De política y cosas peores

DE POLÍTICA Y COSAS PEORES


“Me duelen los cojones”. Así, con laconismo estoico quizá heredado de su paisano Séneca, le dijo Venancio al médico de la familia. Éste, hombre de edad nutrido en las lecturas del Padre Coloma y don José María Pemán, se mortificó al oír aquel término vulgar: “cojones”. Le pidió a Venancio: “Por favor no use en mi presencia vocablo tan plebeyo”. “¿Entonces cómo debo decir?” -se azoró el visitante. “Emplee una palabra clave -sugirió el facultativo-. Diga, por ejemplo, ‘concejales’. ‘Me duelen los concejales’. Yo entenderé”. Después de examinarle la susodicha parte el galeno le extendió una receta, y el tipo se retiró. Pasaron unos meses, y Venancio volvió al consultorio. El médico recordó su malestar y le preguntó: “¿Qué tal, amigo? ¿Cómo van esos concejales?”. “Los concejales están bien, doctor -contestó Venancio-. Ahora el que no quiere levantar la cabeza es el alcalde”... La mamá de Pepito tenía un embarazo de 8 meses. Cuando el niño le preguntó por qué estaba tan gorda ella le contestó: “Es que traigo un bebé en mi pancita”. Pepito guardó silencio. “¿Qué piensas?” -le peguntó la señora. Respondió el chiquillo: “Me estoy preguntando por dónde se metería ahí”... Un automovilista iba de noche por el campo, y su vehículo sufrió una descompostura. Llovía torrencialmente, y no pasaba nadie por la carretera. El viajero miró a lo lejos una luz y caminó hacia ella. Resultó ser la casa de una anciana que vivía ahí con su hija, mujer tremendamente fea. Bizca, tenía hirsutos los pelos, escasos los dientes, y un lobanillo enorme en la nariz. Patoja, pernituerta, anadeaba visiblemente al caminar. La madre recibió al viajero con afabilidad; le dio un vaso de ron y luego le sirvió una copiosa cena. Después lo condujo a la habitación donde pasaría la noche. Ahí le dijo: “Mi hija no puede ver a un hombre sin desearlo. Le ruego que use alguna protección”. “La usaré -prometió el viajero-. Voy a ponerle triple cerrojo a la puerta”... Recibí un mensaje firmado por Mónica Sayrols. De inmediato me vino a la memoria el nombre de don Francisco Sayrols, editor de “Sucesos para todos”, revista que fue en su tiempo la predilecta de mi padre. Me pregunté si alguna relación de parentesco une a Mónica con don Francisco. El caso es que ella me dio una gran noticia: César Costa, embajador de UNICEF en México, fue objeto de un reconocimiento de ese organismo internacional por la labor que ha realizado en bien de la niñez mexicana. César fue nombrado Embajador de Buena Voluntad de UNICEF, institución dependiente de la ONU, en 2004, el primer mexicano en recibir ese alto honor. Tengo amistad con César Costa. Desde que lo conocí en la casa de otro excelente amigo, el abogado saltillense Onésimo Flores Rodríguez, me he enriquecido con su trato, siempre cordial y siempre amable. Es un talentoso artista que triunfó en el mundo de la canción y que luego se convirtió en actor de primer orden tanto en la televisión como en el cine. Dueño de una extraordinaria calidad humana, ha sido ejemplar hombre de familia, y es ahora -¡quién lo diría al ver su permanente juventud!- un cariñoso abuelo. Le agradezco a Mónica Sayrols haberme dado la noticia del homenaje a César, y a él le doy las gracias por el inapreciable don de su amistad... Mezzo Soprano, el miembro de más baja estatura de la célebre familia de mafiosos, llamó a su guardaespaldas, el joven gangster Maiale Soppiattone, y le ordenó con cavernosa voz: “Ve al baño y satisfácete a ti mismo”. El pistolero no se atrevía jamás a cuestionar las órdenes del capo, de modo que acató aquel mandato inexplicable. “Misión cumplida” -le dijo al regresar del baño. “Ahora ve y haz otra vez lo mismo” -le ordenó de nueva cuenta Mezzo. Aunque en esta ocasión tardó un poco más de tiempo, igualmente obedeció Maiale. “Hazlo una vez más” -le mandó, terminante, Soprano. Hizo un ingente esfuerzo Soppiattone y logró, no sin grandes empeños físicos y de imaginación, dar cumplimiento a la imperiosa exigencia del padrone. Con eso quedó exhausto, exánime y exangüe. “Ahora sí -le dijo entonces el mafioso-. Lleva a mi hija de regreso a Brooklyn”... FIN.

MIRADOR

Aquel hombre se presentó en el consultorio de un nutriólogo. Le dijo:
-Quiero vivir 100 años. Prescríbame un régimen alimenticio que me permita llegar a esa edad.
Le preguntó el especialista:
-¿Goza usted el buen vino?
Respondió el individuo:
-No.
-¿Canta con sus amigos, o comparte con ellos en grata mesa la conversación?
-No.
-¿Suele tener trato con ese hondo misterio llamado la mujer?
-No.
-¿Vive en Saltillo?
-No.
-Entonces -preguntó el facultativo- ¿para qué diablos quiere vivir 100 años?
¡Hasta mañana!...

 MANGANITAS

“... Políticos del PAN golpean a un hombre en Brasil...”.
Dijo un lector tristemente,
con acento dolorido:
“¡Y pensar que es el partido
que presume de decente!”.