De política y cosas peores

DE POLÍTICA Y COSAS PEORES

El patrullero se acercó al automóvil que estaba en el paraje más apartado y oscuro del parque, y vio que en el asiento de atrás estaban un muchacho y una chica. Proyectó la luz de su lámpara de mano al interior y preguntó al azorado joven: “¿Acaso se propone usted hacerle el amor a esa muchacha?”. “N-no, o-o-ficial” -farfulló el mozalbete. “Muy bien -habló el policía-. Entonces baje y deténgame la lámpara”... Un amigo de Babalucas le contó: “Estuve en la frontera. Hacía un calor tremendo: 40 grados a la sombra”. Le dijo el badulaque: “¿Y pa’ qué te ponías en la sombra?”... Un sujeto se la pasaba viendo en la tele los partidos de futbol. No hacía otra cosa, excepción hecha de la actividad complementaria: beber una cerveza tras otra y atiborrarse de comida chatarra. Con tal motivo tenía varias semanas de no cumplir con eso que el Código Civil llama “débito conyugal”. Una noche, cuando más entretenido estaba viendo el partido inicial de la Copa de Timbuctú, tercera división, se le presentó su mujer cubierta sólo por una vieja bata. Se plantó la señora frente al omiso señor, se abrió la bata a todo lo que daba y le dijo con acento terminante: “O me pones a jugar o me declaro agente libre”... Le preguntó el mesero a don Hamponio disponiéndose a llenarle la copa: “¿Vino de la casa, señor?”. Amenazante respondió él: “¡Y a ti qué te importa de dónde vine, desgraciado!”... Nalgarina Grandchichier, vedette de moda, era entrevistada por una reportera. “Dime, Nalgarina -le preguntó-. La primera vez que hiciste el amor ¿fue por amor o por dinero?”. Se quedó pensando Nalgarina y luego respondió: “El muchacho con el que lo hice me dio 5 pesos. No era mucho dinero. Entonces fue por amor”... Un señor y su esposa paseaban por el campo. Hacía un calor de infierno, de modo que al pasar por un riachuelo decidieron darse un chapuzón. Se despojaron de sus respectivas ropas y se pusieron a retozar alegremente en las cristalinas aguas. Ya refrescada, la señora decidió salir. Cuando iba por su ropa vio a un individuo que llegaba. Sólo alcanzó a taparse la parte principal poniendo sobre ella los zapatos de su esposo, que quedaron con las suelas hacia afuera. Vio aquello el recién llegado y comentó con asombro: “Muy apasionado el señor, ¿no?”... La dueña de la casa tenía en la sala una reproducción del David de Miguel Ángel. Cierto día notó con sorpresa algo extraño en la estatua: la parte varonil del apuesto mancebo ya no apuntaba hacia abajo, como antes, sino hacia arriba. Llamó a la joven criadita y le preguntó qué había sucedido. Explicó ella: “Alguien le rompió esa parte. La encontré en el suelo y se la peguél”. “¡Pero se la pegaste al revés!” -exclama la señora. “Perdone, señito -se disculpó la muchacha-. Así es como he visto siempre yo esas cosas”... Está claro que en Michoacán no pocos políticos y funcionarios, y aun gente de empresa, entraron en connivencia con los jefes del crimen organizado. De esa culpable relación derivó la inseguridad que los habitantes de ese estado sufren ahora. No se puede transigir con los delincuentes, y menos aún entrar en negociaciones con ellos. A los criminales se les debe perseguir con la fuerza de la ley, y no tener con ellos ninguna relación. Sus dádivas se han de rechazar, y se les debe denunciar, si no a las policías locales, que con frecuencia están en connivencia con ellos, sí al Ejército o a la Marina. La delincuencia organizada es un gravísimo mal, pero se le puede erradicar si los encargados de aplicar la ley no entran en tratos con los delincuentes. Hay ahora tantos divorcios que antes de casarse una chica se debe preguntar: ¿Es éste el hombre con el que quiero que mis hijos pasen los fines de semana?... Una hermosa mujer de 30 años casó con un caballero de madura edad. La noche de las bodas ella apareció luciendo un vaporoso negligé blanco. Le dijo él: “Te ves tan hermosa que no me atrevo a tocarte”. Y se fue a dormir. La siguiente noche ella se presentó con un sugestivo negligé rojo. Le dijo él: “Te ves tan bella que no soñaría en tocarte”. Y otra vez se fue a dormir. La noche siguiente ella salió vestida de negro. Le preguntó él, asombrado: “¿Por qué te pusiste ese vestido negro?”. Respondió ella: “Estoy de luto. Algo está muerto por aquí”. FIN.
 
MIRADOR

Este pájaro carpintero tiene la puntualidad de un tren inglés: todos los días a las 7 de la mañana suena el sonoro son de su pico telegráfico. 
Yo miro al pájaro artesano. Es de plumaje gris y blanco, y tiene en lo alto de la cabeza un copetito rojo que se parece al gorro frigio de un revolucionario francés. Seguro escalador, se posa en el tronco del añoso nogal y busca ahí su pan de cada día, hecho de insectos.
He aquí lo que pienso mientras veo a este pájaro percusionista y escucho su rítmico tambor: ahora él se come a los insectos; mañana los insectos se lo comerán a él. 
Eso pienso. 
 Y pienso que la vida es un cuento de nunca acabar. 
 Un hermoso, apasionado, alegre y trágico cuento de nunca acabar.
¡Hasta mañana!...

MANGANITAS

“... Muchos asaltos en restaurantes...”.
El asalto se presenta
-te lo advierto, comedido,
para que estés prevenido-
cuando te llevan la cuenta.