De política y cosas peores

DE POLÍTICA Y COSAS PEORES

La señorita Peripalda, encargada del catecismo, fue a una conferencia de psicología. Dijo el joven y apuesto disertante: “Entre el hombre y la mujer hay una sola diferencia’’. La catequista levantó la mano: “¿Podría usted mostrarnos la diferencia?’’... Don Algón instruyó a su nueva secretaria: “Señorita Grandchichier: dedique la tarde de hoy a comprar todo lo que necesitará ahora que va a trabajar conmigo: libretas, lápices, clips, píldoras anticonceptivas...’’. Babalucas, el mayor tonto del pueblo, le hizo una reclamación a su novia: “-Me dicen que te han visto salir con todos mis amigos’’. “¡No seas tonto, mi vida! -lo tranquilizó ella-. Mira: contigo voy al cine, al teatro, a la disco, al paseo, a todas partes. Con ellos al único lado que voy es al motel’’... Una guapa mujer llegó al consultorio del siquiatra. Iba completamente en peletier, es decir, sin nada de ropa encima. “Ayúdeme por favor, doctor -le dijo-. Siento que todo el mundo se me queda viendo’’... Para redondear el presupuesto familiar aquel pobre sujeto subía al ring los fines de semana como luchador enmascarado con el nombre de “El Relámpago Púrpura’’. Un día lo contrataron para luchar con “La Bestia Negra’’, terrible luchador, rudo también e igualmente y enmascarado. La lucha sería máscara contra máscara: el que perdiera se debería quitar la suya y dar a conocer su identidad. La lucha duró 42 caídas, pues era sin límite de tiempo. Después de combatir más de dos horas “El Relámpago Púrpura’’ logró por fin vencer a su adversario. Sangrando, con dos costillas rotas, cubierto todo el cuerpo de violáceos moretones, reunió sus últimos arrestos y en un supremo esfuerzo logró poner la espalda de su rival contra la lona hasta que el árbitro hizo el conteo final. Cuando “La Bestia Negra’’ se quitó la máscara “El Relámpago Púrpura’’ vio el rostro de su feroz enemigo y exclamó lleno de asombro: “¿Usted, suegra?’’... Capronio, sujeto ruin y desconsiderado, le dijo a su novia: “No puedo seguir contigo, Dulcilí”. “¿Por qué?” -se afligió ella. Explicó el botarate: “Tienes el busto muy pequeño, y el doctor me dijo que nada de copitas”.... El niño campesino llegó tarde a la escuela. Explicó: “Tuve que llevar el toro a cubrir una vaca del vecino’’. Preguntó la maestra: “¿Qué no puede hacer eso tu papá?’’. Respondió el niño: “Él es capaz de todo, pero no creo que a la vaca le guste’’... La democracia, dijo alguien, es el gobierno de los pocos mucho en beneficio de los muchos poco. Quien eso postuló explicó su definición. “Los pocos mucho”, dijo, son aquellos que, escasos en número, disfrutan una porción grande de los bienes sociales: tienen riqueza, educación, gozan de bienestar. “Los muchos poco” -la mayoría-  son los que no tuvieron acceso a esos bienes, y que por tanto están necesitados de un sistema social que les permita llegar a obtenerlos y gozarlos. Vistas así las cosas, esa idea de la democracia no deja de tener algo de aristocrática, pues habla en realidad del gobierno de los mejores, entendiendo por “mejores” aquellos que fueron favorecidos por la vida. Independientemente de la razón o sinrazón que contenga esa teoría, lo cierto es que toda acción de gobierno debe tender al bien común, sobre todo al bien de los más necesitados. Me pregunto si las numerosas reformas emprendidas -y consumadas- por el nuevo régimen tienden a conseguir ese bien, o si propiciarán únicamente que “los pocos mucho” sean más pocos aún y sigan teniendo más y más. Es una pregunta que, me temo, no tendrá contestación. Tres señoras llegaron a una farmacia. Iban a comprar preservativos. Pidió la primera: “Deme un paquete de seis”. Y explicó a sus amigas en voz baja: “Mi marido es de lunes, martes, miércoles, jueves, viernes y sábado”. Solicitó la segunda: “A mí me da un paquete de nueve”. Y explicó también en tono de confidencia: “Mi esposo es de lunes, martes, miércoles, jueves y viernes; dos veces el sábado y dos veces el domingo”. Pidió la tercera: “A mí deme un paquete de 12”. “¿12?” -exclamaron con asombro las otras. “Sí -suspiró la señora-. Enero, febrero, marzo, abril...”... FIN. 

MIRADOR

“Mejorando lo presente”. 
“No agraviando”. 
 Tanto en el campo como en las ciudades oímos todavía esas dos expresiones coloquiales. 
 -Fulanita es muy chula -dice un campesino en presencia de mi esposa. 
Y añade inclinándoante ella: 
-Mejorando lo presente. 
-Tengo un amigo... -empieza a contar el señor a quien acabo de conocer.
Y de inmediato hace la salvedad: 
-No agraviando. 
¿Existen en otro idioma expresiones equivalentes a ésas, de tan refinada cortesía mexicana? ¿Tiene otro pueblo ese comedimiento, esa sutil delicadeza de salvar el mérito del presente cuando se elogia el del ausente?
Quizá sólo en nuestro país se ve tan exquisita urbanidad. 
(No agraviando).
 ¡Hasta mañana!

  MANGANITAS

“... Buscan a un gobernador delincuente...”.
Observadores muy duchos
-todavía hay de esos hombres-
exigen que se den nombres,
pues de ese género hay muchos.