De política y cosas peores

De Politica y Cosas Peores

Don Chinguetas se enteró de que un vecino requebraba a su mujer, doña Macalota, y le dedicaba piropos encendidos. La robusta dama tenía mucho vello en los brazos, y el procaz vecino le decía al paso: “¡Mamasota! Si así tienes la Villa ¡cómo tendrás La Lagunilla!”. Cierto día el ofendido esposo se topó con el salaz sujeto. Lo encaró y le dijo con tono amenazante: “Si sigue usted cortejando a mi mujer…”.

El hombre irguió toda su estatura –el caborón medía 2 metros- y le contestó a don Chinguetas, retador: “¿Qué?”. “¡Se la dejo!” –completó él en tono más amenazador aún… El recién casado se veía flébil, escuchimizado, cuculmeque. Le preguntó un amigo: “¿Por qué te ves así, agotado?”. Contestó el desmadejado joven: “Es que mi esposa es muy maternal”. “No entiendo” –dijo el otro. Explicó el lacerado: “Cada vez que termino de hacerle el amor me toma en sus brazos y me da palmaditas en la espalda, como a los bebés, para que repita”… Empédocles Etílez, el borrachín del pueblo, iba cae que no cae haciendo eses –y emes, y oes, y efes, y equis- por la calle.

Acertó a pasar por ahí el buen Padre Arsilio, y al verlo en tan lamentable estado le habló con tono al mismo tiempo de reproche y conmiseración: “¡Ay, hijo! ¡Se me hace que no te voy a ver en el Cielo!”. Inquirió, consternado, el temulento: “¿Pos qué hizo, padrecito?”… Capronio, sujeto ruin y desconsiderado, le dijo a su mujer, que en ese momento salía de la ducha: “Cada día más cuero”. “¡Gracias, mi amor!” –se alegró ella al escuchar aquel desusado cumplido. “Más cuero te cuelga” –remató el insolente bribón. (Nota: Hombres así merecen morir en el finibusterre, que así llamaban a la horca los hampones del siglo antepasado; del latín finibus terrae, en los finales de la tierra. Hampones culteranos deben haber sido esos tales, no como los de ahora)… Un tipo le preguntó a otro: “¿Puede alguien decirte algo que al mismo tiempo te cause pesadumbre y satisfacción?”. “Claro que sí –le contestó el amigo-. Mira: le acabo de hacer el amor a tu mujer, y me dijo que en la cama eres mucho mejor que yo”. Este pasado lunes viví algo que me llenó a la vez de gozo y de tristeza. Sucede que a una escuela primaria de mi ciudad, Saltillo, le fue impuesto el nombre de mi madre, Carmen Aguirre de Fuentes. Los padres de familia acordaron ese homenaje para ella por su calidad de maestra, mujer de teatro y letras y pionera de la lucha de la mujer por sus derechos. Con mis hermanos asistí al bello acto en que se hizo oficial el nombre de la escuela.

Es un plantel sencillo, situado en un barrio populoso en el rumbo donde termina la ciudad por el lado noroeste. Sus instalaciones son modestas, y están aún en construcción. No hay todavía, por ejemplo, oficina para la dirección, y dos de sus aulas son de las llamadas móviles. Sin embargo el personal docente y los pequeños escolares trabajan cada día con empeño en esa bella tarea que es la de enseñar y aprender. Yo, que fui maestro durante 40 años –en el aula; frente al grupo; no comisionado- sentí emoción al ver la admirable labor que se realiza ahí, en un medio lleno de carencias y dificultades. Me alegré por las niñas y niños de la escuela, atendidas por maestras y maestros dedicados a su labor, generosos en su entrega e imbuidos de su responsabilidad.

Gracias a educadores como ellos se abre ante los pequeños escolares un horizonte mejor, más claro y promisorio. Eso, lo dije, me llenó de emoción y me alegró. Sentí tristeza, sin embargo, al pensar en la suerte tan distinta de cientos de miles de niños en Oaxaca y otros estados del país dominados por esa lacra llamada CNTE, que algunos se empeñan neciamente en considerar organización de lucha social y sindical, y que es en verdad un centro de corrupción y de chantaje para obtención de medro personal y preservación de indebidos privilegios. Doy gracias a quien corresponda por vivir en una ciudad como la mía, donde alienta el noble espíritu de la Centenaria y Benemérita Escuela Normal de Coahuila –en ella también me eduqué yo-, y doy gracias también por su gentileza y atenciones a la directora, a las maestras y maestros, a los padres de familia y a las niñas y niños de la Escuela Primaria Carmen Aguirre de Fuentes. (¡Qué nombre tan hermoso!)… FIN.