De política y cosas peores

DE POLÍTICA Y COSAS PEORES

La hija soltera de Babalucas le dio dos noticias a su progenitor: estaba embarazada, e iba a tener triates. “¡Santo Dios! -se consternó el badulaque-. ¿Y quiénes son los tres papás?”. El conferencista hablaba de la necesidad de consumir alimentos sanos. Le preguntó a un hombre del público: “¿Cuál es el platillo que le ha provocado las peores consecuencias en su vida?”. Sin dudar respondió el individuo: “El pastel de bodas”. Empédocles Etílez, el borrachín del pueblo, jamás había visto un racimo de uvas. Preguntó con extrañeza: “¿Qué son?”. Respondió el que traía el racimo: “Para ti son vino a largo plazo”. La hermosa paciente, mujer de exuberantes formas, le dijo al doctor Duerf: “Tengo un problema muy extraño, doctor. Cada vez que estornudo siento el urente e irrefrenable deseo de entregarme al primer hombre que veo”. El facultativo le entregó un pequeño frasco. “Aspire esto ahora mismo” -le ordenó. “¿Qué es?” -preguntó ella. Respondió el célebre analista: “Pimienta”. Aplaudo -y con ambas manos, para mayor efecto- la decisión de los perredistas de elegir como su dirigente nacional a Carlos Navarrete. No sólo es un hábil político: es también hombre sensible, culto y con un gran amor a México y un profundo sentido de la justicia social. Gusta de la canción, lo cual habla muy bien de él: a mí no me den por bueno a alguien -hombre o mujer- a quien no le gusta cantar u oír cantar.  El nuevo dirigente del partido del sol azteca profesa un entrañable afecto por José Alfredo Jiménez, su inmortal paisano. Formó una agrupación que reúne a aquellos que sienten -que sentimos- veneración por la memoria del gran cantor guanajuatense. Pienso que con la dirección de Carlos Navarrete el PRD recobrará su espíritu y rumbo originales y al mismo tiempo será un partido de izquierda moderno, democrático, alejado de los procedimientos que alguna vez le enajenaron la simpatía de los electores. En buenas manos ha quedado el PRD. Yo lo celebro, pues pienso que cada vez está más cerca la hora de la izquierda, y ciertamente le hace falta a México una izquierda verdaderamente izquierdista, y al mismo tiempo racional y razonable. Nemoroso, ranchero en flor de edad, consiguió por fin que la Micaila, agraciada doncella campesina, accediera a entregarle la flor nunca tangida de su virginidad. Buscaron un grato paraje en la solitud de la floresta umbría, y ahí empezaron a abrazarse y besarse con ardimiento ignito arrullados por la música que hacían las cristalinas linfas al correr sobre las guijas del riachuelo, y por el canto de una tórtola zurita que desde las ramas de un aromoso cedro. (Nota: El autor se extiende por seis páginas en la morosa descripción del bellísimo paisaje que rodeaba a los enamorados jóvenes. Nuestro jefe de redacción, ansioso por llegar al meollo del asunto, suprimió todos esos párrafos, motivo por el cual nos vemos en la imposibilidad de compartirlos con los amabilísimos lectores). Encendidos de pasión los dos amantes se despojaron mutuamente de sus ropas, igual que hicieron Dafnis y Cloe en el romance pastoril de Longo. Nemoroso tendió a Micaila sobre la muelle arena de la riba, y luego procedió a consumar con delicadeza el bucólico desposorio. La emoción del momento, sin embargo, no fue suficiente para que el silvestre galán dejara de advertir la insólita conducta de su amada. Empezó la garrida muchacha a menearse con movimientos que a él le parecieron demasiado eróticos. Subía y bajaba las caderas con formidable impulso; les imprimía un movimiento circular igual que si con ellas estuviera escribiendo la letra o; se meneaba con giros impetuosos que de inmediato pusieron a su amador al borde del eretismo o espasmo de la culminación. Salió el muchacho del santuario del deliquio y con recelo interrogó a la moza: “Dime la verdad, Micaila: ¿es ésta la primera vez que un hombre te hace obra de varón?”. “Claro que sí -respondió ella ofendida al oír esas palabras de dubitación-. ¿Por qué me lo preguntas?”. Respondió él, suspicaz: “Porque tus convulsivos movimientos, tus ondulantes giros y tus sinuosos meneos, balanceos, contoneos y zarandeos no son propios de una señorita”. “Te equivocas -replicó la zagala-. Sí son propios de una señorita. ¡De una señorita a quien el pendejo de su novio acostó sobre un hormiguero!”. FIN.

 

MIRADOR

Si la besas en la primera cita no eres un caballero.

Si no la besas no eres hombre.

Si haces todo lo que ella te dice eres un mandilón.

Si no lo haces eres un desconsiderado.

Si la celas es que estás loco.

Si no la celas es que no la amas.

Si le llevas flores sin motivo piensa que tienes otra mujer.

Si no le llevas piensa que en ti se ha apagado ya la flama del amor.

No ha habido nunca, ni hay ahora, ni habrá jamás un hombre que pueda entender a una mujer. Su misterio es inasible.

Lleguemos entonces a la misma eterna conclusión: la mujer no es para entenderla, es para amarla.

Así son ellas. Eso es parte de su encanto. Lo demás es lo de menos.

¡Hasta mañana!...

 

  MANGANITAS

“. Se niega a renunciar el gobernador de Guerrero.”.

Todos los hechos anuncian

su salida del gobierno.

Su estado ya es un infierno.

O renuncia o lo renuncian.