De política y cosas peores

De política y cosas peores

            ¿Qué iba pensando la gallinita cuando corría perseguida por el gallo? “Espero no ir corriendo demasiado aprisa”… Aquel norteamericano tenía tres amigos: un inglés, un francés y un mexicano. Se casó el estadounidense, y sus amigos acordaron que cada uno de ellos le haría una broma en su noche de bodas. El inglés dijo que calcularía el momento en que el muchacho estuviera gozando los deliquios del connubio y lo interrumpiría con una llamada telefónica. El francés anunció que él contrataría un conjunto musical que le tocara al pie de la ventana una marcha fúnebre. El mexicano se negó a revelar la broma que había preparado, pero les aseguró a los otros que sería la mejor. Cuando el recién casado regresó del viaje nupcial sus amigos le preguntaron qué le habían parecido las bromas. Contestó mohíno el novio: “Lo de la llamada telefónica no estuvo mal, y tampoco lo de la marcha fúnebre. ¡Pero voy a matar al desgraciado que me puso polvos de chile en el condón!”… Babalucas se lanzó en paracaídas. Antes de abrirlo iba consultando su altímetro: “3 mil metros… 2 mil… Mil… 500… 200… 100… 50… 10… 5… 2 metros… ¡Bah! A esta altura ya no tiene caso abrirlo”… Un hombre y una mujer llevaban cinco años viviendo en una isla desierta después de que su barco naufragó. Una tarde estaban en la playa y vieron que se acercaba un bote con gente que venía a rescatarlos. “Tardarán unos 15 minutos en llegar mi vida –le dijo el sujeto a la muchacha-. Todavía podemos echarnos el del estribo”… El joven empleado se presentó en la oficina con un bebé en los brazos. “Terminé con mi novia –les explicó a sus compañeros-, y ella me devolvió todo lo que recibió de mí”… Un enviado de Sexo sin Riesgo, organización no gubernamental encargada de difundir las ventajas de hacer el amor en condiciones de seguridad, visitó en el desierto del Sahara a una tribu de beduinos nómadas y los exhortó a practicar el sexo seguro. “Ya lo practicamos” –le informó el jefe del clan. “¿Ah sí? –se interesó el enviado-. ¿Qué medidas toman para hacer el sexo en forma segura?”. Responde el individuo: “Marcamos con una tiza blanca a las camellas que tiran patadas”… En la corte el fiscal le pidió a la testigo: “Repita usted la frase que el acusado pronunció”. “Perdóneme, señor –se disculpó la señora-. No son palabras para decirlas a un caballero”. “Comprendo –dice el abogado-. Entonces vaya y dígaselas al juez”… Tanto en la mujer como en la naturaleza la exuberancia equivale a belleza. Quizá esa frase mía no sea merecedora de ser inscrita en bronce eterno o mármol duradero, pero al menos puede grabarse en plastilina verde. Exuberantes eran las pompas de aquella chica que trabajaba en la panadería del barrio. Se llamaba Calipigia. (La muchacha, no la panadería). Bien escogido el nombre, porque en griego la palabra “Calipigia” significa “la de las bellas nalgas”, dicho sea sin culpa: así se nombra el sitio donde la espalda pierde su pudoroso nombre. El caso es que cierto día llegó un señor a quejarse de que la tarta que le habían vendido el día anterior se había puesto dura. A fin de darle otra la muchacha tuvo que subir por una escalera vertical, pues las tartas estaban en lo más alto del anaquel. Al hacer eso Calipigia puso a la vista todo su magnífico derriére, lo cual, es obvio, atrajo de inmediato la mirada del venturoso cliente. “A thing of beauty is a joy for ever”, escribió Keats en su “Endimión”. Llegaron en eso otros señores quejándose de lo mismo: la tarta que habían comprado ayer estaba dura hoy. Volvía a subir por la escalera la muchacha, y cada cliente disfrutaba la contemplación de aquellos hermosos hemisferios y de la breve prenda de encaje rojo que apenas los cubría. Llegó también don Languidio, un ancianito que vivía en el rumbo, y alcanzó a mirar los pródigos encantos que mostraba Calipigia. Lo vio la muchacha desde arriba con su tarta y le preguntó: “¿A usted también se le puso dura?”. “No –contestó don Languidio humildemente-. Pero ya estoy empezando a sentir cosquillitas”.  (No le entendí)… FIN.

            MIRADOR

                        Historias de la creación del mundo.

            Después de hacer los árboles Dios hizo las semillas de los árboles.

            Le dijo a Adán:

            -Esta semilla de manzana brotará y se convertirá en un manzano.

            Tomó Dios otra semilla y dijo:

            -Esta semilla de pera se desarrollará y se convertirá en un peral.

            Habló luego el Creador:

            -Esta semilla de encino nacerá y se convertirá en una encina.

            Finalmente el Señor le dijo a Adán:

            -En ti está la semilla de Dios. Crecerás hasta convertirte en Él.

            Nosotros no podemos ver eso, pero a pesar de todo esa semilla está germinando lentamente.

            ¡Hasta mañana!...

MANGANITAS

“… Miguel Mancera se niega a que las manifestaciones sean reguladas.

            Hace muy pobre papel

            en este y en otros temas.

            Aunque otros tengan problemas

            no quiere tenerlos él.