De política y cosas peores

De política y cosas peores

            “Tuve sexo con un hombre en la oscuridad del cuarto del archivo”. Así le dijo la linda secretaria Rosibel a su compañera Susiflor. Preguntó ésta: “¿Quién sería ese hombre?”. “No lo sé –contestó Rosibel-. Pero debe haber sido uno de los jefes. Yo tuve que hacer todo el trabajo”… Un individuo entró lleno de angustia en la oficina del doctor Duerf, psiquiatra de gran fama. “¡Necesito su ayuda, doctor! –clamó desesperado-. ¡Mi esposa, mujer hermosa, ardiente, voluptuosa y llena de sensualidad, va todas las noches al Bar Baján y se entrega al primer hombre que le paga una copa! ¡No sabe usted lo que eso me hace sufrir!”. Y diciendo eso el desdichado se cubrió el rostro y estalló en sollozos desgarrados. “Vamos, vamos, señor –procuró sosegarlo el analista-. Tranquilícese usted; no llore más. A ver: respire profundamente y responda a esta pregunta: ¿dónde está el Bar Baján?”… Don Usurino Cenaoscuras, hombre avaro y cicatero, iba una noche por la calle cuando lo abordó una suripanta. Le dijo la mujer: “¿Te gustaría hacer el amor, guapo?”. Contestó el cutre: “Sólo si lo haces como mi esposa”. “Soy diestra en artes de colchón –repuso la pendona-. Estoy segura de que puedo hacer lo que ella, y mejorar su desempeño. ¿Cómo lo hace tu esposa?”. Responde don Usurino: “Gratis”… Tres individuos llegaron al mismo tiempo al Cielo. San Pedro, el portero de la mansión celeste, les pidió sus generales: nombre, edad, y el sexo que en la Tierra habían tenido. (Al parecer en la otra vida no existe la cuestión del sexo, lo cual me lleva a preguntarme por qué se dice: “Pasó a mejor vida”). Finalmente quiso saber la causa de su óbito, finamiento, postrimería o tránsito, términos todos estos que se usan en vez de la palabra “muerte”, vocablo tan natural como la palabra “vida”, tanto que a lo mejor son sinónimos. Pero advierto que me estoy apartando del relato. Vuelvo a él. Uno de los recién llegados dijo que había muerto por un virus. Otro manifestó que su fallecimiento se debió a una bacteria. “Yo –dice el tercero- morí por un nosvio”. “¿Nosvio? –se desconcertó San Pedro-. ¿Qué es un nosvio?”. Explica el individuo: “Estaba con una mujer casada, y su marido nos vio”… Mis arduos estudios de la historia del mundo y de Saltillo me han llevado a una conclusión interesante: las izquierdas terminan siempre por tener razón. Sus utopías de hoy son las realidades de mañana; sus actuales locos y perseguidos son los futuros próceres y héroes. Por eso no critico al diputado del PRD que se encueró en la Cámara: a lo mejor mis nietos verán estatuas suyas en las cuales aparecerá en calzones mostrando en alto la Constitución. La reforma energética ha suscitado la protesta de los nacionalistas. Los estudios que arriba dije, sin embargo, me han llevado a otra interesante conclusión: nacionalismo y racionalismo muy rara vez van juntos. El racionalismo -su nombre lo señala- tiene su fundamento en la razón; el nacionalismo se basa en dogmas, mitos y proclamas. El paso del tiempo mostrará si la reforma energética fue un robo a la nación o un valeroso acto para impulsar su desarrollo. Lo que podemos decir ahora es que esa reforma no provocó un levantamiento popular, y ni siquiera manifestaciones multitudinarias. Se dirá que eso es por causa del suceso lamentable que en un crucial momento sacó de la escena pública a López Obrador. Yo me temo que más bien se debe a la indiferencia de los mexicanos por los asuntos que tienen qué ver con la política. Un pueblo pobre es un pueblo indiferente; a lo más que acierta es a ir tras un pastor o líder, sin saber siquiera a dónde lo conducirá. Pero, por favor, espérenme un momentito. Este último pensamiento me ha deprimido mucho. Mírenme: tengo el semblante triste y la mirada desvaída. Creo que mejor contaré un chascarrillo final que alivie la pesadumbre que mis palabras deben haber provocado en la República… Una señora muy sabidora de la vida decía que si un hombre quiere aspirar al título de buen marido necesita reunir diez cualidades. Debe ser: bondadoso, inteligente, educado, noble, detallista, obsequioso, trabajador, amable, dulce y obediente. Las anteriores son diez cualidades. Se encontrará la número once leyendo la primera letra de cada una… FIN.

            MIRADOR

            Llega el viajero a Nueva York y visita la gran tienda Macy’s. En ella mira un letrero de Navidad que dice: “A million reasons to believe”. “Un millón de razones para creer”.

            ¿Un millón solamente? No. El viajero piensa que hay muchísimas razones más para la fe. Miles de millones de criaturas viven en la tierra, y millones de millones de estrellas brillan en el cielo. Cada uno de esos seres y esos astros es una razón para creer. Para creer ¿en qué? En la vida. En el amor. En Dios, que es el amor y la vida. En el hombre, cuya vida encuentra su sentido en el amor…

            Y además estás tú, con todos aquellos a quienes amas y que te aman: la persona que está más cerca de tu corazón, los padres y los hermanos, los hijos y los nietos, los amigos, un perro o un gato, el calor del hogar y los recuerdos.

            “Un millón de razones para creer”…

            ¿Por qué tan pocas?

            ¡Hasta mañana!...

MANGANITAS

 “… Un diputado se desnudó en la tribuna…”.

            Se encueró antier en la Cámara…

            Y con voz algo llorosa

            dijo su señora esposa:

            “¡Nunca lo hace en la recámara!”.