De política y cosas peores

DE POLÍTICA Y COSAS PEORES

El novel odontólogo tiró con todas sus fuerzas de la pinza y extrajo por fin la muela del dolorido paciente. Al hacerlo observó que de la pieza dental pendía un largo filamento a cuyo extremo se veían dos bolitas. Le dijo con inquietud al espantado sujeto: “Caray, señor. Parece que la muela tenía la raíz demasiado profunda”... El novio de Dulcilí se presentó tímidamente ante el papá de la muchacha y le dijo con vacilante voz: “Señor: vengo a pedirle la mano de su hija”. “¿La mano nada más? -respondió, severo, el genitor-. Advierto, joven, que es usted poco ambicioso”. Rosibel, la linda secretaria de don Algón, le preguntó delante de los asistentes a la junta de negocios: “¿Quiere que le traiga su café?”. Preguntó a su vez el ejecutivo: “¿Ya está caliente, señorita?”. Ante el asombro de los circunstantes contestó Rosibel: “¡Ay, jefe! ¿Va usted a empezar con sus cosas?”... Galactina era una chica de mucha pechonalidad. Quiero decir que poseía un tetamen ubérrimo, opíparo, espléndido, pletórico. Fue hacia ella un individuo y la saludó con familiaridad: “¡Hola, tocayita!”. “¿Tocayita? -se extrañó ella-. ¿Acaso se llama usted Galactino?”. Respondió el individuo: “No. Me llamo Zenón”... Un explorador fue con su esposa a Nepal. Iba en busca del Abominable Hombre de las Nieves. En un valle nevado lo encontró: ahí estaba el Yeti, un gigante descomunal de horrible traza. Vio el monstruo a la mujer y al punto se lanzó sobre ella y la tomó entre sus membrudos brazos. Llena de espanto la señora le gritó con desesperación a su marido: “¿Qué hago?”. Le sugirió el explorador: “Dile que te duele la cabeza, que estás muy cansada, que mañana te tienes que levantar temprano.”. Un comerciante callejero se dirigió a Babalucas: “Vendo huevos”. Contestó el badulaque: “¡Bonito me voy a ver vendado de ahí!”... De los pobres se dicen cosas muy hermosas, pero nadie querría que esos piropos se refirieran a él. Aquellos que heredarán la tierra seguramente querrían heredar mejor una casa, un coche y una cuenta bancaria. Lo digo porque en la raíz de muchos de los males que México padece está la pobreza. Curiosamente algunos activistas que dicen luchar contra ella lo hacen en modo que provoca más pobreza. Este país necesita más empleos. Para conseguirlos se requieren inversiones tanto nacionales como provenientes del exterior. Pero la inseguridad reinante, los bloqueos y manifestaciones de protesta contribuyen a alejar a los inversionistas. He aquí uno de los círculos viciosos más viciosos que me ha tocado ver. Y he visto muchos. Empédocles Etílez, el borrachín del pueblo, fue a la iglesia y le pidió a la Virgen que le hiciera el milagro de enviarle algunos pesos, pues andaba -dijo con estudiado culteranismo- “inargento e impecune”. Regresó al día siguiente a ver si su petición había surtido efecto. Sucedió que por estar cercana ya la Navidad el padre Arsilio había quitado de su altar a la Virgen, y en su lugar puso al Niño Dios. Lo vio Empédocles, y entre las nubes de su beodez le preguntó: “Oye, chamaco: ¿no te dejó tu mamá unos centavos para mí?”... Doña Frigidia, ya se sabe, es la mujer más fría del planeta. En cierta ocasión fue al cine a ver la película “El volcán”, y la lava se congeló en la pantalla. Un día llegó a su casa al término de un viaje y sorprendió a su esposo, don Frustracio, en brazos de una muchacha de muy buen ver y de mejor tocar. Le explicó el señor a su mujer: “Esta jovencita va en camino a la frontera. Llegó a la casa y me pidió algo de comer. La vi tan hambrienta que la invité a pasar y le preparé una cena. Traía ella unos tenis tan rotos y gastados que le di un par que no te has puesto nunca. Su suéter estaba tan raído que le obsequié uno que no usas desde hace varios años. Su pantalón se veía lleno de parches y roturas, y le regalé uno que jamás te pones. Ya se iba, pero entonces se dio la vuelta y me preguntó: ‘¿No tiene usted alguna otra cosa que su señora no quiere usar?’. Y aquí estamos”. Los recién casados llegaron al hotel donde iban a pasar su noche de bodas. El novio le preguntó al encargado: “¿Cuál es la tarifa?”. Contestó el de la recepción: “Mil pesos por cada uno”. Le dijo el muchacho al tiempo que le entregaba unos billetes: “Aquí tiene usted tres mil. Si son más, mañana le pagaré los otros”. (No le entendí). FIN.

MIRADOR

Algo le faltaba al nacimiento que cada Navidad ponemos mi esposa y yo en nuestra casa. Le faltaba algo, pero yo no sabía qué.

Estaba, claro, la otra santísima trinidad: Jesús, José y María.

Estaban el buey y la mulita, cuya humildad aumenta la grandeza del prodigio.

Estaban el ángel y el gallo, canoros mensajeros del cielo y de la tierra, y con ellos los pastores y sus ovejas.

Estaban también el ermitaño y el diablo, muy cerca uno del otro, como muy cerca del hombre están siempre el bien y el mal.

Algo le faltaba al nacimiento, sin embargo, y yo no sabía qué.

Ayer lo supe. Encontré en una pequeña tienda la figura de un pastor que toca la gaita. Eso le faltaba a mi nacimiento: la música. En ningún acontecimiento importante, sea humano o sea divino, puede faltar la música.              Ahora el pastor le regala sus melodías al Niño Dios. Mi nacimiento está completo.

¡Hasta mañana!...

MANGANITAS

“. Tiempo de compras.”.

Después de la Navidad, luego de esta temporada

habrá fila prolongada en el Monte de Piedad.