De política y cosas peores

DE POLÍTICA Y COSAS PEORES

Don Chinguetas comentó: “Por fin mi esposa y yo alcanzamos la plena compatibilidad sexual: a los dos nos duele la cabeza todas las noches”. Historia breve de fallido amor: Ella no tomó la píldora, y él tomó el primer autobús para salir del pueblo. Tarzan le dijo a Jane: “El tráfico en la selva se ha vuelto imposible: ya todo mundo tiene liana”. Definición realista: “El golf es el modo más caro de jugar a las canicas”. Una mujer le pidió al doctor Duerf: “Examine a mi marido. Acostumbra hablarles a sus plantas”. Dijo el célebre analista: “Mucha gente acostumbra hablarles a sus plantas”. Replicó la señora: “¿Por teléfono?”. Babalucas declaró, orgulloso: “Mi novia y yo practicamos el sexo seguro: de la copita nos pasamos al cigarrito”. Afrodisio Pitongo, hombre proclive a la concupiscencia de la carne, era taxista. Cierto día le tocó llevar a una estupenda rubia al aeropuerto. En el trayecto le dijo: “Es usted la tercera mujer embarazada que llevo al aeropuerto esta mañana”. Opuso la rubia: “No estoy embarazada”. Respondió Afrodisio: “Todavía no llegamos al aeropuerto”. En medio de la oscuridad que últimamente se ha abatido sobre México este constante viajero que soy yo ve muchas luces. Una vi en Cuernavaca, particularmente luminosa, que me llenó de esperanza y fortaleció mi fe en México y en los mexicanos. He aquí que tuve la ocasión de conocer la admirable labor que ahí hace la Fundación Don Bosco. Siento particular afecto por ese amable santo. Fue él quien una vez puso su mano en la cabeza de un niño turinés y le dijo: “Tú serás sacerdote, e irás a un lejano país llamado México”. La profecía se cumplió: el padre Héctor Secondo, jesuita, vino acá y vivió en Saltillo, mi ciudad. Yo me confesaba con él, chiquillo de 8 años, flaquito y escuchimizado. “De penitencia -me decía- tómate todos los días una taza grande de chocolate con dos piezas de pan de azúcar”. Se contaban de él milagros: había levitado en el momento de la consagración; un día multiplicó las hostias. Fue el padre Secondo quien nos habló de Don Bosco, alegre santo que veía en la educación de los niños y los jóvenes la mayor fuente de bien. A esa tarea se dedica la agrupación que en Cuernavaca y en Morelos lleva el nombre del gran educador. La Fundación Don Bosco, a través de becas que consigue, y por medio de sus propios planteles, ha sacado de la calle a incontables niños y muchachos, y ha hecho de ellos gente de bien. Un extraordinario sacerdote dirige esa tarea, y es su inspiración: el padre José Antonio Sandoval Tajonar. Llamado con afecto el Padre Toño, todos lo quieren, lo respetan todos. En cada ciudad de México debería haber una fundación como ésta, que reúne a tantas personas de bien -maestros, donantes, padres de familia, colaboradores- dedicadas al común propósito de hacer el bien. Obras así me enseñan que los buenos prevalecen siempre sobre los malvados, y que la bondad de los muchos supera a la perversidad de los pocos. Agradezco al Padre Toño su ejemplo, y le expreso mi admiración por su labor. Don Chinguetas veía a cada instante su reloj. “Date prisa, mujer -le dijo a su esposa, doña Macalota-. Llegaremos tarde a la función”. “No me apresures -respondió ella-. Hace tres horas te estoy diciendo que estaré lista en un minuto”. Una señora pasó a mejor vida. Su desolado marido hizo incinerar el cuerpo de su esposa, y puso en la sala de su casa la urna con sus cenizas.  Los visitantes pensaban que era un cenicero, y depositaban ahí las cenizas de sus cigarros. Cierto día llegó el cuñado del señor y le dijo con asombro al ver la urna: “Juraría que Matilda está engordando”. Don Algón, rico señor, se prendó de Nalgarina  Grandchichier, vedette de moda. Todos los días le hacía un costoso regalo: un coche, un collar de brillantes, un abrigo de visón. Finalmente una noche le pidió que se casara con él. “¿Casarme contigo? -exclamó ella-. ¡Ah, no! ¡Eres muy gastador!”. Aquel matrimonio vivía en constante pleito. En el curso de una de sus incontables riñas él le dijo a ella: “Cuando te mueras pondré estas palabras en tu lápida: ‘Aquí yace mi mujer, fría como siempre’”. Respondió ella: “Y cuando tú te mueras yo pondré está inscripción en tu tumba: ‘Aquí yace mi marido, tieso al fin’”. (No le entendí). FIN.

MIRADOR

Historias del señor equis y de su trágica lucha contra La Burocracia.

El Funcionario del Estado hizo llamar al señor equis y le ordenó:

-Ve allá.

El señor equis, tembloroso, se atrevió a preguntar:

-¿A dónde?

El Funcionario del Estado se dignó responder:

-Allá.

Lleno de angustia clamó el señor equis:

-¿Dónde es allá?

Dijo El Funcionario del Estado:

-Allá es allá.

El señor equis gimió desesperado:

-¡No sé dónde es allá!

El Funcionario del Estado replicó:

-Eso no importa. Vayas a donde vayas no irás a ningún lado.

¡Hasta mañana!...

MANGANITAS

“Fracasan las pláticas del Poli.”.

Seguirán siendo infructuosas esas pláticas constantes: se ve que los estudiantes no van a arreglar las cosas.