De política y cosas peores

DE POLÍTICA Y COSAS PEORES

Aquella chica adolescente resultó un poquitito embarazada. Les explicó, llorosa, a sus papás: “La noche en que me embaracé mi novio y yo íbamos a ir al cine, pero la película era sólo para adultos, y entonces tuvimos que irnos a un motel”. Un viajero miró a un niño sentado a la puerta de una choza miserable. El pequeño se veía sucio y descuidado. Se detuvo el viajero y le preguntó: “¿”Está tu mamá?”. Respondió el chamaquito: “No tengo mamá”. “¿Y tu papá?” -inquirió el viajero. Contestó el chiquillo: “Tampoco tengo papá”. Dijo el visitante: “Me apena saber que tu padre y tu madre murieron”. “No dije que murieron -aclaró el niño. Jamás tuve papá ni mamá”. Replicó el hombre: “Eso no es posible”. “Sí es posible -lo contradijo el niño-. Vino un tipo de la ciudad y le jugó una mala pasada a una tía mía”. Meditaba un individuo: “Los sacerdotes católicos no se casan. ¿Cómo pueden entonces hablar del infierno con autoridad?”. El escritor asistió a un funeral. En el acto del sepelio el agente de pompas fúnebres preguntó a los circunstantes si alguno quería hacer el elogio fúnebre del desaparecido. Ninguno se ofreció a hacerlo. Al ver eso se adelantó el escritor y dijo: “Si nadie quiere hablar del muerto permítanme entonces decir algunas palabras acerca de mi más reciente libro”. El jefe caníbal y su hijo iban por la selva. De pronto vieron a una bellísima mujer que se estaba bañando en las cristalinas aguas de un riachuelo. Su cuerpo, de perfectas formas, ebúrneo, alabastrino, evocaba a las huríes y odaliscas de los jardines del Profeta. Sus senos, semejantes a anáglifos helénicos, invitaban a beber en ellos el dulce néctar del amor. Su cintura era cimbreante como palmera de un oasis; tenía grupa de potra arábiga, redondeada y firme; sus muslos prometían ocultos paraísos, y sus torneadas piernas. (Nota de la redacción: Con pena y todo nos vemos obligados a interrumpir la prolija descripción que nuestro amable colaborador hace del cuerpo de la joven exploradora blanca. Desgraciadamente el espacio de que disponemos no es mucho, y además nuestro editor en jefe está experimentando una conmoción que nos preocupa. En antiguos ejemplares de la revista Vea podrá el lector hallar descripciones como ésta). El hijo del jefe caníbal vio a la hermosa mujer, y se dispuso a dispararle con su arco. Su padre lo detuvo: “No dispares”. “¿Por qué? -preguntó molesto el hijo-. Tengo hambre”. Replicó el jefe: “Ésta la quiero para que viva conmigo. La llevaremos a la aldea y nos comeremos a tu madre”. Cuando surgió la influenza el gobierno de Estados Unidos les prohibió a sus ciudadanos venir a México, aunque allá había más enfermos de ese mal que acá. Ahora que el ébola se ha presentado en los Estados Unidos ¿nos prohibirá nuestro gobierno viajar a ese país? Otra pregunta: ¿cuál es la capital de Dakota del Sur? Y otra aseveración: ante la amenaza del ébola lo único que podemos hacer los mexicanos es persignarnos. Decía Libidiano Pitonier: “Amo a mi prójimo, pero para practicar empiezo primero amando a su mujer”. Los escoceses tienen fama de ser excesivamente ahorrativos. Dos de ellos se encontraron en la estación del tren. Le preguntó uno al otro: “¿A dónde vas?”. “A Glasgow -respondió el otro-, a pasar mi luna de miel”. El primero volvió la vista a todos lados. “¿Dónde está tu esposa?”. Respondió el escocés: “Ella ya ha estado en Glasgow”. Los líderes sindicales estaban conversando. Dijo uno: “Deberíamos hacer una manifestación en contra de los empresarios”. “Tienes razón -contestó el otro-. Hay que protestar contra los capitalistas que explotan a los trabajadores y se aprovechan de ellos”. Propuso el primero: “Vayamos a mi oficina a organizar la marcha”. “Está bien -aceptó el otro líder-. Pero tendremos que ir en tu Ferrari, porque mi Porsche se lo llevó mi mujer -su Jaguar está en mantenimiento-, y el Lamborghini lo trae mi hijo”. Himenia Camafría, madura señorita soltera, iba por un oscuro callejón cuando le salió al paso un joven y guapo delincuente. Esgrimiendo una navaja le dijo a la señorita Himenia: “Deme su dinero”. “Ah -suspiró ella entregándole su monedero-. Eres igual que todos los hombres: en lo único que piensan es en el dinero”. Un sujeto le dijo a otro: “Eres tan bruto que estoy seguro de que ni siquiera sabes hacer bien el amor”. “¡Ah! -exclamó irritado el otro-. ¡Ya te vino con el chisme tu mujer!”. FIN.


MIRADOR

Variación opus 33 sobre el tema de Don Juan

Por aquellos años Don Juan estaba en el apogeo de su gloria.

Todas las mujeres se le rendían, y él les hacía el amor a todas, una distinta cada noche.

Alguien le preguntó:

-Lo que haces ¿es por lujuria?

-No -respondió él.

-¿Es por soberbia?

-No.

-Entonces -quiso saber el que preguntaba- ¿por qué les haces el amor a tantas mujeres?

Contestó el sevillano:

-Para tener qué recordar cuando sea viejo.

¡Hasta mañana!...


  MANGANITAS

 “. Ya no aumentarán los impuesto.”.

La promesa es impactante, y está muy en su lugar, pero hemos de recordar que ya han subido bastante.