De política y cosas peores

DE POLÍTICA Y COSAS PEORES

La señora le dijo a la linda criadita de la casa: “Te regalo este negligé, Domicia. A mi marido no le gustó, y no quiere que me lo ponga”. Contestó la mucama: “¡Uh, pos si no quiere que se lo ponga usté, menos va a querer que me lo ponga yo!”... En Las Vegas un apostador le preguntó a la chica de tacón dorado cuál era el monto de su tarifa o arancel. “300 dólares” -le informó ella. Propuso el individuo: “Doble o nada”. Aquella guapa chica tenía una hermana gemela. Cierto día llegó a su casa en la madrugada y le dijo, feliz: “¡Te tengo una buena noticia, hermanita! ¡Ya no somos gemelas idénticas!”... Un hombre le pidió a la empleada en la tienda de departamentos: “Quiero un regalo caro para dama”. Preguntó ella: “¿Tiene usted algo en mente, caballero?”. “Claro que tengo algo en mente -respondió el tipo-. Para eso necesito el regalo caro”... Empédocles Etílez, el borrachín del pueblo, llegó ebrio a su casa, como de costumbre, y su mujer no le quería abrir la puerta. “Ábreme -clamó el beodo-. Le traigo un ramo de flores a la mujer más hermosa del mundo”. Al oír aquello la señora, halagada, abrió la puerta. Empédocles llevaba las manos vacías. Preguntó la mujer, irritada: “¿Dónde está el ramo de flores?”. Contestó el temulento: “¿Dónde está la mujer más hermosa del mundo?”... Rodolfo Rascón Valencia, sonorense, ha recogido en un sabroso libro que se llama “¡Uta, qué risión!”, hechos y dichos de la gente de Sonora. Historia del individuo que tras beberse dos docenas de cervezas le entregó las botellas vacías a su mujer. “Véndelas -le dijo-. Pa’ que veas que tomo no por borracho, sino pa’ hacer negocio”. El otro briago que, con los efectos de la borrachera del día anterior, pidió temprano en la mañana una cerveza en la cantina. “Están calientes” -le informó el cantinero. “No li’hace -dijo con ansiedad el crudo-. La agarro con un trapito”. Relación del Chico Villa, el mentiroso de Nácori, que contaba cómo un oso había raptado a su hermana. Seis años después Chico fue al monte y se sentó abajo de un encino. “Oí unos ruidos en las ramas; voltié p’arriba y ahí estaban tres ositos. Al verme empezaron a gritar: “¡Amá! ¡Amá! ¡Mi tío Chico!”. Narración surrealista de Zenón Lucero, otro gran inventor de fantasías, que yendo por el campo encendió una fogata en la noche a fin de calentarse. Fue al arroyo por agua para hacer café. A su regreso la fogata había desaparecido. Invocó a la Madre de Cristo por si aquello era obra de Molcas (el demonio). De pronto vio a lo lejos cómo la falda del cerro se iluminaba con miles de lucecitas en movimiento. Era que los mochomos (hormigas) habían cogido cada uno una brasita para quitarse ellos también el frío. Y el celebrado dicho del Ramonsón Morán. Después de una larga sequía se formaron nubes que dejaron caer sólo unos cuantos goterones, y luego desaparecieron llevadas por el viento. Dijo el Ramonsón: “¿Qué no le dará vergüenza a mi tata Dios llover así?”. Y aquel ranchero, dueño de un toro viejo ya. Rezongaba el hombre: “¡Toro chingao! ¡Alborota a las vacas y luego no les hace nada, nomás las deja alborotadas! ¡Ya está bueno pa’ echarlo al carro!”. Dijo su esposa: “Si a esas fuéramos, desde cuándo te habrían echado a ti al carro”. Merecen reconocimiento los cronistas que, como Rodolfo Rascón, guardan constancia del genio y el ingenio de su pueblo. Yo le agradezco a este generoso escritor el regalo de su libro. Me dio con él los dones de la risa y el saber. El jefe de personal le preguntó al hombre que pedía empleo: “¿Qué otras habilidades tiene usted, a más de las de computación?”. Respondió el individuo con orgullo: “Modestia aparte, soy un gran semental. En cierta ocasión le hice cuatro veces seguidas el amor a una mujer”.  El jefe se aturrulló. Le aclaró al tipo: “Me refiero a habilidades en el trabajo”. “Precisamente -replicó el jactancioso individuo-. Eso se lo hice en horas de trabajo”... Himenia Camafría, madura señorita soltera, le contó a su amiguita Celiberia la singular experiencia que tuvo en su último viaje a California. “Me invitaron a un baile nudista -le dijo-. Y fui, pero me salí inmediatamente’’. “¿Por qué? -preguntó Celiberia.  Explicó la señorita Himenia: “Las cosas estaban muy agitadas’’... FIN.

MIRADOR


El semáforo cambia a rojo, y yo detengo mi auto. Frente a mí ha quedado un coche de modelo viejo, opaca la pintura, desgastado. Va en él una familia: los esposos delante, y en el asiento trasero sus dos pequeños hijos, niño y niña. Algo dice el marido. Su mujer ríe; luego se inclina y le da un beso en la mejilla.  Los niños ríen también. Me doy cuenta de que he contado mal los pasajeros que van en ese viejo coche. Pensé que eran cuatro. No: son seis. Hay que contar al amor y la felicidad.Cambia a verde el semáforo. Avanzamos, yo en mi automóvil, ellos en su carroza de oro.¡Hasta mañana!... 

  MANGANITAS


“. Los mexicanos no leemos.”.Ese problema es secuelade lo que en México pasa:se lee poco en la casa, aún menos en la escuela.