De política y cosas peores

DE POLÍTICA Y COSAS PEORES


Doña Macalota le dijo a su vecina: “Mi marido Chinguetas es un desmemoriado. Lo mandé a comprar pan, y ya verás que se le olvidará traerlo”. Poco después regresó el hombre. Le contó a su esposa: “No vas a creer lo que me sucedió. Al salir del departamento me topé con la vecina, esa mujer de enhiesta grupa de potra arábiga; busto como las cúpulas del palacio del sultán; cintura semejante la de las odaliscas que sacian la sed de amor de los beduinos, y piernas marfilinas como las altas columnas del templo de Isis en Karnak”. (NOTA: La descripción que de la mujer hizo don Chinguetas estaba influida por antiguas lecturas de la revista Vea, insigne publicación sicalíptica de mediados del pasado siglo). Continuó su narración el hombre: “Sin decirme palabra la hermosa mujer me tomó de la mano y me introdujo en su departamento. En su alcoba me incitó en tal manera que sentí renacer en mí los amorosos rijos de la pasada juventud. Tres veces le hice el amor hasta quedar los dos ahítos de voluptuosidad. Después, siempre en silencio, me hizo vestirme, y de la mano me trajo otra vez hasta mi puerta. Y aquí estoy, sin poder creer todavía que ese inefable sueño de amor fue realidad”. Doña Macalota se vuelve a su vecina: “¿Qué te dije? No trajo el pan”... La casa de mala nota de aquel pequeño pueblo fue clausurada por don Mancerino, el alcalde del lugar. Las muchachas tenían un perico, y acordaron dejarlo en la puerta del convento, seguras de que ahí el pajarraco encontraría asilo. Cubrieron, pues, la jaula con un lienzo, la pusieron junto a la puerta, sonaron la campana y se alejaron. Abrió la madre portera y vio aquel extraño bulto en el umbral. Temerosa, llamó a la superiora y le mostró el objeto. ¿Qué debería hacer con él? La reverenda madre sintió también temor, e hizo venir al padre Juan, capellán del convento. Acudió éste con prontitud, y determinó llevar aquello al interior a fin de examinar su contenido. Lo puso sobre una mesa y, rodeado por las asustadas -pero curiosas- monjitas quitó el trapo que cubría la jaula. El perico, deslumbrado por la súbita luz, se frotó los ojillos con las alas, paseó luego la mirada por el grupo y empezó a decir al tiempo que señalaba a cada monja: “Nueva, nueva, nueva... hola, padre Juan. nueva, nueva, nueva...”. Pese a todos los pesares las reformas iniciadas por el Presidente Peña Nieto se han concretado, si no en todos sus términos, sí en los más importantes. Las modificaciones de que han sido objeto en el curso de los debates no son de fondo, y en ocasiones han sido meras concesiones hechas a los partidos en lo accesorio con tal de sacar adelante la suerte principal. La capacidad de maniobra del Gobierno ha superado a la de la Oposición, y se han concretado esas reformas, que no hace mucho tiempo se habrían considerado inviables. Algunos juzgarán que ha regresado el presidencialismo de los pasados tiempos, cuando el Poder Legislativo era obsecuente en todo a la voluntad presidencial. Tal consideración sería, a mi juicio, equivocada. Ahora estamos en presencia de un ejercicio en el cual las diversas fuerzas políticas de la Nación dialogan y llegan a acuerdos que luego se plasman en la ley. A eso se le llama democracia. El Presidente ya no puede imponer unilateralmente su voluntad, como en la época de la absoluta dominación priista. Debe ahora concertar, conciliar, ceder, pactar, oír opiniones distintas a la suya y atenderlas. Buena señal es ésa. Cayendo y levantando quizá, pero los mexicanos vamos avanzando en el camino democrático. Dos vedettes se encontraron en el vestidor. Una de ellas traía marcada en la pancita una letra A. “¿Qué significa esa letra?” -le preguntó, curiosa, sus compañera. La otra se revisó. “Ah -respondió-, es que mi novio me acaba de abrazar con mucha fuerza. Se llama Afrodisio, y lleva la inicial de su nombre en la hebilla del cinto. Con los apretones se me marcó la letra”. La otra empezó a desvestirse. Traía marcada abajo del ombliguito la letra W. “¿Y esa letra?” -preguntó a su vez la otra. Explicó ella: “Es que mi novio Wintilo es motociclista, y en el arrebato de la pasión sensual se le olvidó quitarse el casco con su inicial”. (No le entendí)... FIN. 

MIRADOR

 Estamos en la cocina del Potrero. Mi amigo y yo bebemos con morosidad sendas copas de mezcal de la Laguna de Sánchez. Ese sápido licor ha dormido en la alacena durante largos meses, con sus añadiduras de canela y clavo, cáscara de naranja, rodajas de membrillo, ciruelas y uvas pasa. Curado así, ese mezcal es bueno para curar todo mal.

Don Abundio bebe también el suyo mientras atiza el fuego donde se asan los elotes. La plática gira en torno de caballos. Y pregunta mi amigo, que es gente de ciudad:

- ¿Cómo se sabe la edad de un caballo?

 Le digo:

-Por los dientes.

 -Igual que la edad de una gallina -anota don Abundio-. También se conoce por los dientes.

 Receloso le indica mi amigo:

 -La gallina no tiene dientes.

 -Por los dientes del que se la come -aclara el viejo.

 Y le da otro traguito a su mezcal, como si nada hubiera dicho. Mi amigo no sabe si reír o amoscarse. Yo también le doy otro trago a mi mezcal.

 ¡Hasta mañana!...

 

MANGANITAS 

“. Cierran table dances en el DF.”.

Yo no apruebo esa medida

tan contraria a la razón,

y ofrezco mi aportación

para pagar la mordida.