De política y cosas peores

DE POLÍTICA Y COSAS PEORES

Rosibel, la linda secretaria de don Algón, le dijo a éste: “Tengo una fotografía que vale 500 mil pesos”. Admirado preguntó el ejecutivo: “¿Cómo puede valer tanto una fotografía?”. Le explicó, sonriente, la muchacha: “Es una que a escondidas nos tomó un fotógrafo amigo mío cuando usted y yo estábamos en aquel motelito”... Don Chinguetas le contó a doña Macalota, su mujer: “Anoche tuve un sueño muy extraño. En él se me aparecieron Satanás y Belcebú. Me preguntaron: ‘¿Hay alguna persona a la que te gustaría que atormentáramos?’. Les pedí que fueran a atormentar a tu mamá. ‘¿Quién es ella?’, quisieron saber. Les di su nombre y dirección. Y me dijeron: ‘A ella no la podemos atormentar. Es uno de nosotros’”... Aquel individuo llegaba todos los días a la misma hora a la cantina “Las alegrías de Schopenhauer”. Siempre pedía lo mismo: cinco tequilas dobles. Los ponía en hilera sobre la barra, y luego se los iba tomando uno tras otro, lentamente y en silencio. Cierta noche el cantinero no pudo ya contener su curiosidad y le preguntó: “¿Por qué pide sus tequilas todos juntos, en vez de irlos pidiendo uno por uno?”. Respondió el individuo: “Tengo cuatro hermanos a los que quiero mucho. Los cuatro se fueron a Estados Unidos. Les prometí que cada día los recordaría haciendo lo mismo que los cinco hacíamos cuando ellos estaban aquí: juntarnos todas las noches a tomarnos cada uno un tequila doble. Ahora que están lejos me tomo el mío y el de ellos”. El cantinero, conmovido por aquella demostración de  amor fraterno, se disculpó de nuevo con el cliente y ya no le dijo nada acerca de su extraña manera de beber. Una noche llegó el tipo y en vez de pedir cinco tequilas, como siempre, pidió nada más cuatro. El tabernero supuso que uno de los hermanos había pasado a mejor vida, y le expresó sus condolencias. “No -replicó el individuo-. Mis cuatro hermanos gozan de cabal salud. Pero yo le prometí a mi esposa que dejaría de beber. El tequila de menos es el mío”... Hay un proyecto -¡cuántos proyectos hay en este país, aún en proyecto!- para crear una fiscalía contra la corrupción. Algunos se preguntan qué nombre recibirá esa fiscalía. Otros se preguntan en qué forma se designará a su titular. Unos más se preguntan dónde estará su sede. Muchos se preguntan si será un organismo autónomo, con plena independencia del Gobierno. No falta quien se pregunte cuál será su presupuesto. Por mi parte yo me pregunto cuánto tardará en corromperse la fiscalía contra la corrupción... Babalucas salió de cacería. Al regresar al campamento por la noche vio un animal, le disparó y acertó el tiro. Fue corriendo hacia la pieza y vio a un hombre junto a ella. Le dijo Babalucas: “No quiera apropiarse de mi venado. Yo fui quien le disparó. Me pertenece”. El individuo trató de hablar. Empezó a decir: “Pero...”. “Ningún pero -lo interrumpió Babalucas, terminante, al tiempo que levantaba el rifle y le apuntaba-. Si pretende alegar que el venado es suyo mi siguiente disparo será para usted”. “Está bien -se resignó el otro-. Pero al menos déjeme quitarle al caballo la silla de montar”. Solicia Sinpitier, madura señorita soltera, le comentó a su amiguita Himenia Camafría, célibe como ella, que el agente viajero de los jabones orientales El-Tom la había invitado a salir esa noche. “Ten cuidado -le advirtió la señorita Himenia-. Ese sujeto tiene fama de erotómano. A las muchachas que salen con él las lleva en su automóvil al Ensalivadero, lugar de citas lúbricas. Ahí se les echa encima; las acaricia y besa arrebatadamente; luego les desgarra el vestido y las hace víctimas de su lujuria. Si trata de hacer eso contigo defiéndete y grita”. Al día siguiente Solicia visitó a su amiguita Himenia. Le preguntó ésta con inquietud: “¿Cómo te fue anoche?”. Respondió la señorita Sinpitier: “Sucedió tal como me dijiste. Balano (así se llamaba el agente viajero) me llevó al Ensalivadero en su automóvil. Tan pronto llegamos se me echó encima y empezó a acariciarme y a besarme arrebatadamente”. “¡Bribón canalla maldecido infame torpe ruin! -exclamó sin poner comas la señorita Himenia-. Y tú ¿qué hiciste? ¿Gritaste? ¿Te defendiste?”. “No -respondió con una gran sonrisa la señorita Sinpitier-. Me quité el vestido para que no me lo desgarrara”... FIN.

MIRADOR

¿Me habría gustado conocer a Lincoln, Abraham Lincoln.

Abogado joven, interrogó en la corte a un individuo que servía de testigo a la parte contraria. Empezó por preguntarle su nombre.              

-John Cass -respondió el tipo.

Pidió Lincoln:

-¿Puedo llamarle Jack?

Le contestó el testigo, hombre soberbio:

-Puede llamarme como le dé la gana.

Lincoln, entonces se dirigió a él diciéndole:

-Muy bien, Jack Cass.

Quienes llenaban la sala soltaron una estruendosa carcajada. La expresión “jackass” equivale en inglés a tonto, necio estúpido. El juego de palabras del defensor desarmó a la parte acusadora.

Me habría gustado conocer a Lincoln. Sabía que no hay nada como el humor para abatir a los soberbios.         

¡Hasta mañana!...

MANGANITAS

“... Nuevo gobernador en Guerrero...”.

Rindió protesta formal

ante el pleno del Congreso.

(Yo pienso que aun con eso

la cosa seguirá igual).