De política y cosas peores

De política y cosas peores

            Doña Pasita y su esposo don Languidio cumplieron 65 años de casados. Esa noche la ancianita se dedicó a mover cada hora a su viejito, que dormía profundamente, para despertarlo. “¿Por qué me haces eso?” –se quejó don Languidio con afligida voz. Replicó doña Pasita, rencorosa: “Lo mismo me hiciste tú hace 65 años”… El alcalde del pueblo donde vivía Babalucas quería que el lugar ingresara en el Libro de Récords de Guinness como el pueblo con mayor índice de pendejez del mundo. Llegó el jurado, escogió al azar a tres habitantes de la población -uno de ellos resultó ser Babalucas- y los llevó a una alberca que no tenía agua. “Tírate un clavado” –le dijo uno de los enviados al primero. Sin dudar un instante el individuo se lanzó de cabeza a la alberca vacía, con lo que se rompió tres costillas: una abdominal, una esternal y una vertebrocostal. Le dijo el enviado al segundo: “Échate un clavado”. Se tiró el sujeto a la alberca sin agua, a consecuencia de lo cual se quebró tres huesos: el cigomático, el epiptérico y el escafoides o navicular. Se dirigió el representante de Guinness a nuestro ya conocido Babalucas y le ordenó lo mismo: “Tírate un clavado”. “¡Ni loco!” –exclamó él con firmeza. Se volvió el enviado al alcalde y le dijo: “Lo sentimos mucho, señor. No podemos registrar a su pueblo como el de mayor pendejez del mundo, pues hemos encontrado a un habitante que no es indejo”. “Un momento, por favor” –pidió el munícipe. Se dirigió a Babalucas y le preguntó. “¿Por qué no quieres lanzarte a la alberca?”. Respondió el tontiloco: “No sé nadar”… Declaró Pepito: “¡Me encanta el Día de la Madre! ¡Cuando crezca trataré de ayudar a todas mis amigas a que sean mamás!”…Tengo la fortuna de ser dueño de un gran sentido de la realidad. Desde luego la presencia en mi vida de ciertos espíritus celestes, así como de algunos duendes y fantasmas, estorba a veces la aplicación de ese realismo innato en mí. No obstante me doy cuenta de que el pragmatismo más elemental indica que la reforma energética es ya un hecho consumado. Cualquier acción que se pretenda llevar a cabo para echarla abajo se estrellará contra los fuertes muros de la realidad. (A este respecto he pedido la opinión de ingenieros especializados en resistencia de materiales, y me dicen que, en efecto, lo muros de la realidad son bastante fuertes). A juicio de otros expertos cuyo punto de vista he requerido, extraer petróleo no es tan sencillo -a diferencia de lo que dice López Obrador- como sacar agua del subsuelo, y menos aún es cosa fácil aprovechar recursos tales como el gas shale. La reforma promovida por Peña Nieto permitirá el aprovechamiento cabal de una riqueza que de otro modo no se podría conseguir. Los ciudadanos, sin embargo, hemos de estar atentos a que la corrupción y la ineficiencia no estorben una vez más la aspiración de que los recursos de nuestro subsuelo sirvan efectivamente para mejorar las condiciones de vida de los mexicanos, sobre todo de los más necesitados, en vez de servir para hacer más ricos a los que ya son excesivamente ricos. (Nota de la redacción: al esperar eso nuestro amable colaborador demuestra tener muy poco sentido de la realidad)… Doña Panoplia de Altopedo encontró a su marido, don Sinople, besando apasionadamente a la criadita: “Eres un irresponsable –le dijo con enojo-. Le vas a contagiar a la muchacha ese catarro que traes; ella se lo va a contagiar al chofer, y el chofer me lo va a contagiar a mí”… Don Añilio, senescente caballero, le preguntó en la fiesta a Himenia Camafría, madura señorita soltera: “¿Quiere usted bailar, amiga mía? ¿O desea tomar una copita? ¿O prefiere que vayamos a un sitio más discreto?”. Sin vacilar respondió ella: “¡Sí, sí, sí!”…  Los registros oficiales señalan que las primeras palabras que Neil Armsotrong dijo al pisar la superficie lunar fueron: “Un pequeño paso para el hombre; un gran salto para la humanidad”. Eso no es cierto. Lo que en verdad dijo al llegar a la Luna fue esto: “Que lo disfrute, mister Smith”. Sucedió que siendo Armstrong jovencito oyó cuando el señor Smith, un vecino del barrio, le pidió a su esposa un acto de erotismo que se apartaba de lo convencional. Le respondió con gesto agrio la señora: “Te haré eso que me pides cuando el hombre llegue a la Luna”… FIN.

            MIRADOR.

            Parece que Malbéne, controvertido teólogo, gusta de suscitar la irritación de sus colegas. En su último artículo para la revista Iter dice lo siguiente:

            “… Los hombres de religión deberíamos recibir los más importantes premios literarios. Ningún escritor ha sido capaz nunca de crear los mundos que nosotros hemos imaginado. El infierno que inventamos es más infierno que todos los infiernos que Dante concibió, y nuestro cielo es más cielo que el paraíso ensoñado por Milton…”.

            Concluye Malbéne su disertación con una frase que de seguro escandalizará a quienes lo leen:

            “… En otra cosa superamos los predicadores a los novelistas: ninguno ha obtenido por sus ficciones las regalías que nosotros hemos ganado con las nuestras”.

            Un crítico de Malbéne lo calificó hace poco de “quintacolumnista de la teología”. Quizá no le falta razón.

            ¡Hasta mañana!...

MANGANITAS.

“… Crece el número de las defensas comunitarias…”.

            Esa forma de defensa

            ha aumentado, lo sé ya.

            (Y la población está

            cada día más indefensa).