De política y cosas peores

De política y cosas peores


Afrodisio Pitongo, galán concupiscente, consiguió al fin que Pirulina aceptara visitarlo en su departamento. Tan pronto se acomodaron en el sofá de la sala él estiró el brazo y apagó la luz. Le preguntó la chica: “¿Quieres ahorrar energía?”. “No -respondió él-. Quiero gastar toda la que tengo”... Babalucas atravesaba el estacionamiento del súper y vio a una viejecita que tenía problemas para mover su coche. Fue hacia ella y empezó a darle instrucciones: “Tuerza el volante hacia la derecha... Dele hacia adelante... Ahora tuerza a la izquierda... Dele para atrás... Ahora otro poco a la derecha... Dele otra vez hacia adelante... Ahora tuerza el volante de nuevo todo lo que pueda hacia la izquierda… Retroceda un poquito... Ya está. Ha quedado usted perfectamente estacionada”. “¡Pendejo! -le gritó la ancianita hecha una furia-. ¡Estaba tratando de salir!”… En una fiesta salió a la conversación el tema de la pesca. Dijo uno de los invitados: “La última vez que salí a pescar atrapé un robalo de 50 libras”. Dijo otro: “Yo hace un mes pesqué desde la ventana de mi cabaña un robalo más grande que el suyo. Pesó 120 libras”. El primero se amoscó. Preguntó, molesto: “¿También usted es pescador?”. “No -respondió el otro-. También soy hablador”… El coach del equipo de futbol americano le preguntó a su asistente: “¿Cómo se llama ese jugador que acabamos de contratar?’’. Respondió el otro: “Es de ascendencia polaca. Se llama Zbigniew Zstepiknovskyschawmenowskovzky’’. “Ojalá resulte bueno -expresó el entrenador-. Me encanta que los periodistas se jodan”... Don Geroncio, señor de edad madura, había contraído recientemente matrimonio con una mujer en flor de edad, y hermosa. Una noche llamó a la puerta de su departamento el vecino, hombre joven y gallardo. “¡Esto es insoportable! –le dijo a don Geroncio con enojo-. Por la ventana de su departamento se ve cuando le hace usted el amor a su mujer. Hace unos momentos estaban dando ese espectáculo que atenta contra mi alto sentido de la moral y del pudor. Vengo a exigirle, señor mío, que cuando haga eso con su esposa baje la cortina de la ventana, para que no tenga yo que ver sus intimidades conyugales”. El pobre don Geroncio se aturrulló todo. Balbuceó azorado: “¡Pero si no estábamos haciendo eso, vecino! Yo estaba leyendo un libro en la cama, y mi esposa dormía”. “Pues desde mi departamento se ve como si estuvieran haciendo el amor” -insistió el vecino. “Qué raro –se procupó don Geroncio-. Debe tratarse de una ilusión óptica”. “Si no me cree –insistió el vecino- vaya usted a mi departamento. Yo haré como que leo un libro en su cama; su esposa hará como que duerme, y usted véanos por la ventana”. Don Geroncio, confuso, aceptó la sugerencia que le hacía el tipo. Fue al departamento de éste y se asomó por la ventana. “Tiene razón el vecino –se dijo muy perplejo-. Desde aquí  se ve clarito como que si una pareja estuviera haciendo el amor”… Una señora le dijo a otra: “¡Cómo han cambiado los tiempos! Antes los jóvenes aprendían las cosas del sexo cuando se casaban. Hoy las aprenden para no tener que casarse”… Afrodisio Pitongo, galán concupiscente, y Dulcilí, muchacha ingenua, concluyeron el apasionado trance de amor que los unió en furtivo trance en el Hotel K-Magua. Al tiempo que él encendía un cigarro Dulcilí manifestó, solemne: “Quiero que sepas, Afrodisio, que si a consecuencia de esto quedo embarazada, y no te casas conmigo, me quitaré la vida”. “¡Caramba! -exclamó él sinceramente conmovido-. ¡Cómo te lo agradezco!”... El seductor galán venido de la ciudad no lograba que la lozana y fresca muchacha campesina le permitiera gozar su más íntimo encanto. “No te entiendo, Silvestra -le dijo desconcertado-. Me permites que te abrace, que te bese, que te acaricie con ardor, pero nunca me dejas que llegue hasta el final. ¿Por qué?”. Respondió ella: “Es por algo que me enseñó mi madre: ‘De la cerca lo que quieran, pero de la huerta nada’”… Comentaba muy extrañado un señor: “¿Qué tienen de raro los matrimonios del mismo sexo? Yo llevo 25 años de casado, y siempre he recibido el mismo sexo”… FIN.

Mirador

PLEGARIA.

Un pedazo de tierra para posar mi planta y ahí una huella sabia que conduzca la mía.Un rincón en el cielo donde anidar mis ansias,con una estrella, para saber que Tú me miras.

 Sobre mi frente un techo; bajo el techo una llama;un pan que nunca falte y una esposa sencilla:la esposa como el pan, alegre, buena, cálida;el pan como la esposa, de suavidad benigna.            

Un amigo y un libro. Salud, pero no tanta como para olvidar que he de morir un día.

Un hijo, que me enseñe que soy Tu semejanza.

Sosiego en el espíritu... Gratitud en en alma...Eso pido, Señor, y al final de la vida dártelo todo, a cambio de un poco de esperanza.

      ¡Hasta mañana!...

   Manganitas

“… ¡Feliz Año Nuevo!...”.

¿Nuevo año? ¡Qué a todo dar!

De gusto me vuelvo loco.

¡El año es ya de lo poco

que podemos estrenar!