio, pero ¿podía tener el diablo semejante grupa, tan firme y poderosa; y esas dos morbideces pectorales, túrgidas y enhiestas; y esas piernas blancas y torneadas; y esos muslos incitantes, pórtico de un oculto paraíso; y esas ebúrneas carnes que se ofrecían, lascivas, a las caricias y a los besos; y esas… (Nota de la redacción: nuestro amable colaborador se extiende cinco páginas más en la descripción de los encantos de la susodicha dama, descripción que lamentablemente nos vemos en la necesidad de suprimir por falta de espacio, y también porque el encargado de revisar su artículo se está ya soliviantando). En la presencia de San Balano la preciosa fémina empezó a desatar  con voluptuosidad las cintas de su levísimo corpiño, con lo que dejó ver el principio de sus perfectos senos. “¡Señor! –clamó lleno de angustia el ermitaño-. ¡Cierra mis ojos!”. Cuando los abrió poco después, pensando que la mujer se había marchado ya, la vio frente a él hermosamente desnuda, pagana Venus que le tendía los brazos lúbrica y ardiente. “¡Señor! –clamó entonces San Balano-. ¡Cierra tus ojos!”… FIN.

            MIRADOR

            Llegó de pronto y me dijo:

            -Soy el lugar común.

            Le respondí:

            -Ya lo conozco. En cada página que escribo está usted por lo menos una vez.

            -Se lo agradezco –replicó-. Generalmente nadie me da mi lugar.

            -Eso sucede con frecuencia –anoté para tranquilizarlo-. No es común que alguien nos dé nuestro lugar.

            -Y sin embargo –prosiguió- hubo un tiempo en que no era yo un lugar común. Era una metáfora. El tiempo me fue cambiando hasta convertirme en lo que ahora soy.

            -Entiendo –le dije-. A nosotros nos sucede lo mismo. Cada niño que nace es una metáfora de Dios, pero con los años nos volvemos lugares comunes.

            -Acaba usted de decir un lugar común –opinó él.

            -No es el primero, ni será el último –reconocí.

            Y me dijo al tiempo que se alejaba:

            -También eso es un lugar común.

            ¡Hasta mañana!...

MANGANITAS

“… Liberan el Monumento a la Revolución…”.

            Se escuchan muy seductoras

            las notas que nos enteran

            de eso. Cierto: lo liberan.

            Sí, pero ¿por cuántas horas?