De política y cosas peores

De Politica y Cosas Peores

Don Martiriano, el abnegado esposo de doña Jodoncia, le comentó a un amigo: “Sospecho que mi mujer pertenece a una banda de extorsionadores. Me llama por teléfono, me insulta y me exige dinero en medio de terribles amenazas”…

“Me traes de cabeza…” –le dijo el guapo y joven cliente a la mesera feíta y madurona. “¡Ay, señor!” –se ruborizó ella. “… de costilla y de lengua” –completó el cliente su orden de tacos…

Doña Macalota, esposa de don Chinguetas, recibió una invitación para una merienda con amigas. “No puedo ir –respondió-. Hoy es el día que sale la sirvienta, y debo quedarme a cuidar a mi esposo y a mis hijos”. Una semana después la volvieron a invitar: “Tampoco hoy puedo ir -repitió doña Macalota-. Hoy es el día que salen los niños, y debo quedarme a cuidar a la sirvienta y a mi esposo”…

Contó la actriz de cine en una fiesta: “Nos conocimos, nos casamos y nos divorciamos. ¡Qué fin de semana!”… Nalgarina Grandchichier, vedette de moda, hizo una interesante reflexión. “Todos los hombres que tienen departamento de soltero –comentó- son casados”…

Capronio, sujeto ruin y desconsiderado, le dijo a su mujer: “Cuando tengo algún problema veo tu retrato, el que traigo en la cartera, y el problema desaparece de inmediato”. “¿De veras?” –se alegró ella. “Sí –confirmó el majadero-. Me pregunto: ‘¿Qué problema puede ser mayor que éste?’. Y el problema que traigo, por grande que sea, desaparece al punto”…

Doña Sufricia le dijo a la trabajadora social: “En nuestra casa tenemos un problema de mantenimiento. Mi marido no nos puede mantener”…

Ovonio Grandbolier, el hombre más perezoso de la comarca, fue a ver al médico. Se quejaba de insomnio. “-Duermo bien de 10 de la noche a 11 de la mañana -dice al facultativo-, y también de 2 a 6 de la tarde. Pero de 8 a 10 de la noche batallo mucho para agarrar el sueño”...

Llegó una señora al Cielo y pidió que la llevaran al lado de su esposo, que seguramente también estaba ahí. “-¿Cómo se llama tu marido?” -le pregunta San Pedro. “-Se llama Juan” -responde la mujer. “-Juanes hay muchos en el Cielo -le indica el portero celestial-. ¿Cuál es su apellido?”. “-Pérez -contesta la señora-. “-Estamos llenos de Pérez -vuelve a decir San Pedro-. Mis propios hijos se apellidan así. Tendrás que darme alguna seña particular que nos ayude a identificarlo”. Recuerda la mujer: “-Una vez me dijo que se daría una vuelta en su tumba cada vez que yo lo engañara con otro hombre”. “-Ya sé quién es” -dice San Pedro. Llama a un ángel y le dice: “-Ve y dile al Trompo Pérez que aquí lo buscan”...

Varias señoras cambiaban impresiones acerca de la mejor manera de alimentar a sus hijos. “-Si no se les da pecho -aseguraba una-, se crían débiles y enfermizos”. “-¡Mentira! -replica una señora ya grande, de experiencia-. Mi hijo Saturio está grandote, fuerte y sano, y no supo de pecho sino hasta que se casó”... “...

Le propone el recién casado a su flamante mujercita: “No quiero que nuestro matrimonio sea aburrido. Saldremos a divertirnos tres noches por semana”. “¡Fantástico! -se alegra la muchacha-. Tú saldrás los lunes, miércoles y viernes y yo los martes, jueves y sábados”...

Termina esta sección con un cuento de subidísimo color. Las personas que no gusten de leer cuentos de subidísimo color, y menos en domingo, deben saltarse hasta donde dice FIN…

Llegó una señora al consultorio del doctor Molar, odontólogo de fama, y sin decir palabra empezó a desvestirse. Desconcertado, le dijo el odontólogo: “Me temo que sufre usted una equivocación, señora. El consultorio del ginecólogo está en el segundo pido”. “Ninguna equivocación –respondió la mujer con acritud-. Usted le puso la dentadura a mi marido; usted la tiene qué sacar”… (No le entendí)… FIN.