De política y cosas peores

DE POLÍTICA Y COSAS PEORES

El trabajador social le preguntó al sujeto que pedía la ayuda de la beneficencia pública: “¿Cuántos hijos tiene usted, don Fecundino?”. Respondió el tipo, orgulloso: “14, y hombre en tercera”. Volvió a inquirir el otro: “¿Por qué tiene tantos hijos, teniendo tan pocos recursos?”. Explicó el individuo con franqueza: “Es que me gusta mucho follar”. Declaró con severidad el investigador: “A mí también me gusta mucho fumar, pero de vez en cuando apago el cigarro”. Replicó don Fecundino: “Yo también apago lo mío, pero la única manera de apagarlo es follando”. Un individuo que vestía bata blanca  le preguntó muy agitado al gendarme de la esquina: “¿No vio pasar corriendo a un individuo lleno de sangre, con una herida grande en el cachete, una rajada en el cuello y una oreja partida a la mitad?”. “No lo vi” -respondió el guardia. Dice muy enojado el tipo: “El desgraciado escapó de mi peluquería sin pagarme la rasurada”. Una bella turista le dijo al oficial de la guardia escocesa: “Siempre he querido saber qué llevan ustedes los escoceses abajo de su falda”. Respondió el oficial: “Señorita: los escoceses somos hombres de pocas palabras. Permítame su mano”. Un joven tartamudo se presentó a pedir trabajo como vendedor. El jefe de personal le preguntó: “¿Tiene usted facilidad de palabra?”. “No-no -se-se-ñor -respondió el solicitante-. Na-na-da más de sí-sí-la-ba”. Doña Macalota, nueva rica, llegó a un hotel de lujo en la playa. Sus amigas le habían dicho que al llegar no cargara ella misma su maleta; que requiriera los servicios de un bell boy. A ella se le olvidó la palabreja, y le dijo al encargado de la recepción: “Consígame un play boy”. “Lo siento, señora -respondió con voz ácida el encargado-. Esa clase de servicios no los proporciona el hotel”. En el cine un muchacho y su novia estaban entregados a toda suerte de amorosas caricias encendidas. Una señora que se hallaba al lado se molestó por aquella concupiscente demostración de arrebatado deliquio pasional, y les dijo: “¿Por qué no van a hacer sus cosas a un motel?”. Respondió el muchacho: “Lo mismo le propongo yo a ella, señora. Ayúdeme a convencerla”. El próximo 7 de junio los sonorenses elegirán gobernador. Estuve recientemente en Hermosillo, y ahí se considera seguro el triunfo de Javier Gándara, postulado por el PAN, sobre Claudia Pavlovich, la candidata del PRI, o más bien de Manlio Fabio Beltrones. Hay un gran disgusto entre los priistas de Sonora por la que consideran una imposición que desde el principio los puso en clara desventaja frente a Gándara, hombre que goza de prestigio en la comunidad y que además fue un buen alcalde de Hermosillo. Piensan que la postulación de la señora Pavlovich es un regalo que la cúpula del PRI hizo a Beltrones, quien funge en la capital como señor y dueño de Sonora. Una victoria priista fortalecería un cacicazgo que los sonorenses en forma unánime repudian. La voz general dice que de llegar Claudia Pavlovich a la gubernatura el verdadero gobernador sería Manlio Fabio. Eso explica por qué destacados militantes priistas están ahora apoyando a Javier Gándara. Independientemente de partidos piensan que él defendería mejor los intereses de Sonora y de los sonorenses, pues lo consideran hombre honesto, con experiencia y capacidad de gobernar, y a quien nadie maneja. Esperemos que ninguna trapacería enturbie esta elección. El señor elogiaba ante los invitados las virtudes de su mujer. Les dijo: “Marrulla es una excelente ama de casa”. Ella, ruborosa, confirmó: “En efecto; modestia aparte soy una buena ama de casa”. Prosiguió el esposo: “También administra muy bien nuestro dinero”. “Así es -declaró con humildad-. Aunque me esté mal el decirlo creo que lo administro bien”. El señor continuó sus ditirambos: “Además es una magnífica cocinera”. “Favor que me haces -replicó ella, tímida-. Pero, de veras, creo que no cocino tan mal”. Concluyó el marido: “Y como si todo eso fuera poco, esta mujer maravillosa siempre me ha sido fiel”. Se oyeron entre los invitados tosecitas y risas contenidas. “Ay, Segatto -dijo ella algo turbada-. En ese renglón creo que exageras un poquito”.FIN.

MIRADOR

A fin de hablar con Dios el padre Soárez solía ir al bosque.

-Ahí estoy siempre -le decía el Señor.

A veces para conversar con Él iba el padre Soárez a la orilla del mar. Le decía Dios:

-También ahí estoy siempre.

Aquella tarde el padre Soárez charlaba con Cristo en un templo.

Decía el Señor:

También estoy ahí. A veces.

-Señor -le dijo el padre Soárez, pensativo-, conforme tengo más años siento que me voy volviendo más bueno, más amoroso, más comprensivo y tolerante, menos severo y riguroso, más dado a la indulgencia y al perdón...

En los labios del Señor apareció una sonrisa.

-Uh, Soárez -le contestó a su amigo-. ¿Cómo crees entonces que me siento yo, que tengo todos los años del mundo?

¡Hasta mañana!...

MANGANITAS

“. Un priista del DF les conseguía mujeres a otros.”.

Las mujeres, de revista, accedían al amor, y decían que era por disciplina partidista.