De política y cosas peores

DE POLÍTICA Y COSAS PEORES

La recién casada se embarazó, y de inmediato quiso saber si su bebé sería niño o niña. El médico le dijo que era demasiado pronto para determinarlo. La muchacha, que ardía en deseos de conocer el sexo de su criatura, fue con una astróloga. Ésta le preguntó: “¿Bajo qué signo concibió usted a su hijo?”. Algo apenada respondió la chica: “Bajo uno que decía: ‘No pise el césped’”. En el lecho de su última agonía aquel señor empezó a gemir: “¡No quiero irme de este mundo! ¡No quiero dejar sola a mi esposa, esa mujer tan bella, tan hermosa, tan agradable, tan gentil y bondadosa!”. El doctor le dijo en voz baja a la señora: “El final se acerca ya. Está empezando a delirar”. Doña Frigidia, ya se sabe, es la mujer más fría del planeta. Cierto día pasó frente a una agencia de viajes que tenía en el escaparate un cartel anunciando un crucero a Hawai, y eso bastó para que en la isla se helara toda la cosecha de ananás. Una noche su esposo, don Frustracio, se asomó por la ventana del jardín y exclamó con tono ensoñador: “¡Qué bella luna!”. Doña Frigidia se apresuró a decir: “Hoy no. Me duele la cabeza”. Mis amigos de Diana, queridísima casa del Grupo Editorial Planeta, me informan que “Plaza de almas”, el más reciente de mis libros, se está vendiendo en forma extraordinaria. Aún no lo he presentado en Guadalajara, y ha sido una de las obras de más éxito en la Feria Internacional del Libro. Estaré en la FIL el próximo domingo, y a la una de la tarde, en el salón Enrique González Martínez, me encontraré contigo, que eres uno de mis cuatro lectores, para platicarte acerca de ese libro, distinto a todos los que he escrito, donde se habla de esa hermosa aventura -de esa hermosa ventura- que es la vida. En él hago el relato de sucesos ya trágicos, ya cómicos, acerca de la gente común, la que vemos sin ver todos los días, cada hombre y cada mujer -y cada anciano y niño- con su propia historia, única e irrepetible. Quienes han leído el libro me dicen que algunas de sus páginas los han hecho reír a carcajadas, y que con otras han tenido que ocultar una furtiva lágrima. Muchos lectores han comprado varios ejemplares del libro, pues lo consideran un excelente regalo para esta Navidad. Estaré contigo, pues, en la FIL de Guadalajara, el próximo domingo, para contarte la historia -y las historias- de esta “Plaza de almas”. Relataré cosas de mi vida y de mi oficio de escritor; firmaré con afecto tu ejemplar, me tomaré contigo una fotografía. En síntesis, nos encontraremos en el común amor que sentimos por los libros. ¡Ahí nos vemos!... La esposa de Afrodisio, hombre proclive a la concupiscencia de la carne, llegó a su casa antes de lo esperado y sorprendió a su casquivano marido en el lecho conyugal en apretado episodio de erotismo con una despampanante morenaza. “¡Canalla traidor aleve fementido perjuro desleal engañador!” -profirió en una sola tirada sin siquiera detenerse a poner las comas. Calmosamente respondió Afrodisio: “Me has prohibido traer amigos a la casa, pero nada me has dicho acerca de traer amigas”. Un joven de modales delicados se presentó en el circo a pedir trabajo. Le dijo al empresario: “Soy el Hombre Araña”. Inquirió el hombre: “¿Sube usted por las paredes?”. “No -precisó ruboroso el adamado-. Tejo”. Frente a la sala cinematográfica Capronio le dijo a su novia: “Aquí estamos, tal como me lo pediste: Cine Coloso”. “No te hagas indejo -replicó ella con enojo-. El mensaje que te envié no dice: ‘Llévame al Cine Coloso’. Dice: ‘Llévame al ginecólogo’”. Lord Feebledick recibió un anónimo en el cual “un amigo” le informaba que su mujer -la de milord, no la de “un amigo”- le estaba adornando la testa con Mister Prick, squire. Buscó al tal Prick en el club; lo llevó aparte y le dijo con ominosa voz: “Sé sin lugar a dudas, caballero, que está durmiendo usted con mi esposa”. Replicó el indiciado: “Puedo asegurarle, señor mío, que ni ella ni yo pegamos los ojos en toda la noche”. Declaró lord Feebledick: “No soy hombre de violencias, pero hago de su conocimiento que en justa venganza, y a modo de reparación, me propongo dormir con su mujer”. “Proceda libremente -lo autorizó el otro-. Con ella sí se duerme”. FIN.

MIRADOR

“Cantando la cigarra pasó el verano entero...”.

Cuando llegó el invierno su canción cesó, pues la cigarra sintió hambre y no tuvo nada que comer.

Buscó a la hormiga, que había trabajado todo el año y tenía colmados sus graneros, y le pidió un poco de pan. A cambio, le dijo, le cantaría una canción. Respondió la hormiga:

-No me gustan las canciones.

Eso sucede siempre: a los que trabajan sin saber por qué no les gustan las canciones.

La cigarra se alejó con tristeza. Caía ya la noche, y entonó una hermosa canción. Los cocuyos la escucharon. Compartieron su pan con la cigarra, y ella compartió con los cocuyos sus canciones.

Quienes recuerdan esa noche dicen que nunca la cigarra cantó más bellamente, y que jamás los cocuyos dieron más radiosa luz.

            ¡Hasta mañana!...

MANGANITAS

“...Continúa la violencia en Oaxaca...”.

Sigue en Guerrero también,

y en Chiapas y Michoacán,

y en Tamaulipas, y están

las cosas muy feas en...