Ciencia, educación y ambiente

Menos videojuegos y más palabras

El mundo de la tecnología nos ha invadido sutil e implacablemente, como referencia tenemos al teléfono celular el que hace apenas unos años era del tamaño de un ladrillo con su respectivo peso, lo que hacía complicado llevarlo con nosotros y usarlo, sin embargo a partir de años recientes el celular se hace cada vez más pequeño y multifuncional al grado que no podemos prescindir de él para comunicarnos aunque también preferimos en muchas ocasiones hacerlo mediante mensajes, entonces ¿en dónde queda la palabra?.

Este afán por la tecnología con su importancia y trascendencia en diferentes ámbitos de nuestra vida, como en el procesamiento de la comida, en la salud, el deporte, la diversión etc. nos llevan a enfrentar nuevos escenarios entre ellos los de convivencia y educación. Ahora resulta un reto de imaginación y paciencia el lograr que nuestros niños no dediquen tanto tiempo al recurso tecnológico más allá de lo necesario como es el caso de los videojuegos. Según estudios realizados por la Universidad de Minnesota en muchas ocasiones los niños exceden las ocho horas frente a una pantalla en donde la mayoría de éste tiempo se aplica a los videojuegos y como mencionan muchos expertos el niño se aísla del entorno social que le rodea.

Y lo que se considera más grave es que se está perdiendo el uso de la herramienta más importante de la comunicación social que es la palabra.

A la palabra la recibimos con gran júbilo cuándo el bebé empieza a balbucear y dedicamos gran parte del tiempo escolar al perfeccionamiento del lenguaje, a la lectura, y a las diversas actividades que le permitan al educando utilizar de la mejor manera su forma de expresión.

Ante el avance tecnológico y con los diversos medios de comunicación que existen ahora la palabra se disfruta y se intercambia de diferentes maneras y por diferentes vehículos de expresión como son las redes sociales. Por éste motivo es necesario considerar a la tecnología como una herramienta más que como una sola opción para que fortalezca la comunicación con nuestros hijos, alumnos, o simplemente en nuestro círculo social, teniéndola como referencia de los sucesos y temas que podemos compartir y analizar como tradicionalmente lo hacíamos antes de la era digital con el uso exclusivo de la palabra en las reuniones, o en el salón de clase.

Si bien se sugiere por la Academia Americana de Pediatría que los niños no pasen más de 2 horas frente a una pantalla, sabemos que en ocasiones ese tiempo se excede, la alternativa entonces vuelve a ser rescatar el valor de la palabra para contar y escuchar historias que bien pueden surgir de las referencias que la misma tecnología nos ofrece, hacer una práctica cotidiana de ésta actividad puede enriquecer la forma de relacionarnos y rescata la herramienta más poderosa con la que contamos los seres humanos:, que es la palabra y el diálogo.