De política y cosas peores

Plaza de almas

Se llamaba Filomena, porque nació un 10 de agosto, pero todos la llamaban Filito. Era la tonta del pueblo. Muchos tontos había ahí, pero ella era la única certificada. Estaba aireadita. Esa expresión se usaba para explicar la debilidad mental. Se suponía que en el momento de nacer le había entrado aire a la cabeza -por las orejas, por la nariz; quién  sabe-, y ese viento ocupó buena parte del lugar que le correspondía a la sesera. Filito vivía en un perpetuo estado de beatitud. Era feliz. “¡La inocente!”, se condolían las vecinas. A sus 30 años andaba siempre con una sonrisa en los labios. A todos, grandes y chicos, míseros y potentados -porque en el pueblo había potentados: el dueño de la tienda de abarrotes, el notario, el recaudador de rentas-, a todos, digo, Filito los saludaba con las mismas palabras y con igual sonrisa: “¿Cómo te va?”. Al señor cura lo saludaba igual: “¿Cómo te va?”. El sacerdote se amoscaba. Decía en su interior: “¡La tonta!”. En su exterior no decía nada, por aquello de la caridad cristiana. Filito iba todos los días a la iglesia. Pasaba frente a las imágenes de los santos y las santas y les daba el saludo acostumbrado: “¿Cómo te va?”. Les sonreía, como a las personas. Saludaba a Santa Eduwiges, cuyo manto mostraba las flores en que se convirtieron los panes que su marido le prohibió dar a los pobres. Saludaba a San Pedro Mártir, con el hacha clavada en la cabeza y a sus pies la palabra “Credo” que con su sangre escribió en la tierra cuando cayó herido de muerte. Saludaba a San Nicolás de Tolentino, y saludaba también a la perdiz que el santo llevaba sobre el hombro como símbolo del milagro que hizo cuando en una comida alguien negó que Cristo hubiera resucitado. ¿Quién puede vencer a la muerte? Para probar que la resurrección de la carne es posible San Nicolás volvió a la vida a la perdiz que estaba ya en el plato, cocinada. Al santo que Filito saludaba más, y con  mayor sonrisa, era a San Antonio. Era muy bonito, y tenía en los brazos al Niño Jesús, que sonreía también. Circulaba en el pueblo un dicho irreverente. Cuando a alguien le preguntaban: “¿Cómo estás?”, el interrogado solía responder: “Como el Niño de San Antonio: riéndome, pero con la estaca atrás”. Y es que el imaginero que hacía las efigies del santo clavaba al Niño de nalguitas en una pequeña estaca, para que ahí se sostuviera. San Antonio era muy visitado por las muchachas del lugar. Le llevaban un listón para que les consiguiera marido. El listón medía lo que debía medir el anhelado esposo. Las doncellas sobornaban al santo llevándole 13 monedas, y secretamente lo amenazaban con que si no les enviaba un hombre lo pondrían de cabeza. Cierto día el cura se quedó pasmado al ver que Filito llegaba y le ponía un listón a San Antonio. Fue hacia ella y le preguntó con sorna: “¿Andas buscando novio, Filito?”. Respondió ella: “¿Cómo te va?”. Y le sonrió. “Te pregunté -repitió el párroco, molesto- si andas buscando novio”. “Oh, no -dijo Filito-. Yo no puedo tener novio. Soy tonta”. “Y entonces ese listón ¿para qué es?”. Contestó Filito: “Es para que San Antonio encuentre esposa. Pobrecito, está muy solo. No tiene quien le lave y le planche, y le haga la comida, y le cuide a ese niño. Necesita una mujer. Todos los hombres necesitan una mujer”. El cura hizo un gesto de disgusto y se marchó. Iba pensando: “¡La tonta!”. Y miren ustedes lo que sucedió. Fue en la feria del pueblo. De la ciudad vino un matrimonio que tenía también un hijo aireadito, de la misma edad que Filomena. Lo vio Filito y le dijo: “¿Cómo te va?”. Y le sonrió. El tontito también le sonrió a ella, feliz. Luego se tomaron de la mano, igual que si se conocieran desde siempre. Sus papás no los cuidaron bien -o de intención los descuidaron, no lo sé-, el caso es que poco tiempo después tuvieron que casarlos. Y el niño que llegó no nació aireadito. Milagro de San Antonio, dijo el cura. Lo dijo al exterior, pero en el interior se dijo: “Menos mal que el listón le consiguió marido a Filito, y no mujer a San Antonio. A él la Iglesia lo necesita célibe”. Y pensó luego con algo de tristeza: “Igual que a mí”... FIN.

MIRADOR

Historias del señor equis y de su trágica lucha contra La Burocracia.

El Funcionario del Estado se colocó frente al espejo. Arrugó el ceño, endureció su gesto y dijo luego:

-¡Grrr!

Se alejó un poco, y en seguida se volvió a poner ahí. Cerró los puños e hizo:

-¡Arrgh!

De nuevo se retiró unos pasos, regresó, se plantó otra vez ante el espejo y exclamó con mirada fiera:

-¡Ughhh!

Hizo todo eso porque El Más Alto Funcionario del Estado había hecho llamar a Los Funcionarios del Estado y les había dicho:

-En estos tiempos es muy necesario sentir indignación. Vayan ustedes a ensayar. Los quiero a todos indignados.

¡Hasta mañana!...

MANGANITAS

“... Expulsan al sacerdote Solalinde de Ayotzinapa...”.

Le piden que se deslinde

y que ya no hable de más.

Quieren que los deje en paz

y se vaya Solalinde.