De política y cosas peores

De Política y Cosas Peores

El señor le mostró con orgullo su hija recién nacida a su compadre: “Mire qué linda está la niña, compadrito -le dijo lleno de felicidad-. Mis mismos ojos, mi misma frente, mi misma nariz…’’. “Sí, compadre -confirmó el otro-. Y en la pompis izquierda el mismo lunar que tiene ahí mi comadrita’’...

El doctor le informó a Hornelio: “Los exámenes que le practiqué no dejan ningún lugar a dudas. Es usted absolutamente estéril, y lo es de nacimiento’’. Hornelio quedó sumido en un profundo silencio. Le preguntó, apenado, el médico: “¿Lo entristeció esto?”. “No –respondió Hornelio-. Estoy pensando cómo darle la noticia a mi esposa. Tiene tres meses de embarazo, y enterarse de esto puede hacerle daño’’...

En la feria ganadera se exhibía un toro de registro, finísimo semental llamado El Saltillero, de gran renombre en la comarca. Tan famoso era ese toro que había que comprar un boleto para poder entrar a verlo. Llegó un granjero y le dijo al dueño del ejemplar: “Señor: queremos ver su toro, pero no tenemos suficiente dinero para todos los boletos. Somos mi esposa, mis 23 hijos y yo’’. “¿23 hijos? -exclamó el propietario del bovino-. Espere aquí, por favor. Voy a traer al toro para que lo vea a usted’’...

En Buenos Aires una muchacha le informó a su padre: “Me quiero casar, viejo’’. “¿Pero para qué se quiere usté casar, pebeta? –se inquietó el porteño-. ¿Acaso no es feliz aquí?’’. “Si lo soy –replicó la muchacha-, pero a mi novio Segundo la soltería le hace sombra, y me hizo esa proposición de matrimonio’’. “Medítela’’ –le aconsejó el preocupado genitor. Respondió la chica: “Ya me la medí, y me quedó muy bien’’. (No le entendí)… Hefestino era dueño de una vulcanizadora. En su noche de bodas puso a su mujercita en la tina de baño para ver si no echaba burbujas, y confirmar de esa manera su virginidad. (¿Y a ti ella no te metió en la bañera, machista descastado?)… El señor fue al super con su pequeño hijo. En el departamento de carnicería tomó un pollo y empezó a palparlo. Le preguntó el chiquillo: “¿Por qué agarras tanto ese pollo?’’. Respondió el señor: “Es para ver si tiene buena carne, y comprarlo’’. Al oír eso el chamaquito mostró preocupación. “Entonces –le preguntó a su padre- ¿el vecino va a comprar a mi mamá?’’...

“¡Ahora caigo!” –exclamaban los personajes de las viejas comedias españolas cuando al fin daban con el busilis de algo. También decían: “¡Ahora lo comprendo todo!”. Pues bien: ahora entiendo yo por qué el Gobierno necesita más dinero y se dispone ya a exprimir a los contribuyentes para obtenerlo de ellos: porque debe pagar sus pensiones a los disidentes del SME, y sus sueldos íntegros a los paristas de la CNTE. En todas partes pagar impuestos provoca reconcomio, pero al menos en las naciones civilizadas los ciudadanos miran cómo lo que entregaron al fisco se convierte en obras de beneficio para la comunidad.

Nosotros, en cambio, vemos que el dinero que ganamos con nuestro trabajo se aplica al sostenimiento de una casta política que crece cada día más, o lo miramos desaparecer en los pantanos de la corrupción y en sobornos que se pagan a grupos de chantajistas que cobran por dejar a la ciudadanía en paz, y que una vez comprados se están quietos sólo el tiempo necesario para organizar nuevas algaradas y plantear renovadas exigencias. Esos grupos le sacan dinero al Gobierno. ¿De dónde lo sacará él sino de nosotros? Los mal llamados maestros de la CNTE no trabajan, pero el contribuyente sí trabaja para que a ellos no les falte su salario. ¿Se asombrará entonces el Gobierno de que los ciudadanos paguen sus impuestos con acompañamiento de mentadas de mamá? (Nota: Qué feo se oyó esto último, pero qué cierto es)…

Pirulina, muchacha sabidora, casó con Meñico Maldotado, infeliz joven con quien se mostró avara la naturaleza en la región correspondiente a la entrepierna. Al empezar la noche de las bodas Meñico dejó caer con estudiado ademán la bata de seda roja que lo cubría (Burlington, 19.99 Dlls.). Le vio Pirulina la alusiva parte y le dijo a su flamante maridito: “Me haces recordar al médico que me ponía las inyecciones cuando yo era niña”. “¿Por qué?” –quiso saber Meñico. Respondió Pirulina: “Siempre me decía: ‘Ahora viene un piquetito tan insignificante que ni siquiera lo vas a sentir”… FIN.