De política y cosas peores

DE POLÍTICA Y COSAS PEORES

El inspector del tren sorprendió a un tipo haciéndole el amor a una pasajera de exuberantes pompas. Lo multó por ocupar un asiento de primera con un boleto de segunda. Babalucas dijo: “¡Mira! ¡Allá lejos va una helicóptera!”. Lo corrigió su amigo: “Es ‘helicóptero’”. “¡Caramba! -exclamó con asombro Babalucas-. ¡Qué buena vista tienes!”. El soltero le indicó a la señora de servicio: “Su trabajo consistirá en tener limpio el departamento, lavarme la ropa, y esas cosas”. “La ropa se la lavaré -repuso la mujer-, pero esas cosas tendrá que lavárselas usted mismo”. Una actriz de cine se casó a las 6 de la mañana. Explicó que si su matrimonio fracasaba le quedaría todo el día libre. La niñita le preguntó a su madre: “Mami: ¿todos los cuentos empiezan con: ‘Había una vez.’?”. “No, hijita -contestó la señora-. Los que cuenta tu papá empiezan con: ‘Trabajé hasta muy tarde en la oficina’”. Un cazador al que acompañaba una estupenda rubia entró en la carnicería del pueblo y pidió un pato. “No tengo pato -le informó el carnicero-, pero puedo ofrecerle un pollo”. “¿Ah sí? -respondió secamente el cazador-. ¿Y le voy a decir a mi mujer que cacé un pollo?”. Parras de la Fuente es una bella población de mi natal Coahuila. Su nombre alude a las viñas que ahí crecen, de donde salen algunos de los mejores vinos que catar se puede. Rinde también honor el nombre a don Juan Antonio de la Fuente, patricio de la república juarista, aquel que dijo a los franceses: “No luchéis contra mi patria. Mi patria es invencible”. Gente de buenas ocurrencias ha sido siempre la de Parras. He recordado aquí frases de pueblo llenas de ingenio y travesura. Por ejemplo, la de aquel campesino cuyo hijo llegó a ser político encumbrado. En uno de sus discursos dijo éste en presencia de su padre: “Aquí donde me ven, soy hijo de ese hombre que está ahí, de guaraches y sombrero de palma, ignorante, desharrapado y pobre”. Gritó el señor lleno de enojo: “¡Pero que te pide pura chingada, desgraciado!”. En Parras sucedió también aquello del orador magnílocuo que inició así su perorata: “Señoras y señores: yo no soy Demóstenes”. Lo interrumpió un sujeto: “Sí has de ser, cabrón; lo que pasa es que te haces pendejo”. Las fiestas de la vendimia en Parras son hermosas. Se corona al dios Baco y se elige entre las lindas muchachas del lugar a la reina que presidirá la solemne velada en la cual se entrega el premio al poeta vencedor en los juegos florales, obligadamente llamados “la galana justa”. En cierta ocasión el bardo que ganó la flor natural se dirigió a la muchachita que ocupaba el trono y le dijo con sonoroso acento, empleando el tratamiento de rigor: “¡Señora!”. Un pelado le gritó desde el fondo de la sala: “¡Señorita, pendejo!”. Y acotó otro: “Déjalo. Él sabrá”. Evoco hoy un suceso que viene a cuento por la reflexión que haré después. Era candidato a gobernador de Coahuila el general Raúl Madero. En su visita a Parras el conductor del mitin destacó el hecho de que el aspirante a la gubernatura era hermano de don Francisco I. Madero. Un oposicionista dijo en alta voz: “Sí, pero una cosa es Chana y otra su hermana”. Muchos merecimientos tenía don Raúl aparte del de su parentesco con el Apóstol de la Democracia, y fue un excelente gobernante, pero en el caso de Chana y su hermana la relación de familia no da ni quita méritos a una ni a la otra. Lo digo porque hay quienes han impugnado la designación de Arely Gómez como Procuradora General de la República. No niegan sus innegables cualidades, ni desconocen su conocida trayectoria: la impugnación que hacen se finca en el hecho de que la ex senadora es hermana de un hombre exitoso que ocupa un alto cargo en Televisa. Según los impugnadores tal vínculo familiar hace automáticamente a la señora objeto de sospecha, y la descalifica. Pensar así es injusto e irrazonable. Ella ha mostrado capacidad sobrada en todos los puestos que ha desempeñado. Tiene lo necesario para ser una buena Procuradora. (Entre otras cosas es incansable). Vigilen su actuación quienes se han opuesto a su nombramiento, pero no pretendan excluirla de la función pública por el hecho de ser hermana de su hermano. FIN.

MIRADOR

Si el Cielo es verdaderamente Cielo en él debe haber una calle con librerías de viejo.

Para mí, gozoso habitante de la Tierra, tal calle es la de Donceles, en el Centro Histórico de la Ciudad de México.

Camino por esa calle que don Celestino Gorostiza decía llevaba su nombre: don Celes, y entro en los nobles establecimientos de los libreros que saben más de libros que quienes los escriben y sacan a la luz. En uno de ellos veo una gran canasta hecha de palma, como aquellas que llevaban los panaderos en bicicleta, sobre su cabeza. La canasta está llena de libros, y tiene un letrero sugestivo: “¡Meta la mano, como cuando era novio!”.

Acepto la tentadora invitación y encuentro maravillas que pago luego a precio tan bajo que me da vergüenza. De buen grado compraría toda la canasta, pero no tengo bicicleta para llevarla, ni cabeza ya para cargar tan preciosa mercancía.

Me conformo con pocos libros, pues. Ahora me encuentro leyéndolos, y en ellos me encuentro. Los libros son para leerlos, sí, pero también para leerse uno en ellos.

¡Hasta mañana!...

MANGANITAS

“. Policías matan a otro mexicano en Estados Unidos.”.

Eso está pintando mal, pues no es la primera vez.

Matar mexicanos ya es un deporte policial.