De política y cosas peores

De Política y Cosas Peores

Cuando mi novia y yo nos casamos –de esto hace 49 años- éramos inmensamente ricos. Lo único que no teníamos era dinero. Así, no pudimos ir de luna de miel a Acapulco, lugar de moda entonces para los lunamieleros. En su lugar fuimos a Guadalajara, y eso porque el sacerdote que nos casó, el inolvidable padre Luis Manuel Guzmán, nos consiguió alojamiento sin costo en la bellísima ciudad. Un año después regresé a ella.

Entonces sí salí a la calle y pude conocer sus hermosuras. Con mi joven esposa -19 años tenía- fui a Chapala. Un lanchero nos llevó a la isla de Los Alacranes. Ella llevaba suelta su cabellera rubia, tan larga que le llegaba a la cintura. Se adentró unos pasos en la pequeña isla mientras yo preparaba mi Kodak para tomarle una fotografía.

Y sucedió entonces algo que pudo haber tenido fatales resultados. Un enjambre de abejas llegó de pronto y le cubrió todo el cabello, seguramente atraídas por su aroma.

El lanchero se espantó: “¡Son salvajes!” –exclamó asustado. Ella, atemorizada, no sabía qué hacer. Le dije: “¡Nada más no te muevas, güerita! ¡No te muevas!”. Ella permaneció absolutamente quieta –la amada inmóvil-, y poco a poco las abejas se fueron alejando. Ninguna le hizo daño; no sufrió ni una sola picadura.

Recordé eso ahora que mi novia y yo –todavía es mi novia- volvimos a Guadalajara. En día inolvidable disfrutamos las galas de gula de la fonda “Los Burritos de Moyahua”, y el cálido afecto de su personal y su clientela. Nuestros buenos amigos Omar y Paty tuvieron la magnífica ocurrencia de aposentarnos en un muy lindo hotel a la orilla del lago de Chapala. Cerca estaba la isla de Los Alacranes.

No pude ver bien el lago, ni la isla, pues había una especie de neblina. Cosa extraña: me dijeron después que ese día no había bruma. Pensé que quizá la niebla estaba solamente en mis ojos, pero inmediatamente deseché ese pensamiento, pues me pareció cursi, y la cursilería no cuadra con mis años. Fuimos al malecón; caminamos por la ribera llena de garzas de plumaje blanco; pasamos por la caseta donde se contratan las lanchas, con su modesto anuncio que a la letra dice: “Sociedad Cooperativa de Transporte Marítimo”, y entramos luego en el templo parroquial, de torres como las de la catedral tapatía, sólo que un poco más pequeñas.

Ahí visitamos a la Virgen de Zapopan, declarada Reina del Lago de Chapala. Yo soy devoto de la Madre Virgen –lo seré hasta el último instante de mi vida-, y la saludo con amor en cualquiera de sus advocaciones, todas bellas, iluminadas todas con la luz que da la fe. Si a alguien esto que digo le parece cursi, que con su pan se lo coma. Otra visita hice también, a la estatua de Pepe Guízar, el Pintor Musical de México, que tantas canciones nos dejó, entre ellas la inmortal “Guadalajara”. ¡Cuántas cosas bellas tiene Chapala a más de su precioso lago! Sus habitantes –los nacidos ahí y los ahí llegados- sienten orgullo de ese lugar que a todos los mexicanos nos dice algo, y lo cuidan con amoroso celo.

Yo pido que los hombres no dañen lo que hizo la naturaleza, de modo que se conserve en todo su esplendor ese hermoso sitio, para que lo conozcan y disfruten nuestros hijos y los hijos de ellos… Frente a la librería se formó una larga fila. Quienes en ella estaban pedían todos el mismo libro: “Las 100 mejores posiciones”.

El gerente le dice desconcertado a uno de sus ayudantes: “Jamás pensé que alcanzaría tanto éxito un libro de ajedrez”… Este pobre señor llamado Orugo tenía muy baja su autoestima.

Cuando hacía el amor con su esposa su fantasía erótica consistía en pensar que ella estaba con otro hombre… Bonvi Van T., play boy, hombre de mundo, suele decir a sus amigos: “Es falso eso de que el dinero no compra la felicidad. Lo que pasa es que hay que saber dónde ir de shopping”…

“Pero, mamá, ¿por qué no puedo usar brassiére, zapatos de tacón alto y minifalda? ¡Ya tengo 15 años!”. “Sí, pero ese atuendo no te va bien, Wilderito”… Dos parejas fueron de camping. Al llegar la noche las mujeres ocuparon una tienda de campaña y los hombres otra.

En medio de la oscuridad uno de los maridos le dijo al otro: “Ha de ser el aire de la montaña, pero siento una tumefacción que hacía mucho tiempo no tenía. Voy a llamar a mi mujer”. “No lo hagas –le recomienda el compañero-. Lo que estás agarrando es mío”. (No le entendí)… FIN..