De política y cosas peores

DE POLÍTICA Y COSAS PEORES


Una señora le dijo a su comadre: “Mi marido ya me tiene harta. Cuando termina de hacerme el amor me da la espalda, se duerme y se pone a roncar como un maldito tren. A mí me gustaría que me abrazara, me dijera cosas bonitas y me oyera contarle mis cosas. Le voy a exigir eso”. “No lo hagas -le aconsejó la comadre-. Yo ya se lo exigí, y fue como hablarle a la pared”... Susiflor salió esa noche con su nuevo novio. Al día siguiente le contó a una amiga: “No sólo se le acabó la gasolina a su coche en un sitio apartado: además traía una cama plegable en la cajuela”... Chicholina Granderriére, vedette de moda, fue a una playa con don Algón, su sugar daddy, su rico y maduro galán. A su regreso les comentó a sus compañeras del coro: “Lo vi en traje de baño. ¡Qué mal se ve sin su cartera!”... La madre del muchacho consultó al doctor Duerf, psiquiatra. Le informó: “Entré en la recámara de mi hijo y lo sorprendí poniéndose un vestido de mujer, con medias, brassiére, liguero y todo lo demás”. El analista apoyó la barbilla en una mano, postura que asumía para aumentar el costo de sus honorarios. Manifestó después: “Me preocupa eso que hace su hijo”. “A mí también me preocupa -declaró la señora-. Mil veces le he dicho que no se ponga la ropa de su papá”... Usurino Cenaoscuras, hombre avaro, ruin y cicatero, se veía cansado, estordido, cuculmeque, flébil, lánguido y escuchimizado. Un amigo suyo se inquietó. Le preguntó: “¿Te pasa algo?”. Respondió el cutre con voz casi inaudible: “Estoy agotado. Y es que debo hacer el amor todos los días: tres veces en la semana a mi mujer, y cuatro a la criada de la casa”. Le sugirió el amigo: “Pues deja de hacerle el amor a la sirvienta”. “¡Ah no! -se alarmó Cenaoscuras-. ¡Si no se lo hago va a querer que le pague un sueldo!”... Frase poco célebre: “No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte el derecho que tienes de mantener la bocota cerrada”... Don Vigilio tenía problemas para dormir. Se iba a la cama, dormía un par de horas y en seguida se despertaba. En el silencio de la noche, cuando arrulla el dulce sueño a los mortales, se ponía a contar ovejas, expediente que no le daba resultado, pues era de pensamiento mórbido y las ovejas, en vez de saltar la cerca para ser contadas, se ponían a hacer cosas. En vano recurrió a todos los somníferos, hipnóticos y papaveráceos de la farmacopea doméstica; probó el té de tila, de adormidera, de menta, de álsine, pamplina o zadorija. Tomó pastillas medicamentosas. Antes de acostarse bebió dos copas de vino  de una oreja: así se llama el fino y delicado que induce al buen dormir. Inútiles fueron todos esos fármacos y bebedizos: el pobre don Vigilio seguía insomne. Desesperado fue con el doctor Ken Hosanna,  reconocido médico, y éste, después de oírlo, le recetó una serie de siete píldoras, cada una de diferente color. “No solamente lo harán dormir -le aseguró-. Además le mostrarán visiones deleitosas. El lunes se tomará usted la píldora blanca, y soñará que está haciendo el amor con una alta y  hermosa mujer nórdica, de blancas y abundantes carnes como aquéllas de que gustaba Rubens. El martes recurrirá a la píldora morada. Por ella se le aparecerá en el sueño una gitana ardiente que lo conducirá a su lecho y ahí le hará sentir inéditos placeres. El miércoles usará la píldora amarilla. Ésta lo llevará a soñar con una geisha de ojos de almendra y cuerpo alabastrino, cuya sabiduría silenciosa le revelará secretos milenarios de erotismo. El jueves tomará usted la píldora azulina. Con ella se soñará en los brazos de una hurí de Las Mil y Una Noches que le hará pasar la mejor de su vida. (Zeugma se llama esta figura). El viernes empleará la píldora color naranja, y se verá en el íntimo budoir de una francesa poseedora de todas las lujurias conocidas y de otras aún no sabidas por el vulgo. El sábado le toca el turno a la píldora roja, que le presentará a una ardiente mexicana de piel canela e ignífera pasión incandescente como la lava de los volcanes de su patria. Finalmente, el domingo tomará la píldora verde, y soñará que está con una siciliana de cabellos brunos, mirada fiera y voluptuosidad felina”. Don Vigilio llevó a su casa las pastillas. Al irse a acostar le dijo a su mujer: “Procura que nadie me despierte, porque esta noche voy a tomarme siete píldoras”... FIN.
 
MIRADOR

HISTORIAS DE LA CREACIÓN DEL MUNDO.

Supe de un chimpancé que estaba en el zoológico.
Otro chimpancé lo acompañaba, hermano menor suyo. 
Un guardia cuidaba de los dos, y a su vez el chimpancé mayor cuidaba del pequeño. 
Cierto día un visitante del zoológico se sorprendió hasta el punto de la estupefacción. He aquí que el chimpancé grande estaba leyendo dos libros: la Biblia y El Origen de las Especies, de Darwin.
Le preguntó, asombrado:
-¿Por qué lees esas obras?
Respondió el chimpancé:
-Es que estoy confundido. Ya no sé si soy el guardián de mi hermano o el hermano de mi guardián. 
¡Hasta mañana!

MANGANITAS

“...López Obrador critica a los integrantes del Instituto Nacional Electoral”.
Ya no me sorprende el modo
en que actúa Andrés Manuel.
Sabemos de sobra que él 
siempre lo critica todo.