De política y cosas peores

De Politica y Cosas Peores

El señor de cierta edad sintió ímpetus rejuvenecedores. Se pintó el pelo (le quedó colorado, como si se lo hubiese pintado con menudo), adoptó vestimenta juvenil, y se compró un automóvil deportivo rojo. Jaque y bravucón le dijo a su esposa: “Cuando me vean en este coche, las muchachas se van a subir solas’’. “Sí -respondió fríamente la señora-. Lástima que la palanca esté en el piso’’. (No le entendí)...

El lord inglés iba a dar una fiesta, y necesitaba un violinista. Fue a una agencia artística y ahí le recomendaron a uno. “¿Toca bien?’’ –preguntó el lord. “Señor -le aseguró el agente-, es un virtuoso’’. “Sólo quiero saber si toca bien -replica el contratante-. Nada me importa su moralidad’’...

La chica soltera que mostraba una sospechosa inflamación en la cintura se puso frente al espejo y le preguntó con acento gemebundo: “Espejito, espejito: dime quién es el papá de mi hijito’’...

En el bar dos sujetos intercambiaban confidencias sobre aspectos muy íntimos de su vida conyugal. Dice uno: “Yo sé que mi mujer está disfrutando del acto del amor cuando empieza a gritar: ‘¡Oh! ¡Ah! ¡Ay! ¡Así! ¡Así! ¡Así! ¡Oh! ¡Ay!’’’. Comentó el otro: “Yo creo que sólo en una ocasión mi esposa estuvo cerca de disfrutar la intimidad conmigo’’. “¿Ah sí? -se interesa el amigo-. ¿Cómo te diste cuenta?’’. Responde el individuo: “Es que dijo en el teléfono: ‘Voy a colgar por un momento, Gwendolina. Ahorita te vuelvo a llamar’”…

Himenia Camafría, soltera y ya de edad, era cortejada por un caballero. Muy entusiasmada le dijo Himenia a su amiguita Celiberia: “Creo que Geroncio tiene intenciones matrimoniales’’. “¿Por qué supones eso?’’ -preguntó Celiberia. “Se pone muy romántico -respondió Himenia-. El otro día quiso saber si ronco’’...

Don Poseidón, viejo prepotente, fue a consultar a un médico. “¿Cuál es su problema?’’ -quiso saber éste. “Para eso le pago -contestó con un gruñido el vejancón-. Usted es el que debe decirme cuál es mi problema’’. “Entonces ahora vengo -replicó el facultativo-. Voy a traer un amigo mío, veterinario. Él sí puede averiguar lo que tiene el paciente sin interrogarlo’’...

De las reformas propuestas por la administración la que ha provocado más oposición es la hacendaria. Se le califica de meramente recaudatoria, y muchos entendidos piensan que lejos de alentar la inversión y la productividad atentará contra ellas. Todo indica, sin embargo, que esa reforma saldrá adelante, como las otras que propuso Peña Nieto, quizá con modificaciones leves, como la supresión del impuesto a las colegiaturas, puesta en el plan general quizá con la intención deliberada de quitarla luego como graciosa concesión a las galerías. Lo cierto es que la carga fiscal recae sobre un número relativamente pequeño de contribuyentes cautivos, y sobre ellos volverá a caer el peso mayor de estas reformas.

El principio que inspira los cambios es el de siempre: “El que más tiene que más pague”. No es errada esa proposición, pero mejor sería esta otra: “Que todo el que deba pagar pague”. Los cambios en la política fiscal, dicen los observadores, inhibirán la inversión y serán causa, por lo mismo, de desempleo y desocupación.

Si yo pudiera describir la situación que guarda el contribuyente mexicano lo haría dibujando una pirámide invertida. El peso mayor de los impuestos gravita sobre un número muy reducido de contribuyentes, en tanto que muchos escapan a los intentos de recaudación de una administración cada vez más voraz y cada día más ineficiente. Y ya no le sigo, porque estoy muy encaboronado… Junto al galán que la pretendía la ingenua muchacha empezó a arrancar uno a uno los pétalos de una margarita al tiempo que iba diciendo: “Me quiere, no me quiere; me quiere, no me quiere’’. Al arrancar el último pétalo exclamó jubilosamente: “¡Me quiere!’’. “Tiene razón la margarita -dijo el galancete-. Ahora pregúntale: ‘Me quiere ¿qué?’’’…Un petrolero texano se presentó ante el juez a pedir el divorcio. “¿Por qué quiere divorciarse de su mujer? –preguntó el juzgador. “Por fraude’’ -dijo el otro. “¿En qué forma lo defraudó su esposa?’’ -se intrigó el juez. “Me engañó con otro hombre’’ -explica el individuo. “Eso no es fraude -lo corrige su señoría-. Es adulterio’’. “Para mí es fraude -replica el petrolero-. Yo tenía el derecho exclusivo de perforación’’… FIN.