De política y cosas peores

DE POLÍTICA Y COSAS PEORES

Nací en la antigua calle de Santiago, que ahora lleva el nombre de Victoriano Cepeda, aquel profesor de matemáticas que dejó el aula para ir a combatir a los franceses. A unos cuantos pasos de la casa de mis padres empieza el barrio más populoso y popular de mi ciudad: el Ojo de Agua. Ahí fluye todavía, después de siglos, el pequeño manantial que dio su nombre a Saltillo. Ese antañón barrio ha sido cantera de personajes de mucho genio e ingenio. Del Ojo de Agua fue el tío Camacho, juez pedáneo. Una mujer de no muy buena fama compareció ante él y se quejó de haber sido forzada. El tío le tomó declaración, y luego le tendió el tintero para que mojara en él la pluma y la firmara. Pero cuando la casquivana fémina iba a hacer eso el tío le movió el tintero de repente, y dos veces más después, con lo que la quejosa no pudo acertar a meter la pluma. Sentenció el sabio juzgador: “Si hubieras hecho tú lo mismo nada te habría pasado, Vete y no peques más”. Del barrio del Ojo de Agua era también Francisco Gámez Cardona, maestre de matachines, o sea danzantes, cazador y vendedor de pájaros, y en tal carácter, según decía su tarjeta de presentación, Secretario General del Sindicato Nacional de Captores y Expendedores de Aves Canoras, de Ornato y Similares de la República Mexicana. Igualmente nació en el Ojo de Agua, y vivió ahí, Otilio “El Zurdo” Galván, gran boxeador que ostentó el título nacional de peso mosca. En la división de los plumas le propinó una paliza de órdago a José “El Toluco” López en una pelea trepidante que se llevó a cabo en la plaza de toros Armillita, de Saltillo. El fuerte peleador mexiquense ya no salió de su esquina al sonar la campana para el quinto round. Los entusiastas seguidores del Zurdito lo llevaron en hombros desde el coso hasta su casa, distante más de dos kilómetros, los dos muy cuesta arriba. Vecino del Ojo de Agua fue también don Perfecto Delgado, hombre muy gordo, famoso panadero y líder. Decía él hablando de sí mismo: “Soy una contradicción viviente: ni soy perfecto ni soy delgado, y aunque soy del PRI vivo del pan”. Sucedió que ese partido designó como candidato a alcalde de Saltillo a un cierto político de la localidad. El ungido se alegró tanto que agarró una tremenda papalina en el Jockey Club, cantina de postín situada frente a la Plaza de Armas. La banda de música estaba tocando ahí su acostumbrada serenata de los jueves. Poseído por los espíritus del vino y la política -quién sabe cuál de los dos emborrache más- el candidato ordenó a los músicos que lo siguieran, y con ellos y sus compañeros de parranda entró en el Casino de Saltillo al ritmo de un airoso pasodoble. Los señorones de aquel exclusivísimo centro social ardieron en ignífero furor. Al día siguiente se apersonaron ante el gobernador y le exigieron que le quitara la candidatura a aquel patán. El gobernante se plegó a la demanda de los notables y ahí mismo nombró otro candidato. Sucedió que en ese momento se llevaba a cabo un mitin. Perfecto Delgado, el orador principal, estaba haciendo el elogio del primer designado. “Es hombro honesto -dijo-. Muy pocas veces ha sido acusado de robar”. Alguien le pasó una tarjetita en la cual se le daba a conocer la defenestración del desdichado y el nombre de quien lo iba a sustituir. No se turbó nada don Perfecto. Sin perder el compas de su peroración dijo a la gente: “¿Ya ven lo bueno que es ese candidato? ¡Pos tenemos otro mejor!”. Y anunció al nuevo. Ahora las cúpulas del PRI están muy preocupadas por el caso de Nuevo León. Dieron por seguro que el PAN postularía a una mujer como candidata a la gubernatura, y designaron a Ivonne Álvarez como su candidata. Pero los panistas dieron una sorpresa, y el candidato blanquiazul resultó ser Felipe de Jesús Cantú, un político de prestigio y con mucha simpatía en el estado. Ante esa nueva circunstancia se antoja muy difícil que el PRI haga un cambio de última hora, que además se vería muy mal. Ya no pueden decir los priistas lo mismo que don Perfecto Delgado dijo en su momento. Tendrán que apechugar y poner en ejercicio todos sus recursos electorales y electoreros para sacar adelante a su candidata, ahora en posición de desventaja, no por su condición de mujer, sino por no igualar en imagen al candidato panista. Ya se ve que la política es algo que se aprende en cien lecciones, y las lecciones se dan una cada seis años. FIN.

MIRADOR

A mis alumnos solía presentarles yo siete pecados capitales.

Haiga.

Trajistes.

El sazón.

El anécdota.

Este. Este.

Nadien.

Pos.

Les decía que esos pecados se cometen todos los días, y que no son culpas veniales.

Les decía también que nadie está obligado a hablar con elegancia, pero sí con cierta corrección, y que muchos nos juzgan por la forma en que nos expresamos.

Les recordaba, finalmente, lo que decía un filósofo:

“Habla, para que yo te vea”.

¡Hasta mañana!...

MANGANITAS

“. El clima será mejor en los próximos días.”.

 Conocedor de ese dato, la mejora por venir se la va a atribuir de seguro un candidato.