De política y cosas peores

De política y cosas peores

                Solicia Sinpitier, madura señorita soltera, denunció ante el juez que el individuo al que la policía detuvo la había recargado contra la pared, y así, estando de pie ella, la hizo objeto de sus lascivos apetitos de lúbrica carnalidad y de fornicio. Opuso el juez: "Pero usted es muy alta, y el acusado aquí presente es sumamente bajo de estatura''. Explica, ruborosa la señorita Sinpitier: "Lo levanté un poquito''... Un turista norteamericano llegó al aeropuerto de cierto país de América Latina cuyo nombre no voy a revelar por razones de ética periodística. Antes de revisarle el equipaje el policía aduanal le preguntó fijando en él una mirada penetrante: “¿Trae usted películas pornográficas?”. Al visitante lo desconcertó esa pregunta. Respondió con ofendida dignidad: “No, señor. No traigo películas pornográficas”. Entonces el guardia se inclina sobre él y le pregunta en voz baja: “¿Quiere algunas?”… El barco naufragó, y el maduro señor y su joven y bella esposa se salvaron sobre un madero. A lo lejos se veía la promesa de una isla paradisíaca, de modo que el hombre no se preocupó mucho. En eso llegó nadando un forzudo marinero y trepó a la tabla. Mira a la atractiva mujer y le dice sin más al marido: “Presénteme a la dama y luego hágame el favor de retirarse”… Una súbita ráfaga de viento le levantó el vestido a doña Pasita y amenazó con arrebatarle el sombrerito que llevaba para asistir al servicio religioso. Ella se llevó las manos a la cabeza a fin de sostener el sombrero. El nieto que lo acompañaba le dice: “Abuela: el viento te está levantando el vestido, y se te ve todo. ¿Por qué en vez de detenértelo te detienes el sombrero?”. “Hijito –responde ella-. Lo que estás viendo tiene 75 años de edad. El sombrero es nuevo”… El hermanito de Pepito, recién llegado de la maternidad, se desgañitaba chillando a todo pulmón. Había derramado sobre la cama la leche del biberón, y necesitaba un cambio de pañales. Su pobre mamá se afanaba yendo de un lugar a otro, y el bebé seguía berreando tan fuerte que casi tumbaba las paredes. "Mami -preguntó Pepito-: mi hermanito ¿llegó del cielo?''. "Así es, hijito -respondió la atareada señora-. De allá nos lo mandó Diosito''. "¡Carajo! -comentó Pepito meneando la cabeza-. ¡Ahora me explico por qué se deshizo de él!”… La reforma fiscal consumada este año tiene carácter claramente recaudatorio. Se trata de que el Gobierno obtenga más dinero, aunque sacrifique más a los contribuyentes cautivos, ese grupo relativamente pequeño de ciudadanos en quienes recae el mayor peso de los gravámenes fiscales, mientras evaden su pago quienes se mantienen en la llamada economía informal, que por serlo no contribuye nada a la economía nacional. Y eso no es lo peor. Lo más grave es que buena parte de nuestros impuestos va a parar a los bolsillos de una casta política creciente cada día, a la que nos vemos obligados a mantener junto con las múltiples formas de  corrupción que de su existencia derivan. País cada vez más pobre con partidos cada vez más ricos, la política nos sale excesivamente cara, y de ella no recibimos beneficios evidentes. Necesitamos menos gobierno y más ciudadanía. Tal cosa, sin embargo, será difícil de conseguir mientras la mayoría de los mexicanos siga careciendo de los beneficios de una vida digna, entre ellos el de la educación. Y más no digo, porque ya me estoy encaboronando…Afrodisio Pitongo, hombre proclive a la concupiscencia de la carne, le pedía insistentemente a Dulcilí, muchacha ingenua, la dación a título gratuito de su más íntimo tesoro. Ella se resistía a hacer la entrega. “No batallemos –le propuso finalmente el tal Pitongo-. Vamos a echar una moneda al aire. Águila, hacemos lo que yo quiero. Sol, hacemos lo que no quieres tú”… Comentaba un misógino sujeto: “Sí que son raras las mujeres. La única vez que no miran el espejo es cuando van manejando”... La muchacha estaba leyendo un libro clásico. Le comenta a una amiga: "Me gusta esta frase latina: ‘Non plus ultra’. Quiere decir: ‘No más allá'''. "Creo que me puede servir –afirma pensativa la otra-. Cada vez que salga con un hombre me la voy a escribir en las rodillas''... FIN.

            MIRADOR

            Perdonen ustedes: quizá soy hombre de poca fe, pero cuando alguien me dice que Cristo le habla me aparto de él apresuradamente.

            En los Estados Unidos, hace tiempo, el reverendo Jimmy Swaggart, predicador protestante de gran éxito en la televisión, fue sorprendido con una prostituta en un cuarto de hotel. La prensa publicó la noticia con grandes titulares. Nuestros vecinos se interesan mucho en la religión, se interesan mucho en el sexo, y más se interesan cuando andan juntos el sexo y la religión. Los feligreses le reclamaron a Swaggart su pecado. Y él les respondió:

            -Anoche me habló Cristo y me dijo que esto a ustedes no les importa nada.

            Tengo que confesar que nunca escucho voces celestiales. Oigo, sí, en mi interior una voz pequeñita que me pide amar a Dios en sus criaturas: los hombres, los animales y las plantas, todas las cosas de la naturaleza. Pero esa voz, repito, es muy pequeña. Y se lo agradezco: si alguna vez me hablara Dios personalmente, me asustaría bastante.

            ¡Hasta mañana!...

MANGANITAS

“… Seguirá la protesta contra la reforma energética…”.

                Eso lo tengo por cierto,

                mas la protesta será

                -lo adivino desde ya-

                voz que clama en el desierto.