De política y cosas peores

De política y cosas peores

            Solicia Sinpitier, doncella entrada en años, se compró dos cotorros para seguir la antigua usanza de las cotorronas. Empezó a vigilarlos para descubrir cuál era él y cuál ella. Su vigilancia pronto rindió frutos: una de tantas noches pudo ver cómo el periquito se le subía a la periquita. A fin de ya no confundirlos le colgó al lorito lo primero que tuvo a la mano: una cadena con su medallita. Pocos días después llegó de visita el señor cura. Llevaba pendiente del cuello una medalla religiosa. Se le quedó viendo el perico y le preguntó bajando la voz: “¿A ti también te vieron fornicando?”… Rosilita tenía una inquietud, y la compartió con Pepito: “¿A dónde se va la cigüeña después de traer a los bebés?”. “No sé la de tu casa –respondió el chiquillo-. La de la nuestra se mete en los pantalones de mi papá”… Rosibel le comentó, feliz, a su mamá: “Estoy empezando a pensar que mi novio Libidiano ya quiere formalizar nuestras relaciones: hoy no se puso protección”... Iba el alegre grupo de muchachos remando en una lancha por el río. Cansados, atracaron en una isleta y se quitaron la ropa para nadar un rato. Apenas iban a entrar en el agua cuando advirtieron que se acercaba a la isla un bote lleno de muchachas. Apresuradamente todos se enredaron su toalla a la cintura y se escondieron tras los arbustos para no ser reconocidos por las chicas. Uno de ellos, sin embargo, se llevó la toalla a la cabeza, cubriéndose el rostro. “¿Por qué haces eso?” -le preguntaron asombrados. Explicó él: “En mi pueblo a los hombres nos conocen por la cara”… Un norteamericano, un ruso y un mexicano se jactaban de sus respectivas fuerzas físicas. Dijo el americano: “Yo tomo una moneda de un dólar entre el índice y el pulgar y la aprieto hasta doblarla. Miren”. Así diciendo llevó a cabo la proeza. Habló el ruso: “Yo tomo una moneda de un rublo entre el índice y el pulgar y la aprieto hasta que la hago cambiar de forma. Vean”. Y diciendo así cumplió la hazaña. Anunció el mexicano: “Yo tomo una moneda de 10 pesos entre el índice y el pulgar y la aprieto hasta que... ¡Ah qué  águila tan sucia! ¡Ya me ensució los dedos!”… Siempre pedimos cosas al principio de año; muy rara vez ofrecemos algo. En el comienzo de este 2014 yo pido solamente el don supremo de la vida y la salud necesaria para poder vivirla. Ofrezco que en presencia de los sufrimientos no habré de preguntar: “¿Por qué yo?”, sino: “¿Por qué yo no?”. Así me hermanaré con los que sufren, y daré gracias por todo lo vivido, por todo lo gozado. De alegría y dolor está hecha la vida. Debemos aprender a recibir por igual las dichas y las penas. Decirlo es fácil, ya lo sé; lo difícil es mantenerse con ánimo sereno cuando nos llega la aflicción. Para eso pido desde ahora fortaleza. Para eso ofrezco desde ahora gratitud… Un sujeto llegó a la pequeña fonda pueblerina y le ordenó a la mesera que le sirviera el platillo del día. La muchacha se lo trajo. “¿Qué es?”-preguntó el tipo. Respondió la meserita: “Ternera con huevos”. “Ah, vaya-dice el sujeto-. Entonces es ternero”… Himenia Camafría y Celiberia Sinvarón, maduras señoritas solteras, asistieron a la verbena que se hacía en el pueblo con motivo de la fiesta patronal. Al pasear por la plaza un hombre de no malos bigotes se le quedó viendo a Celiberia, y ella no se mostró indiferente a su mirada. Ya noche, de regreso a casa, iban pasando por un oscuro callejón cuando les salió al paso aquel sujeto, y sin decir palabra echó por tierra a la señorita Celiberia y sedó en ella su concupiscencia ante la azorada vista de Himenia. Terminada su intempestiva acción el hombre se alejó de ahí con pasos expeditos. Mientras Celiberia se componía las revueltas ropas la señorita Himenia le dijo en tono de reproche: “Noté que en el curso de esta innombrable acción te movías y agitabas como si estuvieras disfrutando el trance”. “Amiguita –respondió Celiberia-, al mal paso darle prisa”... ¿Cuál es la diferencia entre una bruja y una hechicera? Dos o tres copas de tequila… En el baño de vapor un tipo le comentó a otro: “¿Sabías que en el club te dicen Pepe el Toro?”. Preguntó el otro, vanidoso: “¿Por los brazotes?”. “No, indejo –lo corrigió el amigo-. Por los cuernotes”… FIN.

            MIRADOR

            Aquel hombre no tenía fe.

            Como no tenía fe había perdido la esperanza.

            Y como le faltaba la esperanza a nadie trataba con amor.

            Un día -triste día- murió su hija. El hombre no creía en milagros, pero amaba a su hija. Llamó entonces a San Virila y de rodillas le pidió que la resucitara. Virila puso la mano sobre la frente de la niña y ella volvió a respirar, abrió los ojos y abrazó a su padre.

            -¿Crees ahora -le preguntó Virila- en los milagros que obra el amor?

            -Sí, creo -respondió entre sus lágrimas el hombre.

            Le dijo el santo:

            -Entonces tú también has resucitado ya.

            ¡Hasta mañana!...

MANGANITAS

 “… La crisis económica se agravó en el 2013...”.

            Problemas propios y ajenos

            en el año atravesamos.

            Y sin embargo aquí estamos…

            ¡Lo demás es lo de menos!