De política y cosas peores

De política y cosas peores

            Él: “Haremos el amor únicamente los días que empiecen con e”. Ella: “Ningún día comienza con e”. Él: “Cómo no: el lunes, el martes, el miércoles…”… Don Redundato le preguntó a su vecino Filadelfo, hombre amable y amigo de todos: “¿Cómo le va, vecino? Vecino: ¿cómo le va?”. Y es que don Redundato tenía la costumbre de repetir siempre lo que decía. (“Nomás conmigo no ha repetido nunca” –manifestaba su señora). Respondió don Filadelfo: “Muy bien, vecino. Y usted ¿cómo ha estado?”. “Muy bien también –contestó don Redundato-. También muy bien, muy bien, muy bien”. “Me alegra saberlo –dijo aquél-. ¿Y la familia?”. “Con salud todos; todos con salud –replicó el iterativo señor-. Y en su casa ¿cómo están, eh? ¿Cómo están, cómo están, cómo están?”… Este diálogo parece sacado de una farsa o un sainete. ¿Cuál es la diferencia entre sainete y farsa? Sainetes recuerdo algunos hilarantes que vi representar en mi niñez: “Se vende una mula”; “Buscando narices”. De las farsas evoco dos divertidísimas: “Cornudo, apaleado y contento” y “Farsa y justicia del señor Corregidor”, ambas de Alejandro Casona. Eran parte del repertorio de aquel brillante grupo de la Universidad de Querétaro, “Los cómicos de la legua”, dirigido por ese gran señor a quien sin conocerlo admiro, Hugo Gutiérrez Vega. El sainete es una pequeña obra teatral, siempre en un acto y siempre cómica, que se escenificaba al final de una función o como parte de una velada literario-musical (así se decía). También se le llama sainete a un suceso ridículo o grotesco que mueve a burla o irrisión. Una farsa es una obra donde se exageran los dichos y hechos de los personajes, a quienes se caricaturiza y pone en situaciones extremadas. Igualmente se califica de farsa a una trama que se urde a fin de aparentar algo, o de engañar. Yo me pregunto: el pase de la selección mexicana a la Copa del Mundo de Futbol ¿fue sainete o farsa?... En el campo nudista el joven socio le dijo a la preciosa chica de nuevo ingreso: “Me da mucho gusto conocerte”. Contestó ella bajando la mirada: “Sí; ya lo estoy viendo”… El golfista entró corriendo a la casa club y le dijo con voz de espanto al profesional: “¡Hice un tiro; la pelota curveó, le pegó en la nuca a una señora y la mató! ¿Qué debo hacer?”. Responde el individuo: “Agarre el bastón un poco más abajo, y no gire tanto la cintura”… “Estoy haciendo una encuesta sobre sexo –le informó el visitante al jefe de la casa-. Dígame: ¿cuántas veces por semana hace el amor con su mujer?”. “Cuatro” –respondió el señor. “Qué interesante –comentó el encuestador-. Su vecino lo hace nada más una”. “Eso se explica –manifestó el señor-. Yo tengo más derechos que él; después de todo soy el marido de la señora”… Un hombre caminaba por la playa y vio en la arena una lámpara de forma extraña. La frotó para limpiarla, y apareció un genio de oriente. Le dijo al individuo: “Puedo hacerte un hombre rico o un hombre sabio. ¿Qué escoges? ¿El dinero o la sabiduría?”. “La sabiduría” –respondió sin vacilar el tipo. Al instante se encontró dueño de un saber inmenso. A su lado el más grande filósofo –Sócrates, Aristóteles, Platón- era un maistro de la CNTE. Ni siquiera en Saltillo, ciudad conocida con justicia como la Atenas de México, había nadie que supiera lo que él. Su fama corrió pronto por el mundo. Cierto día lo invitaron a dar una conferencia en una importante universidad europea. Le pidió el decano, tembloroso de emoción: “Es usted el más sabio de los hombres. Díganos algo que resuma su sabiduría”. Respondió el sujeto, mohíno: “Debí haber escogido el dinero”… La recién casada despertó a su flamante maridito. Le dijo con alarma: “Alguien anda abajo”. El muchacho se asomó por la escalera, y volvió al punto. “Es un ladrón –le dijo en voz baja-. Se está comiendo los restos de la cena que me hiciste”. “¡Haz algo!” –le pidió ella con inquietud. Vaciló él: “Es que no sé si llamar a la policía o a la Cruz Roja”… La esposa de don Languidio le preguntó al agente de pompas fúnebres: “¿Cuánto cobra por medio funeral?” Antes de que el tipo pudiera manifestar su asombro por esa rara pregunta explicó la señora: “Es que mi esposo está muerto de la cintura para abajo”… FIN.

            MIRADOR

            El arcángel San Miguel y el ángel soberbio, Luzbel, combatieron durante días.

            El golpe de sus espadas atronó el universo, y al fragor de su lucha se agitó el mar y los cielos se agitaron.

            Al final de la terrible batalla el arcángel resultó vencedor. La soberbia de Luzbel quedó abatida.

            Y sentenció el Señor:

            -En adelante, Miguel, vivirás en las alturas con los serafines y los querubines. Luzbel será habitante de la Tierra, al lado de las mujeres y los hombres.

            Preguntó el arcángel, consternado:

            -¿Por qué, Señor? Yo gané la pelea.

            ¡Hasta mañana!...

MANGANITAS

 “… Las manifestaciones serán reglamentadas…”.

            Habrá manifestación

            -ya se anuncia hora y lugar-

            con objeto de frenar

            esa reglamentación.