De política y cosas peores

DE POLÍTICA Y COSAS PEORES

Don Chinguetas acudió a la consulta del doctor Ken Hosanna. La enfermera, joven mujer de exuberantes curvas, le informó que en ese momento el médico no estaba, pero que le daría una cita para el día siguiente. Le preguntó: “¿Qué síntomas presenta usted?”. Respondió el señor: “Siempre estoy tenso, nervioso e irritable”. Sugirió la sinuosa Nightingale: “Posiblemente eso se deba a la falta de actividad sexual. Por mil pesos yo puedo aliviar sus síntomas ahora mismo”. El senescente caballero aceptó el ofrecimiento, y en la mesa de examen del facultativo se llevó a cabo la medicación. Al día siguiente regresó don Chinguetas a su cita con el doctor Hosanna. Después de un breve interrogatorio dictaminó el facultativo: “Su malestar es mero estrés. Lo aliviarán estas píldoras tranquilizantes, que además son muy baratas: el frasco cuesta solamente un dólar”. Replicó don Chinguetas con voz suave: “Si no le importa preferiría mejor el tratamiento de mil pesos”... Recibí una bella carta. Me la envió la doctora María Leoba Castañeda Rivas, directora de la Facultad de Derecho de la UNAM. Dice así: “Querido amigo: Deseo expresarte mi reconocimiento por haber hecho de tu cálida visita a esta tu Casa de Estudios no sólo oportunidad para disfrutar de tu cátedra magistral, sino también por haberle conferido el sello distintivo de un acontecimiento extraordinario. Me siento orgullosa de contar con la amistad de un ser humano y humanista, poseedor de tanta sensibilidad, talento, cultura y fuerza creadora. Gracias por todo lo que nos aportas, y un abrazo a tu esposa, compañera tuya en esa hermosa aventura, creativa y generosa, que es tu existir”. En efecto, volví a esas entrañables aulas de las que egresé, pero de las que nunca he salido. En la que lleva el ilustre nombre de don Jacinto Pallares diserté acerca de nuestra vocación: la ley y la justicia. Me sentí pequeño al hablar desde la misma cátedra donde escuché las lecciones de mis preclaros maestros: Ignacio Burgoa, Luis Recasens Siches, Andrés Serra Rojas, Mariano Jiménez Huerta, Ernesto Gutiérrez y González... Dije que muchos de los graves problemas que agobian hoy a nuestro país derivan del desprecio con que los detentadores del poder miran al orden jurídico. Se sienten absolutos, es decir absueltos de cumplir las leyes; piensan que éstas se hicieron sólo para nosotros, gobernados, y no para ellos, gobernantes. De ahí la rampante corrupción que padecemos; de ahí la impunidad tremenda; de ahí todos los males que provoca la ilegalidad. Concluí que México no será un estado derecho mientras no sea un estado de Derecho. Estaban ahí, con la directora de la Facultad, maestros y estudiantes, egresados, funcionarios y trabajadores de la institución. Me emocionó el largo aplauso con que me recibieron, y el aplauso, más prolongado aún, que me dieron puestos en pie al terminar mi perorata, quizá porque la había terminado ya. Todo esto lo debo a esa destacada maestra que es la doctora Castañeda Rivas, brillante jurista, primera mujer en más de cuatro siglos que llega a la dirección del prestigiadísimo plantel. Yo soy el que le da las gracias a María Leoba por su generosidad; soy yo quien le agradece a mi Alma Mater el regalo de vida que me hizo... Babalucas iba a estar presente en el nacimiento de su hijo. El médico que asistiría a su esposa le preguntó si había estado antes en algún parto. “En otro nada más” -respondió él. Le preguntó el obstetra: “¿Cómo fue su experiencia?”. “No muy grata -declaró Babalucas-. Estaba yo en un lugar tibio y silencioso. De pronto me sacaron de ahí a un lugar ruidoso y frío, y un desgraciado me dio un golpe en las nachas”... Es difícil para un padre de 1.65 de estatura decirle a su hijo adolescente de 1.80 que la comida chatarra no es buena para él... Doña Pasita llamó al carpintero que le había puesto un nuevo asiento a su inodoro. Le informó que la tabla no había quedado bien. El hombre la revisó y dijo: “No le encuentro ningún defecto”. Le pidió la viejecita: “Revísela más de cerca”. Procedió el carpintero a la inspección, y al retirarse hizo: “¡Ouch!”. Explicó que en una grieta de la tabla se le habían atorado unos pelitos del bigote. “Por eso quería que la revisara -le dijo doña Pasita-. A mí me sucede siempre algo parecido”... FIN.

MIRADOR

Oí un relato -seguramente apócrifo- según el cual la Madre Teresa de Calcuta llegó al Cielo, y fue recibida ahí en persona por la Virgen. Le dijo la Señora a la recién llegada:

-Has de venir con hambre, Teresita. Prepararé algo para ti.

Abrió María una lata de atún; puso su contenido entre dos rebanadas de pan duro y le dio a la Madre Teresa aquel exiguo alimento. Lo consumió la humilde santa, pero echó un vistazo hacia abajo, al infierno, y vio que allá los condenados estaban comiendo perdices, faisanes, lechón en salsa de ciruelas, pato a la naranja, pan de pulque de Saltillo y otros ricos manjares suculentos.

-Señora -le preguntó a la Virgen-, ¿por qué los que están en el infierno disfrutan esas viandas sabrosísimas, y aquí recibo yo solamente un sándwich de atún?

Le respondió María con tristeza:

-La verdad, hija, para los tres que estamos aquí no vale la pena cocinar.

Por eso decía una antigua copla referida a los mandamientos: “Si no suprime el noveno, / y el sexto no lo rebaja, / ya podrá Diosito bueno / llenar su Cielo con paja”.

¡Hasta mañana!...

MANGANITAS

“... Muchos jóvenes en la Feria del Libro...”.

Por más que nadie lo cree

esa feria nos demuestra

con más de un botón de muestra

que la juventud sí lee.