De política y cosas peores

DE POLÍTICA Y COSAS PEORES

La niñita le preguntó a su mamá: “Mami: ¿qué es un vibrador?”. Se azaró en un principio la señora, pero era partidaria de la moderna teoría educativa según la cual a los niños se les debe decir siempre la verdad, de modo que respondió, no sin vacilaciones: “Un vibrador, hijita, es un artilugio o juguete sexual que algunas mujeres usan para sentir placer como sustituto o complemento del órgano generativo del varón. Algunos vibradores están diseñados ergonómicamente a fin de estimular las zonas erógenas; otros, más sencillos, equivalen al llamado dildo. Están hechos de diversos materiales; los hay de una sola velocidad o de varias, y se venden en diferentes tamaños y colores. Eso es lo que puedo decirte acerca del vibrador”. La niña, que había oído todo aquello con mucha atención, le preguntó en seguida a su mamá: “Y ¿qué es ‘modo avión’?”. ¡Qué barbaridad, las preguntas de la pequeñita se referían a las funciones de su iPhone, y ninguna relación tenían con la delicada materia que su señora madre abordó sin hacer antes algunas preguntas de tanteo! A eso conducen las modernas teorías educativas.  Por eso yo sigo con el Mantilla, las Rosas de la Infancia, de María Enriqueta, y el Silabario de San Miguel... Debía tomar ayer un vuelo tempranero a Los Ángeles. Tendría después una jornada ocupadísima que incluía un un par de entrevistas, una comida formal, una conferencia con su correspondiente sesión de preguntas y evasivas y luego una firma de libros. Así pues hube de escribir este artículo en mi casa -la de ustedes- a la 5 de la madrugada, 9 horas antes del partido México-Brasil. No conocía aún, por tanto, el resultado de ese encuentro entre los titanes del futbol, esos grandes artistas del balompié que tantas veces han maravillado al mundo, y sus rivales del equipo brasileño. Hice entonces dos posibles crónicas, una para el caso de que ganara México; la otra tomando en cuenta la posibilidad de que Brasil se saliera con el triunfo. He aquí la primera: “Recordarán quienes me leen que hace varias semanas predije la victoria de México sobre Brasil. Muchos dirán que es un milagro: yo digo que es resultado de la lógica. Nuestros jugadores ya no son los ratoncitos verdes de antes. ¡Qué razón tenía el señor Presidente de la República cuando dijo que teníamos segura la victoria!”. Esta es la segunda: “Recordarán quienes me leen que hace varias semanas predije la victoria de Brasil sobre México. Muchos dirán que es resultado de la lógica: yo digo que es un milagro: jugamos como nunca y perdimos como siempre. Pero nuestra derrota es una victoria moral. Caímos con la cara al sol. ¡Qué razón tenía el señor Presidente de la República cuando dijo que no nos hiciéramos demasiadas ilusiones!”. De esas dos crónicas tomen mis cuatro lectores la que corresponda al resultado del partido, y tachen la otra... Don Chinguetas no dejaba descansar a doña Macalota, su mujer. La infeliz se levantaba en horas de la madrugada a hacer pipí y él le decía: “Ya que andas levantada tráeme un té”. Ella, semidormida como estaba, debía ir a la cocina a hacerle a esas horas la infusión a su marido. Cansada ya del continuado abuso, una noche salió  de la cama para ir al baño y se puso a gatas para que el mismo lecho la ocultara y su marido no la viera. Don Chinguetas, sin embargo, sintió a su mujer y le dijo: “Ya que andas agachada búscame mis guaraches. Desde hace días los traigo perdidos”... Algo que no te gustaría oír cuando te están operando: “¡Joder! ¡Falta la página 17 del manual de instrucciones!”... Pepito se quedó a dormir en casa de sus abuelitos. Al rezar sus oraciones de la noche gritó a todo pulmón: “¡Diosito! ¡En mi cumpleaños quiero de regalo un iPad!”. “No grites así -le dijo su abuelita-. Dios no está sordo”. “Pero el abuelo sí” -razonó Pepito... Doña Jácula Toria, mujer muy religiosa, y la señorita Peripalda, catequista, visitaron el museo de arte de la ciudad. Acordaron separarse para ver cada quién lo que más le interesara, y reunirse de nuevo al final de la visita. Cuando se encontraron, doña Jácula, escandalizada, le dijo a la señorita Peripalda: “¿Vio usted, amiga mía, esa estatua de mármol que representa a un hombre desnudo? ¡Cómo se atreven a exhibir semejante inmoralidad, con esa cosa tan grande!”. “Y tan fría” -completó la señorita Peripalda... FIN.

MIRADOR

¿Quién es este antepasado que me mira, severo, desde el retrato de óvalo en la sala de la casa del Potrero? Ni siquiera los más viejos del rancho lo recuerdan. Lleva saco negro negro, camisa blanca y corbata de cinta; en el chaleco muestra una cadena, seguramente del reloj, y en el ojal de la solapa luce una flor que parece un clavel.
A mí me llama mucho la atención la flor en el atuendo de ese señor tan serio. El retrato no es de bodas. ¿Por qué la lleva, entonces? ¿Se la dio acaso una mujer y le pidió que se hiciera retratar con ella como promesa de duradero amor? ¿O se la puso a él en recuerdo de la amada que se fue? ¡Cuántas historias puede inspirar el antiguo retrato de un hombre que lleva una flor en el ojal!
De todos los ancestros cuyas imágenes están en la casa, este señor es el que más me atrae. Por él se me ha ocurrido la peregrina de hacerme retratar yo también con una flor en la solapa. Se irán los años y vendrá eso tan grato que se llama olvido. Alguien preguntará: “¿Quién es este hombre?”. Nadie sabrá responder. Y yo, en alguna parte, sonreiré. 
¡Hasta mañana!...

  MANGANITAS

“... Se detuvo ayer el país...”.
Algún amante del gol
-pero no de trabajar-
dijo en modo singular:
“Para mí siempre hay futbol”.