De política y cosas peores

DE POLÍTICA Y COSAS PEORES

Se inicia esta columnejilla con un chiste un poco lépero. Las personas que no gusten de leer chistes poco léperos sírvanse pasarse en la lectura al siguiente cuento. Se casó Simpliciano, joven cándido, ingenuo, pacato, inocente y pudibundo. En la noche de bodas no daba traza alguna de disponerse a cumplir el grato débito a que el connubio obliga. Susiflor, su flamante mujercita, esperaba en el tálamo llena de las inefables y vagarosas ansias que la Naturaleza pone en sus criaturas a fin de moverlas a continuar la vida. Simpliciano, ignorante de las realidades de la vida, se entretenía viendo la televisión. Por fin Susiflor se impacientó. Cubierta sólo por vaporoso y flámeo negligé se levantó del lecho, apagó el televisor y se le sentó en las piernas al tontaina de su marido. Lo estrechó en dulce abrazo de urticante pasión incandescente; lo besó en deliquio de voluptuoso amor y le murmuró al oído con tenue voz de invitadora Dalila o Salomé: “¿No recuerdas, amado Simpliciano, aquello de ‘Creced y multiplicaos’?”. “Sí lo recuerdo -contestó el pacato desposado-. Y creo que ya estoy creciendo”. Una sensación de aburrimiento y hastío percibo en los ciudadanos, que repudian en forma unánime la insistente y machacona propaganda electoral que en estos tiempos se nos viene encima. Los miles y miles de tediosos y repetitivos mensajes de los partidos y sus candidatos, de los organismos electorales tanto de la federación como de los estados, irrita a los electores en tal manera que lejos de incitarlos a votar los aleja de las urnas. No creo que haya ningún otro país en el mundo en que sus habitantes deban ver y escuchar una publicidad tan insistente y tan inútil. Para colmo, los encargados de imponer esos mensajes lo hacen con tal saña que si algún medio de comunicación se aparta, siquiera sea por algunos segundos, de las llamadas “pautas” que rigen su trasmisión, el permisionario o concesionario puede ser objeto de multas draconianas, e incluso se expone a ver clausurada su estación de radio o de televisión. Los partidos usan esos medios para su beneficio, lo cual es indebido, y más si se trata de uno de esos partiditos, partidillos o partidejos que más que partidos políticos son en verdad negocios personales o de familia que viven de venderse a los partidos grandes y de las suculentas “prerrogativas” en dinero que reciben a costa de los contribuyentes. Urge una verdadera ley electoral que no esté hecha a la medida de los políticos, sino de los ciudadanos, y que evite los abusos que ahora se cometen. Himenia Camafría, madura señorita soltera, se quejó amargamente de un amigo. “Vacilio me decepcionó -dijo-. Me ofreció enseñarme el sitio donde le hicieron la vasectomía, y el muy majadero me mostró el hospital”. Un señor se estaba quedando calvo. Le preguntó a su esposa: “¿Crees que con un trasplante quedaría bien?”. “Con dos -responde la señora-. Que te trasplanten la cara de Leonardo DiCaprio y el cuerpo de Brad Pitt”. Los recién casados fueron a vivir a la casa de los papás del muchacho. Se les asignó una recámara en el segundo piso que estaba inmediatamente arriba de la alcoba que ocupaban los papás. La primera noche la señora de la casa escucha ciertos ruidos provenientes de la habitación de los muchachos. “¿Oyes, viejo? -le dijo con sugestiva voz a su marido-. Hagamos nosotros lo mismo”. Poco después se oyeron otra vez los ruidos. “¿Escuchas? -dijo la señora-. Hagámoslo de nuevo”. Al poco rato los mismos provocadores sonidos se escucharon de nuevo. “¿Oyes, viejito? -repitió la señora-. ¿Por qué no lo hacemos también nosotros otra vez?”. Cuando los ruidos se escucharon nuevamente el señor les gritó con angustia a los recién casados: “¡Vayan más despacio, hijos míos! ¡Están matando a su papá!”. El galán de Rosilí le dijo a la muchacha: “Hagamos el amor”. “Pero, Vehemencio -respondió ella-. Falta sólo una semana para que nos casemos. ¿Acaso no puedes esperar una semana?”. Respondió él: “Es que se me va a hacer muy larga”. Exclamó Rosilí con alegría: “¡Pues si se te hace así la vamos a disfrutar más!”. (No le entendí). FIN.

MIRADOR

Un hombre en el parque.

Ha llegado, lento, y se ha sentado en una banca mientras todos a su alrededor se afanan y agitan.

Acerca algo al oído y escucha atentamente.

Sus ojos se cierran mientras él oye lo que le dice aquel extraño objeto.

Un paseante se acerca.

-¿Me deja escuchar a mí también?

El hombre le alarga el objeto. Con atención el paseante trata de oír algo en él.

-No se escuche nada, -dice al fin.

-Se oye el mar, -contesta el otro.

Y vuelve a tomar el caracol marino.

El paseante se aleja murmurando:

-Está loco.

            ¡Hasta mañana!..

MANGANITAS

“. Seguirá el frío.”.

Dicen ciertos documentos

que este frío tan inclemente

de seguro hará que aumente

la cifra de nacimientos.