De política y cosas peores

DE POLÍTICA Y COSAS PEORES

Un hombre joven llegó a la farmacia del pueblo y pidió un condón. “Los tenemos en existencia -le dijo el encargado-, pero lamento informarle que se nos agotaron los de color blanco. Podemos ofrecerle únicamente preservativos negros, azules con rayas verdes, o color de rosa con pintitas amarillas”. El muchacho hizo que el dependiente se los mostrara. Después de ver el condón negro revisó los otros. Ambos eran, en efecto, de tonos muy alegres. Imaginó cómo se iba a ver con un condón así, tan informal, tan colorido, y recordó que su novia era más bien de carácter serio, no dada a ligerezas o frivolidades. Además el miércoles anterior había empezado la cuaresma: unos preservativos tan jacarandosos no eran propios de la temporada. Compró, pues, el condón negro. Pensó que si su novia le preguntaba a qué se debía ese color tan serio le diría que en esa fecha se celebraba el aniversario luctuoso de Ferdinando de Saussure, lingüista suizo. Pasaron diez años del día en que el protagonista de mi cuento compró aquel condón negro. Ahora ese mismo hombre está en la sala de su casa leyendo el periódico. Se le acerca un negrito y le dice: Papi: tú y mi mamá son blancos. Mis hermanitos son blancos también. ¿Por qué yo nací negro?”. “¡Anda! - contestó el tipo-. ¡Y date de santos que no naciste azul con rayas verdes, o color de rosa con pintitas amarillas!”... En lenguaje coloquial “darse de santos” significa conformarse velis nolis -o sea a querer o no- con algún suceso. Los mexicanos debemos darnos de santos por el hecho de que a pesar de todos los pesares, cayendo y levantando, a gritos y sombrerazos, la vida institucional del país se ha mantenido. No nos hemos precipitado en uno de esos movimientos caóticos que interrumpen el ejercicio democrático e instauran un régimen dictatorial, civil o militar, como los que han sufrido casi todas las naciones de América Latina, por no decir que todas. (Los Estados Unidos se han librado de esos golpes, pero es que ahí no hay embajada norteamericana). Démonos de santos, pues, por poder seguir trabajando cada día, y esforzándonos cada uno en su terreno por librar a México de los muchos males que lo aquejan, y por hacer de él una casa mejor para las generaciones futuras. Las pasadas que se den de santos de que ya pasaron... Rosilita es el equivalente femenino de Pepito. Cierto día su mamá exclamó escandalizada: “¡Cómo han subido las cosas! ¡Un huevo cuesta 4 pesos!”. Preguntó Rosilita: “¿Entonces un hombre vale ocho?”... Jactancio, sujeto vanidoso, iba en un tren de pasajeros. El inspector le dijo: “Señor: su boleto es para Los Ángeles. Este tren va a Nueva Orléans”. “¿Y por qué me lo dice a mí? -rebufó el baladrón-. ¡Dígaselo al maquinista, para que corrija el rumbo!”... El masoquista le pidió al sádico: “Golpéame”. Respondió el sádico: “No”... Decía Ovonio Grandbolier: “Yo doy el cien por ciento en mi trabajo: 2 por ciento el lunes; 28 el martes; 45 el miércoles; 20 el jueves y 5 el viernes”... Aquella parejita hizo el amor apasionadamente en una sala de la galería de arte. Salieron de ahí luciendo ambos la plácida sonrisa del amor bien cumplido. El vigilante le dice a su jefe: “¡Claro que los vi! ¡Pero pensé que eran una de esas instalaciones del arte contemporáneo!”... ¿Cuál es la parte más sensible de un hombre cuando le está haciendo el amor a una mujer? Si la mujer es casada la parte más sensible del varón son sus oídos, para escuchar si no viene el esposo... El guardia del zoológico observó que dos niños le estaban pegando a otro, que se defendía vigorosamente. Va hacia ellos y les dice: “¿Qué está pasando aquí? ¿Por qué pelean?”. Dice uno: “Yo quería echarle maní al gorila”. Dice el segundo: “Yo también quería echarle maní al gorila”. El guardia le pregunta al tercero: “Y tú ¿qué querías hacer?”. “Nada -responde el pequeño-. Yo soy Maní”... Una florecita le dijo a otra: “Te amo”. Respondió la otra florecita: “Yo también te amo”. “Dijo la primera florecita: “Te estoy deseando intensamente”. Replicó la segunda: “También yo te estoy deseando con intensidad”. Exclama la primera ansiosamente: “¡Entonces dónde chingaos están esas méndigas abejitas!”... FIN.

MIRADOR

Cinco hermanos iban por un camino.

Su padre les había ordenado llevar una carga de piedras a la aldea vecina.

Las pusieron todas en un costal. Era tan grande el peso de ese saco que el hermano que lo iba cargando sucumbió bajo su peso.

Otro de los hermanos cargó el costal y le sucedió lo mismo: cayó víctima de la pesada carga.

Lo mismo aconteció con los demás.

El padre supo lo que había pasado, y lloró la triste suerte de sus hijos. Meditó: debieron haber dividido la carga de modo de compartirla todos. Así no habrían caído, y habrían llegado con bien a su destino final.

No me gustan las moralejas.

Por eso no pongo ninguna en este relato.

Que cada quien le aplique la que mejor crea.

¡Hasta mañana!...

MANGANITAS

“... No habrá tren rápido...”.

Comentario inoportuno

sobre los trenes: si acaso

seguimos al mismo paso          

ya no va a haber de ninguno.