De política y cosas peores

De política y cosas peores

                Ella era virgen, y rijoso él. Combinación es ésa peligrosa. Pero ya se sabe que el hombre que priva a una mujer de su virginidad tiene casi siempre una condescendiente cómplice. Fueron ella y él a un día de campo, y la vista de la naturaleza los encendió en ardimiento de pasión. Igual habrían podido ir a una fábrica de cemento: la vista del grisáceo polvo también habría puesto en ellos las urgencias de la carnalidad. El cuerpo es siempre el cuerpo, aun si está presente el alma. Cuando la materia le dice al espíritu: “Ahí te voy”, éste acaba siempre por hacerse a un lado. Y es que el cuerpo y la materia son los representantes de la vida, y la vida es todopoderosa. Advierto, sin embargo, que esas inanes elucubraciones me están apartando tanto de la materia como del espíritu de mi relato. Vuelvo a tomar el hilo de la narración. Fueron los dos a un ameno soto rodeado por cómplices arbustos y se tendieron sobre el de grama césped no desnudo. Esta  última expresión es gongorina. Ella le dijo a él: “Soy virgen. Trátame con delicadeza”. “Lo haré” –prometió el ignito galán. “Temo además –declaró ella- que la gente nos escuche”. “No te apures –la tranquilizó él-. Si mi amoroso impulso te lastima haz como vaca: ‘Mu, mu’, y yo sosegaré mis vehemencias. Si en cambio sientes deleite fruitivo, canta. Así sabré que estás gozando como yo”. Se unieron pues los dos en el ansiado abrazo. La chica hizo: “Mu, mu…”. Él se iba a detener, pero ella lo retuvo y empezó a cantar en arrobado éxtasis: “… Moon river”… Todo podrá decirse de las reformas que está llevando a cabo el régimen actual, menos que no son democráticas. Esos cambios han sido resultado del diálogo entre los partidos, de las negociaciones, de la concertación. Un avance hemos logrado que constituye una especie de seguro que debería tranquilizarnos, incluso si no estamos de acuerdo con alguna de las reformas hechas: los errores que en la democracia se cometen se pueden enmendar con los mismos medios que la democracia ofrece. Cosa muy diferente sucede en las dictaduras, donde prevalece aquel antiguo dicho según el cual el que manda manda, y si se equivoca vuelve a mandar. Estemos tranquilos, pues. Las reformas se están haciendo con tiento. Uso la palabra “tiento” no en su acepción de “ejercicio del sentido del tacto”  -“Con tiento, santos varones, que el Cristo está apolillado”-, sino en su significación de “palo que usan los ciegos para que les sirva de guía”. Así, tanteando, los legisladores han hecho los cambios conseguidos. Puede ser que el tiempo demuestre que se equivocaron. La democracia permitirá que las reformas sean corregidas, o de plano anuladas. Lo que debemos hacer, entonces, es mantener el diálogo por encima de la cerrazón que los dogmas y los tabúes traen consigo. Así podremos seguir en la tarea de convertir este país en una casa mejor, más ordenada, más próspera, más justa. (Y pon también que más barata, columnista, porque cada día sale más caro vivir en ella)… Pepito fue a visitar a Rosilita, la niña de la casa vecina. De pronto la joven y guapa mamá de la pequeña oyó que Pepito lloraba. Acudió al punto, y Pepito le dijo: “Rosilita me pegó aquí”. Y se señaló la cabeza. “Vamos, vamos –replicó la linda señora-. Con este besito se te quitará el dolor”. Y le dio un beso. “También me pegó acá” –añadió de inmediato el chiquillo señalándose la partecita en la entrepierna… La esposa de Babalucas le indicó: “Mira: el vidrio de la ventana que da al jardín está quebrado”. Sale Babalucas al jardín y después de observar el vidrio dice: “También de este lado”… Don Gerontino, señor de edad madura, se puso de rodillas ante doña Pasita y le manifestó: “Quiero hacerte dos preguntas. La primera: ¿te quieres casar conmigo?”. Respondió ella: “Sí. ¿Cuál es la otra pregunta?”. Dice don Gerontino: “¿Me ayudas a levantarme?”… La chica le preguntó a su abuela: “¿Es cierto que las mujeres que tienen las bubis más pequeñas son más inteligentes?”. “No lo sé –respondió la sabia señora-. Lo que sí puedo decirte es que mientras más grandes tiene las bubis una mujer el hombre se vuelve más tonto”… FIN.

                MIRADOR

                La Virgen de Guadalupe forma parte esencial del ser de México y de lo mexicano.

                Ya podrán los eruditos debatir sobre las apariciones de la Guadalupana: en su inmensa mayoría el pueblo cree en ellas, y cada año, en este día, le declara su amor a la Señora.

                Yo soy parte de ese pueblo, no de los eruditos. Cuando se trata de la Morenita mi fe es la del carbonero. Así, esta mañana le dije: “Buenos días, paloma blanca, hoy te vengo a saludar…”.

                En mí se hizo el milagro de la fe. No lo merezco, claro –jamás mereceré ningún milagro-, pero no sufro la orfandad que sufriría si no creyera. “La Virgen de Guadalupe te cubra con su manto”, me decía la madre de mi madre al salir yo de su casa. Así he ido por la vida, bajo ese manto protector, y así  -lo espero- iré hasta el final.

                “Buenos días, paloma blanca…”.

                ¡Hasta mañana!...

MANGANITAS

 “… Las manifestaciones serán reglamentadas…”.

                Habrá manifestación

                -aun fuera de lugar-

                a efecto de rechazar

                esa reglamentación.