De política y cosas peores

DE POLÍTICA Y COSAS PEORES

El eminente zoólogo habló de las costumbres de diferentes animales. “Maestro -le preguntó alguien del público-, ¿cuál es el animal que tiene peor carácter?”. Respondió el naturalista: “Unos piensan que es la hiena. Otros afirman que es el rinoceronte. Hay quienes creen que es el búfalo africano.”. Uno de los presentes lo interrumpió: “El animal de peor carácter en el mundo es el encabronado”. El disertante no hizo aprecio de la interrupción y prosiguió: “Otros aseguran que el animal de peor carácter es el chacal”. “Es el encabronado” -insistió el otro. De nueva cuenta no le hizo caso el zoólogo. Prosiguió: “Algunos opinan que es el jabalí”. “No -repitió el tipo-. El animal de peor carácter es el encabronado”. “¡Acabáramos! -estalló el conferenciante-. ¿Qué es el encabronado? Jamás he sabido de un animal que se llame así”. Explicó, calmoso, el individuo: “El encabronado es un animal que vive en  las selvas ecuatoriales. Tiene dos cabezas: una en un extremo del cuerpo, la otra en el extremo contrario”. “Eso no es posible -señaló el naturalista-. Si el animal estuviera formado de ese modo no podría hacer del estómago”. Replicó el tipo: “¿Y por qué cree usted que el encabronado se llama así?”. Don Poseidón, granjero acomodado, regresó de cazar liebres. Entró en el establo y sorprendió al joven veterinario de la granja en el preciso instante en que le hacía el amor a su hija. Le dijo: “Por mí no deje usted de hacer lo que está haciendo, doctorcito. Le tengo puesto el cañón de mi escopeta ya sabe dónde, y me gustará escuchar la proposición de matrimonio que en este momento le hará a mi hija”. Babalucas viajó a la gran ciudad. Le preguntó a un taxista si conocía algún lugar donde se pudiera pasar un rato con muchachas. “Sé de un sitio muy bueno -dijo el hombre-. Lo llevaré a la casa de mala nota de Alcaucila. Ahí encontrará  lo que busca”. Al día siguiente el taxista se topó con Babalucas. Le preguntó: “¿Cómo le fue anoche?”. “Muy mal -respondió el tontiloco-. No pude entrar en la famosa casa”. “¿Por qué?” -se sorprendió el otro. Explicó Babalucas: “Sobre la puerta había un foco rojo”. “Naturalmente -contestó el taxista-. Es una casa de mala nota; por eso tiene ahí un foco rojo”. “Ya lo sé -concedió Babalucas-. Pero nunca cambió a verde”. Con la crisis política y social que ahora sacude al país la gente del gobierno parece olvidar la crisis económica que padecemos. Todo lo que hacen esos señores -manejo de los impuestos, de la gasolina, de las finanzas públicas- parece tendiente a agravar aún más esa crisis, de por sí ya muy severa. La inflación, se ha dicho, es un impuesto adicional que pagan los contribuyentes. Todo indica que la tasa inflacionaria correspondiente a este año será alta. No sé nada de economía -los economistas saben apenas un poco más que yo-, pero cualquiera puede ver que cada día es más difícil para los mexicanos adquirir lo necesario para la subsistencia diaria, y para cubrir el costo de los servicios que en una casa se requieren, incluso los más básicos: agua, luz, gas. El costo del transporte ha subido igualmente, pues los llamados gasolinazos siguen siendo parte de nuestra sabia política petrolera. La reforma económica ha provocado aumentos de precios que se traducen en carestía. ¿Cómo se puede combatir la inseguridad si se propicia que haya más pobreza?... Don Añilio, senescente caballero, viajaba en tren, en  coche dormitorio. En la litera baja iba Solicia Sinpitier, madura señorita soltera. Cuando se hizo el silencio en el vagón, la señorita Sinpitier le dijo con voz insinuativa a su vecino: “Tengo bastante frío, señor; no logro calentarme. ¿Sería tan amable de ir a traerme otra cobija?”. Don Añilio contestó en tono igualmente sugestivo: “¿No le gustaría mejor que hiciéramos como si fuésemos marido y mujer?”. Respondió Solicia al punto  “No me parece mala idea”. “Muy bien -dijo el maduro señor, expeditivo: “Entonces ve tú misma a traer la cobija”. Le dijo el empresario al cirquero: “Caminará usted por un alambre a 15 metros de altura, sin red, y hará juegos malabares con pelotas”. “Lo siento -respondió el tipo-. No tengo las pelotas que se necesitan para eso”. FIN.

MIRADOR

Los alumnos le pidieron a su maestro que los enseñara a discutir, a vencer en el diálogo con un contrincante.

El sabio profesor hizo que un estudiante sostuviera un punto, y otro lo negara. Cuando acabaron sus argumentaciones los hizo tomar la posición contraria: el que afirmaba el punto lo negó; el que lo había negado lo defendió ahora.

Al término del debate los discípulos le preguntaron al maestro:

-¿Quién ganó?

Respondió el profesor:

-Todos perdimos.

-¿Por qué? -quisieron saber los estudiantes.

Dijo el maestro:

-Nadie debe negar o afirmar sino aquello que considera la verdad. No debemos querer triunfar nosotros: debemos desear que triunfe la verdad. Si estamos dispuestos a decir sí o no según nuestra conveniencia, es porque estamos dispuestos a mentir. Eso no es bueno. Que en nuestros labios un sí sea un sí, y un no sea un no. Y si cambiamos que sea porque hemos descubierto la verdad, no por el viento del interés o la ambición.

Los alumnos escucharon las palabras de su maestro y supieron que decía la verdad.

            ¡Hasta mañana!...

MANGANITAS

“ . Las tortugas viven más de cien años.”.

Tal dato, del que no dudo,

encierra un sabio consejo:

si quieres llegar a viejo

tienes que ser muy conchudo.