De política y cosas peores

DE POLÍTICA Y COSAS PEORES

Tanagra era una chica extremadamente delgada, carente por completo de formas. Sin embargo se las arregló para conseguiré un galán que la llevó al altar. Cuando la parejita regresó de la luna de miel un amigo del novio le preguntó, curioso: “¿Cómo te fue?”. “Muy bien -contestó el desposado-. Lo único que tuve que hacer fue ponerle a Tanagra un letrero en el estómago que decía: ‘Este lado hacia arriba’”. Adolfino, romántico muchacho, le dijo a Pirulina: “Siento por ti un amor platónico”. Respondió ella, suspicaz: “¿Significa eso que quieres echarme al plato?”...Empédocles Etílez, el beodo del pueblo, amaneció con un terrible dolor de cabeza. Alzó la vista y vio en el techo de su habitación a un elefante color de rosa con cabeza de cocodrilo, cola de pez, patas de chivo y alas de dragón. El temulento tomó su rifle de cacería y le apuntó a la bestia al tiempo que decía: “Sí eres real ya te jodiste. Si no, ya me jodí yo”... El jet iba a hacer un aterrizaje de emergencia. Dulcilí, muchacha ingenua, le dijo a su compañero de asiento: “Disculpe usted, señor. Efectivamente, oí el aviso de que hay que poner la cabeza entre las piernas. Pero entiendo que cada quien en las suyas”... Aquel marido era lector voraz. Todas las noches se iba a la cama con un libro. En cierta ocasión leía uno sobre insectos. Le comentó a su mujer: “Las arañas tejen su tela en los lugares más insólitos. Los tripulantes de un submarino atómico encontraron una tela de araña en el periscopio de la nave”. Responde ella: “Pues si sigues leyendo todas las noches vas a hallar otra tela de araña en un lugar todavía  más insólito”. Algunos observadores de la vida nacional se sorprenden al ver que el PRD se las ha arreglado para salir limpio de polvo y paja en los trágicos sucesos de Ayotzinapa, y que las redes sociales -esas furiosas arpías- han descargado toda su cólera por esa terrible desgracia sobre la administración de Peña Nieto. Yo encuentro una explicación a eso. Sucede que la gente está irritada por algunas medidas del Gobierno. La reforma fiscal ha sido causa de descontento general. Las izquierdas lograron vender su idea de que la reforma energética significó hacer entrega al extranjero de nuestro petróleo. Si a eso se añade el tristemente célebre asunto de “la casa blanca”, lo de la cancelación del contrato con los chinos, las evidencias de corrupción e impunidad que estamos viendo, ya se entenderá que la irritación social ha crecido en tal forma que Peña Nieto será culpado hasta de las emanaciones del Popocatépetl. Todo ahora será cuesta arriba para el Presidente, que deberá hacer milagros para recuperar la confianza de los ciudadanos, si es que alguna vez la consigue nuevamente. El país está encrespado. La hora actual, como la que vio en su tiempo Ramón López Velarde, tiene vientre de coco, o sea que está preñada de posibles acontecimientos cuya naturaleza y alcance no podemos avizorar. En ese contexto sólo de la justicia social pueden venir los valiosos dones del orden y la paz. Ojalá podamos apresurar ese reloj en que tan atrasados vamos... La lectura del cuento que ahora sigue es desaconsejable... En una cantina de pueblo el tabernero ofreció una recompensa de mil pesos al que hiciera reír a su burro. Todos intentaron lograr que el pollino esbozara siquiera una leve sonrisa. Su empeño fue inútil: el tal jumento se mantuvo más serio que un puerco meando. En eso un borrachín pidió permiso de probar. Le dijo al asno unas palabras al oído, y el animal soltó una estrepitosa carcajada. Mal de su grado el cantinero le entregó la recompensa al borrachín. “Ahora -dijo el de la taberna- ofrezco 2 mil pesos al que haga llorar al burro”. De nueva cuenta todos los circunstantes fracasaron. El borrachín se llevó afuera al asno y regresó con él poco después. El jumento venía llorando desconsoladamente. Otra vez el cantinero tuvo que darle el dinero al borrachín. “Te daré otros mil pesos -le ofreció-, si me dices qué hiciste para hacer que el asno riera”. Respondió el temulento: “Le dije que mi atributo era más grande que el suyo. Al oír eso el burro se echó a reír”. “Entiendo -dijo el de la taberna-. Y para hacerlo llorar ¿qué hiciste?”. Respondió con orgullo el borrachín: “Se lo demostré”. FIN.

MIRADOR

El año de 1767 los padres jesuitas fueron expulsados de México. Muchos de ellos pasaron en Roma su destierro, y ahí se entregaron a la tarea de escribir libros, unos de terrenal sabiduría, los otros de teología o devoción.

Todos esos libros, sin excepción, están dedicados a México o a alguien que en México quedó. Lejos de su patria los desterrados sacerdotes la añoraban; le hacían llegar su amor desde la ausencia.

José María Velasco -nuestros paisajes se hicieron más bellos cuando él los pintó- firmaba sus cuadros y luego ponía: “Mexicano”. “Quería -escribió Justino Fernández- que sus buenos éxitos se le apuntasen más bien a su país que a él mismo”.

Mejores mexicanos seríamos si amáramos más a México.

Seríamos mejores mexicanos si nos sintiéramos más orgullosos de nuestro país.

Muchos motivos nos da México para el orgullo.

Más motivos aún nos da para el amor.

¡Hasta mañana!...

MANGANITAS

“... Enorme fraude el de Ficrea...”.

Por codicia y ambición

muchos dieron su dinero.

Ahora, en tono lastimero,

piden su devolución.