De política y cosas peores

DE POLÍTICA Y COSAS PEORES

Una señora le contó a su amiga: “Antes de hacerme el amor mi esposo me acaricia lentamente; me besa con morosos besos; me musita al oído palabras de romanticismo; me dice que me ama, y lo feliz que es a mi lado”. Comentó la otra: “Mi marido lo único que hace es preguntarme: ‘¿Estás despierta?’”. (Y a veces ni eso, el desgraciado). Babalucas tiene un nuevo negocio: un salón de masajes con el sistema de hágalo usted mismo. El novio y la novia llegaron a la iglesia donde se iban a casar. Los feligreses que salían de la misa anterior se detuvieron en el atrio para verlos. Exclamó la muchacha con disgusto: “¡Qué gente más curiosa! ¡La próxima vez entraré por la sacristía!”. Se quejó un señor: “Mi médico está muy metalizado. Tengo tisis galopante, y me cobra por kilómetro”. Una mujer se estaba confesando con el padre Arsilio: “Me acuso de que me acuesto con hombres”. “Pero, hija -la amonestó el buen sacerdote-. ¿Qué ganas con eso?”. Respondió ella: “Dos mil pesos diarios, en promedio”. El doctor Duerf, célebre analista, le dijo a su paciente: “Aun sin interrogarlo me doy cuenta de que todos sus problemas derivan de la difícil relación que tiene usted con su madre”. Respondió el sujeto: “Doctor: mi mamá murió cuando yo tenía un año de nacido”. “Entonces -afirmó el siquiatra-, el origen de sus problemas está en la conflictiva relación que tiene usted con su papá”. Replicó el paciente: “No conocí a mi padre”. “Ya sé -dijo a continuación el doctor Duerf-. Todos sus problemas se originan en la áspera relación que tiene usted con su esposa”. Declaró el individuo: “Soy soltero”. “¡Oiga! -se exasperó el facultativo-. ¡Si quiere usted curarse tiene que colaborar!”. Un hombre y una mujer fueron al motel Kamagua, y en una de sus habitaciones se entregaron al consabido rito que los ingleses llaman “in-and-out”. En medio del trance dijo la mujer: “Lo que estoy haciendo contraría todas las órdenes de mi doctor”. “¿Cómo? -se alarmó el tipo-. ¿Tienes alguna enfermedad?”. “No -respondió ella-. Estoy casada con un médico”. La vida me ha enseñado muchas cosas, pero yo he aprendido pocas. Las pocas que he aprendido, sin embargo, valen mucho para mí. Una de ellas, y no de las menos importantes, me dice que el hombre es nacido para la felicidad. Por larga que sea, su vida sobre la tierra es muy corta. Pocos son nuestros años en el mundo. Ese sueño -que no pedimos soñar- debe ser entonces lo más grato y placentero posible. En nuestra existencia, es cierto, hay penas y quebrantos. Hay días oscuros, de tristeza y dolor, en “este valle de lágrimas” que dice la oración. Pero también el sufrimiento es parte de la vida. Ante él no debemos decir con rebeldía o rencor: “¿Por qué a mí?”. Debemos decir con ánimo sereno: “¿Por qué a mí no?”. El solo hecho de estar vivos, de saber que la vida seguirá, has de ser consuelo en nuestras aflicciones y esperanza en los días que vendrán. Las religiones afirman que hay en el hombre un pecado original. Yo no soy teólogo; por eso no sé a Dios, pero lo siento. Y lo siento como alegría, no como pena.  Es importante la Pasión, pero más importantes son la Navidad y la Pascua de Resurrección. Tenemos, pues, obligación de ser felices. Así agradeceremos el regalo de la vida. Cada día debemos hacer algo que nos dé felicidad, y algo que haga felices a quienes comparten con nosotros el don precioso de vivir. Ahora bien: ¿a qué toda esta perorata? Me sirve para  recordar a Chespirito. ¡Cuánta felicidad dio él a su prójimo! Fue bueno y generoso; puso en nuestras vidas el santo sacramento de la risa. Nosotros lo disfrutamos; lo gozaron nuestros hijos, y ahora nuestros nietos se regocijan con sus aventuras. Imagino al Señor que está allá arriba diciendo cierto día: “Veo que mis criaturas están tristes. Les voy a mandar a Chespirito”. Murió don Roberto Gómez Bolaños, pero Chespirito no morirá nunca. Seguirá viviendo en sus personajes, sobre todo en ese entrañable niño que es pobre entre los pobres, pues además de vivir en una vecindad habita en un barril. Con su pobreza nos hizo a todos ricos; nos dio la riqueza de ese gozo que la risa da. Estará para siempre con nosotros. Vivirá por siempre. Demos gracias a Dios por Chespirito. FIN.

MIRADOR

Tengo una huerta de oro.

Los nogales se han puesto su capa dorada, la que usan en los días del otoño. Dentro de pocos días la dejarán caer con lentitud, y luego se irán a dormir el sueño lento del invierno.

Camino entre los árboles. Procuro no hacer ruido con mis pasos, pues sé que están adormilados ya. Despertarán por sí solos en la primavera, y entonces recordaré con alegría lo que ahora me entristece: sus hojas que caerán; su ramazón desnuda.

A vuelta de año -es decir a vuelta de vida- sus ramas tendrán brotes otra vez, y nuevamente se llenarán de hojas con el color de la esperanza.

Mis nogales me dicen que la vida se va, pero regresa. La hoja caída volverá a la rama. Quizás estoy aquí de vuelta. Quizá esta vida, que me parece única, es un regreso.

Se lo preguntaré al nogal. Pero eso será cuando despierte. Ahora va a dormir.

¡Hasta mañana!...

MANGANITAS

“. Se acerca la Navidad.”.

En estos días, caray,

según he aprendido yo,

Santa Claus hace: “¡Jo, jo!”,

y los papás: “¡Ay, ay, ay!”.